Unidos por un pacto de sangre (I)

Entrevista a Elia Solás, hermana del cineasta cubano Humberto Solás.

Elia Solás y Humberto Solás de niños.

Estuve cerca de la familia de Humberto cuando ya él no estaba entre nosotros. Así, Gibara y el Festival que él soñara, su Festival de Cine Pobre, me impactaron.Las Muestras Temáticas dedicadas a Género, algo poco usual desde el mundo del audiovisual, me enamoraron especialmente y me hicieron creer que desde el Cine y el audiovisual podíamos pensar estrategias para modificar los discursos sexistas que abundan en nuestras imágenes.

Me enamoraron porque sentí la autenticidad de la idea – y no la moda que es hoy hablar de género para algunos sin tener la menor idea de nada- así me relacioné más con el cine de Humberto, porque, aunque aquella frase antológica de la primera Lucía me resonaba a menudo en mi mente: una Gardenia mamá, dame una gardenia, o El siglo de las Luces era una película que me seguía provocando emocional e intelectualmente; la idea de re-encontrarme con su cine, su pensamiento, comenzó a hacerse más fuerte.

¿Qué decían aquellas mujeres en todas sus propuestas? ¿Por qué las mujeres como metáforas de la nación? Comencé a acercarme a Elia que me fue develando el misterio de una relación muy hermosa. Después la pregunta necesaria: ¿cómo esta mujer no era solo la hermana, sino la guionista de Miel para Oshún y de otros proyectos que co-escribió con su hermano y que aún están guardados… ¿quién es Elia Solás?

Acercarse a ella es también entender zonas de la vida de Humberto que hoy son necesarias para dar cuenta de la formación de un pensamiento, la formación de uno de los intelectuales más lúcidos y auténticos que ha dado la cultura cubana y fíjense que no solo digo el cine cubano… Dejé a Elia que hablara y solo introduje los temas, como es una conversación extensa la publicaremos en dos partes. Es el regalo por el cumpleaños 70 de Humberto Solás este 4 de diciembre de 2011.

La niñez, los padres y la relación con Humberto

Mi familia era relativamente humilde y digo relativamente porque había épocas de esplendor y épocas de más aprietos. Había una gran inestabilidad porque mi papá comenzó con negocios de juego.

Puedo decirte que nunca he añorado mi niñez, solo teníamos momentos gratos en el seno de la familia: mis padres y mi hermano que siempre fuimos muy unidos. Yo tenía otros medio hermanos que vivían muy cerca de nosotros y mi hermana mayor sí vivía con nosotros e incluso mi mamá la había adoptado.

Lo que sí, en medio de esa inestabilidad, yo sé que me sentía protegida, porque es muy raro que tu tengas una familia en la que estás viendo grandes luchas, algunas de tipo económico y otras que después me fui enterando, cuando crecí, que además era una familia mal vista, eso lo supe cuando llegué a la escuela, pues me habían puesto en un colegio de monjas salesianas y allí una monjita se encargó de decirme que veían a mi papá como un ser demoníaco.

Todo eso porque mi padre era masón. El era una persona interesantísima, brillante, aunque la vida le había negado muchas cosas y buscó la forma de vivir. Yo juzgo a las personas solo por la capacidad que tengan de no hacerle daño a otros y de tratar de ir adelante y así era mi papá, tenía un corazón super generoso.

A mi casa solían llegar muchas familias pobres a pedir comida y siempre se les daba y no las sobras. Se cocinaba mucho, pues mi papá tenía empleados y él llegó a tener tres vidrieras donde se vendían billetes de lotería, se realizaban negocios de otro tipo, como las apuntaciones, todo lo que la gente oculta, pero que a mi no me interesa ocultar, porque yo considero que el ser humano tiene que analizar profundamente dónde se forma, con quién se forma y cómo, en un medio tan difícil, había valores extremadamente éticos; en mi padre y en mi madre. Eran una pareja estable, que sé que se querían y esos son los referentes.

Cuando mi hermano aparece en mi vida, fue muy pronto, yo no había cumplido los dos años y fue una de las alegrías más grandes de mi vida, aquella criatura era tan bella y eso lo recuerdo bien.

Vivíamos muy estrechos, la casita de Aguiar que tú conociste, que estaba compuesta por dos locales: uno que era para el negocio y otro que había sido fraccionado para poner las camas, la cuna y lo demás. Al llegar mi hermano, parece que mi papá estaba económicamente mejor y nos mudamos en la misma cuadra para Aguiar 154 que es la casa donde se conservan todos los recuerdos que eran de mi hermano y míos.

Para mí esa casa era mágica, siempre la idealicé. Mi papá me llevó cuando aún estaban haciendo el piso y sentí que era una casa monumental, con el tiempo me di cuenta que era una casa normal de la Habana Vieja, pero ¡había salido de aquel lugar tan estrecho! y el patio ayudaba, pues mi padre, que era muy amante de la naturaleza lo llenó de enredaderas preciosas y siempre perfumado, sobre todo en la madrugada, cuando amanecía, era una belleza.

Además había alegría siempre, pues mi papá acogió a la familia de mi mamá y a la de él. Todos los que vivían en Pinar del Rio que eran familia de Rosa Borrego, mi mamá, podían venir a la casa de mi papá a estudiar los años que fueran y yo me divertía mucho, porque entonces yo era una niña mirando a muchas muchachas.

También me crié entre adultos aunque siempre hubo una atención esmerada: que tuviéramos el juego adecuado, el cine; el famoso cine… mi mamá que adoraba el cine, más que mi papá, nos llevaba siempre. Yo siento que toda esta cosa idílica que te he contado tenía un sustrato bastante duro, era tener que vivir en una situación muy anormal, donde podía entrar la policía en cualquier momento, como cuando vi golpear a empleados.

Tener que saber, como sabía por accidente, que mi papá guardaba algunas cosas y la policía me preguntaba y yo saber guardar silencio y saber que mi mirada no podía delatar nada. O sea, que aprendí muy pronto cosas que un adulto puede tener como carga.

Me he puesto a pensar si eso indudablemente me afectó o completó mi mirada de la realidad, porque yo digo que todo en la vida es como trates de interpretarlo, la vida no es perfecta, nada es perfecto y tienes que ver qué obtuviste como resultado y yo de todas maneras no cambio a mis padres por ningunos otros. Creo que mi hermano lo sufrió aún más porque yo era muy extrovertida y Humberto muy introvertido. Eso, creo, lo pudo canalizar a través del arte indudablemente.

El destino y el nacimiento de Humberto

Humberto Solás y su familiaTú quieres ir a interioridades muy fuertes y aquí te puedes llevar secretos, no los develo todos, pero algunos te puedo decir. Yo creo que para nadie es un secreto, habiendo visto el cine de Humberto, que la magia estaba en su pensamiento siempre.

Yo pienso que por alguna razón me di cuenta cuando él nació que había que protegerlo, aunque nace con el blindaje de que se gana dos canastillas[i], eso ya es mucho, aquel niño precioso, con su cara redondita, creo que eso lo asumimos todos en la familia.

Un día me di cuenta que a mí no me celebraban los cumpleaños, sino el 4 de diciembre y el mio es el 9 de febrero. O sea que me lo celebraban el día de Humberto. Mira creo que estábamos en lo cierto… ¿Celos?.. No, en realidad, tenía tal pasión con él que nadie me lo podía tocar.

Hay una anécdota que no sé si conoces, el caso es que los niños antes empezaban a los tres años en lo que llamaban pre-primaria y él empieza conmigo. En aquel momento estábamos en la escuela de la Asociación de Dependientes del Comercio, en Prado, entre dos cines; el Fausto y el Negrete, nunca lo voy a olvidar porque los cines eran nuestro objetivo después de las clases. Y en ese momento en que él empieza solo tenía tres años, era muy pequeñito y yo tenía cinco, era mayor.

El aula de primer grado, que era la mía, estaba al lado del aula de preprimaria. Había un niño que la cogió con mi hermano, a maltratarlo y yo varias veces le dije que no lo hiciera más y como nunca me ha gustado apelar a otros, me gusta resolver las cosas yo y como aquel niño continuó maltratando a Humberto, entonces busqué un alfiler, lo puse en la saya que iba a llevar al otro día, lo puse por dentro y cuando salí para la escuela ya yo sabía que llevaba el arma para defender a mi hermano.

Llegó la próxima ocasión en que aquel niño le dio golpes a mi hermano y mi hermano a llorar y mira me da mucha pena decir esto, pero yo cogí aquel alfiler y se lo metí al niño en la mano. Para mí, estaba justificada y además… nunca más volvió a ocurrir.

Recuerdo que le hice esta anécdota a Rufo y él me dijo es que tu hermano y tú estaban unidos por un pacto de sangre.

Madre, hermana, hija…

Mira de verdad que tocas un punto muy especial. Eso lo he pensado, sobre todo lo he pensado después que él no está. Porque cuando Humberto me faltó yo sentí un dolor tan fuerte que yo no podía medir que otro dolor pudiera ser más fuerte. Me creó un complejo de culpa porque tengo tres hijos.

Sí, desde el principio yo empecé a tratarlo como algo mío, algo más mío que lo que era un hermano, lo cuidaba, jugábamos en el parque y lo vigilaba, también me decían, cuídalo que tú eres la mayor y además se me daba tan fácil y con tanto gusto. Sí creo que se me despertó el instinto maternal desde ese momento.

En mi vida hay cosas que me he trazado o que he visto que vienen. Tú sabes que yo soy creyente, no lo voy a ocultar, pero creyente libérrima, no pertenezco a ninguna religión, solo sé que hay algo que no se puede explicar y ese algo es el que a mí me atrae.

Desde ese punto de vista siempre he pensado que nosotros de una manera o de otra siempre trascendemos y desde ahí puede haber reminiscencias en uno de otro. Creo que el elemento espiritual en una familia también se hereda, hay algo que está más allá de lo genético.

La vida nos separó por momentos, porque cuando se es joven uno se quiere desprender de la familia, pero cuando nos desprendíamos había algo que nos volvía a unir, realmente no podíamos, es que mi mamá sí era una madraza.

Mi madre era el sacrificio personalizado y vivió para los demás, ella vivió hasta los 87 años de los cuales los últimos cuatro estaba inválida y toda la familia la cuidó, hicimos guardia durante cuatro años al lado de ella, pero cuando faltó mi mamá yo sentí una responsabilidad muy grande: aquellos cuatro, mis tres hijos y Humberto quedaban, espiritualmente al garete. Humberto venía a mi y mis hijos también.

De jóvenes cada cual hizo su vida, hay una etapa de la vida de Humberto que quien la conoce mejor es Nelson Rodríguez, porque siempre intercambiábamos, pero él tenía su vida con Nelson y fueron muchos años juntos. Luego, lo interesante, es que Nelson entra a la familia como un familiar.

La Familia, la formación y la relación con otras opciones sexuales

Esto que te voy a decir va más allá de lo creíble. La primera persona que le dio toda la cabida fue mi padre, pues yo andaba en ese momento en mi lio de la carrera universitaria y tú sabes cómo es la juventud.

Mi papá que era muy machista y mujeriego, es quien le abre las puertas de par en par a Nelson. A él le encantó que Nelson fuera amigo de mi hermano, lo invitaba a que se diera un trago en el bar de la esquina y siempre hubo una relación de respeto y cariño.

Mi mamá también bien y yo divina, estaba más allá del bien y del mal. Yo no me imaginaba nada, independientemente que había habido momentos muy fuertes en la vida de mi hermano en las que él había caído en depresiones fuertes que mi mamá me decía que tratara yo de hacer algo porque ella no podía. Porque se encerraba a no hablar y allí iba yo le tomaba la mano, él no me contestaba pero yo iba y le decía cosas, mis consuelos eran clásicos, y terribles: a nosotros no nos importa que te hayas equivocado, que hayas cometido algún error, a nosotros no nos importa ni que hayas matado a alguien porque nosotros te vamos a defender, pues yo me decía que eso podía ser lo peor.

Nelson me caía muy bien y todos los días comían en mi casa, porque ya te dije que mi mamá era así. Mis hijos a Nelson le han dicho siempre tío, cuando ellos rompieron eso fue horrible, fue como perder un familiar muy querido, imagínate fueron 28 años juntos, era una vida.

Ellos tuvieron una relación muy linda, la mamá de Nelson era como familia, semanalmente nos veíamos. La tia y su mamá eran frecuentes en mi casa. Nelson para nosotros es familia.

Humberto vivió la desconfianza por su opción sexual la primera vez que se enamoró, porque él no pensó que lo iban a aceptar, ahí fue cuando empecé a atar cabos y a entender cuando mi mamá me pedía que hablara con él, porque ella no podía, ella intuía lo que pasaba.

Realmente en aquel momento yo tenía una gran ingenuidad y nada académicamente ofrecía mi hombro, aunque él no lo usara más que para oír y no para hablar, pues nunca dijo nada, solo los hechos hablaron. Aunque te confieso yo lo supe por un sueño, sabes que tengo sueños que me anuncian cosas.

Estudié Historia ya trabajando como profesora, pero primero estudié varias cosas que no terminé hasta que hice la Licenciatura y di clases en todos los niveles. Al padre de mis hijos lo conocí primero porque fue profesor mío en cuatro ocasiones y jamás me imaginé que nos íbamos a encontrar.

Nosotros nos encontramos cuando yo terminé la carrera en una guardia de la Universidad, claro éramos buenos amigos, porque al tenerlo cuatro años de profesor nos volvimos amigos, además era una persona que muchos admiraban y yo también.

Allí él me dice que estaba en un momento muy difícil, se habia divorciado y su ex esposa- hoy gran amiga mia, Elsa Methol- ya tenia su compañero, en fin, ahí empezamos una relación de novios y a los cuatro meses nos casamos.

Yo no escribía, yo escribía lo de mis clases, que llevaba tantas materias, que me encantaba, la historia me fascina, yo disfruto con mi nieto dándole todos los detalles históricos…Yo vivía muy enamorada de mi profesión. Pero entonces el que dio señales tempranas de la parte creativa fue Humberto.

Hay una cosa muy cómica que te voy a confesar: Como yo era muy lista y tenía un determinado tipo de inteligencia diferente, pues se me hacía muy fácil hacer cualquier tarea, interpretar cualquier texto, y desde la primaria -por ser muy independiente, porque siempre he sido muy independiente- no soportaba que vinieran a ayudarme, no lo admitía y hasta a veces no soportaba que me dijeran que algo estaba mal, yo tenía que ver con mis propios ojos por qué, no admitía el NO gratuito.

Y en las tareas eso funcionaba mucho en la familia, además, sacaba muy buenas notas, pero mi hermano era el creador, estaba en otra dimensión, yo diría que haciendo una interpretación de ese mundo que lo rodeaba ya desde niño.

Él estaba siempre en algo, dibujaba muy bien y tenía malas notas, sobre todo en matemáticas era algo terrible. Siempre necesitaba alguien que le diera clases o que lo atendiera, de las muchachas mismas que estudiaban en la casa. Fíjate qué diferencias, que resultados tan diferentes a los que la familia pensaba.

Yo no niego que alguna inteligencia he tenido, pero el verdadero talento, el verdadero genio, era él. El que sacaba ochenta y pico a duras penas ¿Tú me entiendes? Entonces, esas cosas me hacían siempre estar detrás de sus tareas. Mira Humberto, te equivocaste aquí, mira Humberto… pero sobre todo con las ciencias, con la geografía, todo aquello que él no quería ni memorizar…él tenía su fantasía pero también su mente lógica dentro de ese terreno, era la lógica del creador que, digo yo, es diferente.

Pensamiento que encarna una lógica filosófica

Sí pero mira, yo creo que esa sí la adquiere de forma autodidacta porque como sabes, en los estudios que uno cursa, uno puede desarrollar su pensamiento y todo, pero… Humberto ha sido muy buen lector. Lo más contradictorio es que en mi casa no había un libro.

¿Cómo Humberto comienza a descubrir ese mundo? Yo también, pero bueno, él me decía: No dejes de ver tal cosa o No dejes de leer tal cosa. Y así comenzamos a hacer nuestra biblioteca en la casa, pero él era la persona que digería todo, y lo más asombroso es que le daba una interpretación propia.

Él era capaz de valorar cualquier autor, cualquier obra, en una dimensión excelsa porque la literatura, la arquitectura, la pintura eran los temas que disfrutaba y vivía.

Muy temprano estuvo con esa tentación de estudiar arquitectura, que en aquel entonces era una carrera para ricos. ¿Quién iba a imaginar los cambios que se iban a producir en nuestro país? La idea de estudiar arquitectura quedó trunca por la necesidad que tuvo de trabajar para sostenernos porque mi papá perdió el negocio y… ¡teníamos una situación…!

Yo tenía solo tres blusas y dos sayas para ir a estudiar a la universidad. En el año 1959 todavía estaba toda la burguesía aquí, eran lujos lo que veías entrar allí, lo que poseían otras muchachas universitarias. Yo asistí a aquel encuentro con el Ché donde él anunció que esta universidad se vestiría de campesinos y de obreros y todavía aquello parecía imposible.

Humberto se vio precisado a trabajar en vez de estudiar pero eso no logró que decayera en su objetivo, porque en realidad era el cine el que estaba en su mente.

El Cine y Humberto

La primera vez que va al cine no la recuerdo, pero la primera vez que él demuestra una actitud diferente es cuando se estrena Juana de Arco, por Ingrid Bergman, él tenía 6 años.

Fue en el año 48, durante unas vacaciones, que estrenaron en el Teatro América esa película y fuimos. Ese niño se paró a aplaudir sintiendo una especial conexión con aquello que había visto y que tan profundamente lo había emocionado.

No se trataba, realmente, de una película para niños, estaba llena de violencia, era brutal cuando estaban quemando en la hoguera al personaje, interpretado por una actriz formidable, pero mucha gente que estaba alrededor comentaba sobre la sensibilidad de ese niño que se había emocionado con la película.

Esa fue la primera vez que yo lo observé como algo notorio. Ya posteriormente él hizo aquel comentario de que iba a trabajar en el cine, ya iba definiendo su vocación.

(Fin de la Primera parte)



Notas:

[i] Fue el primer niño que nació en el barrio de la parroquia del Santo Ángel Custodio, en la madrugada del 4 de diciembre, día de Santa Bárbara. Como era tradicional por esa época, recibió dos canastillas (ajuares), una de la iglesia y otra de bordadoras descendientes de esclavos.

 

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