Unidos por un pacto de sangre (II)

Entrevista a Elia Solás, hermana del cineasta cubano Humberto Solás.

“El legado de mi hermano es algo fundamental en nuestras vidas”, afirma Elia Solás.

La vida personal y el desarrollo profesional: ¿pérdida, ganancias?

Cuando yo miro hacia atrás y veo el primer momento en que me negué a aceptar determinadas imposiciones que me hacía la sociedad por ser mujer apenas tenía trece años y fue con mi papá.

Él se sentía mal porque ya estaba en una edad avanzada, quería que yo tuviese una independencia económica pero de forma muy acelerada, pues le preocupaba la situación de la casa y se sentía que envejecía. Y para eso quería que yo estudiara para secretaría, mecanografía, taquigrafía.

Yo empecé a ir a las clases pero muy rápidamente le dije que no, que yo iba a ser profesora, que de alguna manera lo lograría. Me negué a que me impusiera estudiar aquellas actividades mecánicas que no atraían mi interés.

Recuerdo que él me dijo: yo no sé qué hombre te va a soportar a ti, y yo le contesté con esos trece años: ¿Por qué no te preguntas a qué hombre voy a soportar yo? ¡Quedó impávido!, papá tenía grandes preocupaciones por mí, porque a mí había que plantearme las cosas sobre la base de la lógica. Papá era un hombre muy machista y lo era más hacia mí que hacia Humberto, le preocupaba más cómo yo iba a encaminarme que Humberto, lo que quizás, con el tiempo, le preocupó más Humberto.

Yo me decía: yo no quiero ser como mi mamá. De ninguna manera voy a aceptar que a mí me griten. Bueno, por no aceptar, no ha sido fácil mi vida en ese sentido. Yo tuve un compañero brillante, que no tenía esas características evidentes del machismo, pero hay otras características que el machismo oculta: la irresponsabilidad, por ejemplo.

No hay una respuesta a lo que me planteas que sea fácil. Si yo me hubiera desarrollado más profesionalmente tal vez estaría más seca como ser humano, porque la mujer nace, también, con una parte de espiritualidad que tiene que entregarle a los hombres que la rodean, desde el padre, a los hijos, a los hermanos… yo pienso que la mujer es una seductora, y aquí está la teoría que deberías poner: La mujer nace para seducir. La mujer vive tratando de seducir a su papá cuando es niña, cuando tiene un hermano lo seduce para controlarlo, cuando tiene un amor también, es decir, la mujer puede más de lo que el hombre piensa.

De manera oculta logra millones de cosas, como mi mamá, que logró en la familia cosas que no hubiera logrado otra persona, porque la inteligencia también está en el corazón, en los sentimientos.

En las sociedades desarrolladas ocurre mucho que hay mujeres que se desarrollan profesionalmente pero no se casan, no quieren tener hijos, tienen parejas de corta duración y están muy solas.

La teoría de la seducción implica que seducimos pero no para hacer daño sino para hacer mucho bien. Quizás yo me hubiera podido desarrollar más profesionalmente pero por ello no hubiera sacrificado tener mis tres hijos, que los tenía en mente desde que yo era niña.

Tuve claro también la carrera profesional que yo quería y no hubiera renunciado a ella aunque me hablasen de otras posibilidades. Hasta Humberto trató de seducirme con la actuación, cuando éramos muy jóvenes, y yo no quise de ninguna manera.

Ahora apuesto más porque mis hijos se desarrollen porque yo ya hice mi vida, y si puedo hacer algo más, maravilloso.

Escritora, guionista…

Yo escribí guiones anteriormente, es decir, escribía historias- no sabía hacer un guión como tal- y las guardaba. Algunas las conservo, otras no. Yo se las mostraba a Humberto, me decía que eran interesantes, pero me decía por qué no intentaba algo menos privado, porque eran cosas muy intimistas.

Él me daba aliento y decía que yo podía llegar a ser guionista. Hablábamos de literatura, de obras teatrales, mucho de películas. Teníamos un intercambio constante de impresiones, en ese sentido, sobre todo cuando ya teníamos más de 40 años.

Hice dos guiones, que yo recuerde, hay guiones inéditos de Humberto en los que él me pide colaboración, a menudo proponíamos diferentes finales a la historia con la que estábamos trabajando. Sobre el último guión que hizo Humberto, ya enfermo, él me dio la encomienda de terminarlo, me dijo: hazle tres finales para ver cuál es el que más nos gusta.

Realmente el mejor era el de él, por supuesto, y no lo he escrito, le falta como una quinta parte. Es una comedia deliciosa, yo me reía con él al lado y le decía: esto va a sorprender a muchos -con la esperanza de que él iba a vivir más-. Luego hubo otras encomiendas, cuando él ya supo que estaba muy mal.

Había un intercambio, yo sabía que tenía al lado a una persona extremadamente valiosa desde el punto de vista intelectual, era un gran artista, siempre intuí que era una suerte tenerlo de hermano.

Cuando ponen una película de Humberto en la televisión yo siento el mismo desasosiego -aunque ya ha sido vista- que siente una madre cuando su hijo va a exponer algo por primera vez.

Miel para Oshún…

A él se le había cerrado en gran medida el camino, porque la economía no permitía en esos momentos -años 1992-1993- hacer el cine al que Humberto estaba acostumbrado, y que lo hacía muy bien, recuerda El Siglo de las Luces.

Él pensaba que no iba a poder hacer más cine, con los 35 mm era imposible y él estaba valorando qué hacer. Y consideré que yo podía colaborar para que él siguiera haciendo cine. No me importaba si dijeran que era bueno o malo el guión, yo quería que mi hermano volviera a hacer una película, porque luego él continuaría haciendo más. Y le dije: yo tengo una historia.

Le expliqué que iba a ser económica -yo no sabía del digital nada- le dije: es sobre un cubano-americano que viene buscando a su madre y no la encuentra. Si te pones a ver el hilo conductor de las películas de Humberto, notas que la mujer juega el papel esencial.

En todas, el personaje femenino es más importante que el masculino: Manuela, Lucía, Sofía en El siglo de las luces. Ese hilo conductor podía llevarme a que, para mi personaje, su objetivo central fuera encontrar a su madre. Y ahí nos pusimos a hablar: ¿Por qué la madre? Esta película tiene un mensaje esencial. Humberto había hablado antes de la República o de la Colonia, siempre a través de la madre pero… ¿quién es el ser que más ha sufrido en esta época con la separación familiar?: la madre, esa es la patria.

Y me dijo: escríbela, porque ese tema me gusta. Y le dije: ¿Tú me vas a ayudar?, porque no sé nada de guiones al fin y al cabo; y me dijo: escríbela completa. Para eso leí guiones, estudié incluso técnica de guiones, me gustó aquello de que el conflicto debía aparecer antes de los primeros diez minutos. Yo le dije que, por ejemplo, yo no sabía bien escribir cómo podía hablar un chofer, pero que como él siempre hace cambios yo lo escribiría como pudiese. El guión fue acusado de muy literario, porque yo no podía escribir a la manera en que luego hablaría Mario Limonta, quien le dio la genialidad, realmente.

Puede que alguien considere esta obra como una película menor en la carrera de Humberto, pero fue la película que provocó que volviera a hacer cine. Además, en todo ese ínterin él empieza a enterarse de lo que era el cine digital, se pone en contacto con Arturo Ripstein y va a México, y se entusiasma con el cine digital. ¡Quién lo diría! Hay muchos que se ofendieron con eso. ¿Cómo el autor de las películas más lujosas de Cuba va a hacer un cine de este tipo?, yo pienso que, aunque pueda haber una escritura que no convenciera a muchos… pero le llegó a la gente. Porque esa película la vieron en Cuba muchas personas. Y la volvían a ver incluso, porque trataba un problema humano y social.

Si lo salvaba a él, salvaba un poquito también al cine cubano, porque luego hizo Barrio Cuba, que es en mi criterio una obra mayor, es una disección de toda la problemática social de nuestro país en un momento determinado.

Él fue muy osado al emprender el camino del cine digital, bajo muchas críticas y burlas. Yo le admiro su coraje para vivir y su valor para morir, porque lo tuvo, tuvo una lucidez inmensa para ver el futuro, para hablarnos, para decirnos cosas fabulosas.

Acosado por los dolores, sintiéndose mal, hacía un análisis de cuáles eran los seres que más contribuyeron a nuestra cultura, nombraba a Martí, a Wifredo Lam, a Alejo Carpentier…, así se abstraía del dolor físico.

No había un mañana para él pero sí lo había para la cultura. Cuando yo trataba de que volviera al cine era también un intento de contribuir a la cultura de nuestro país, porque era muy triste que un hombre de tanto talento llevara once años sin poder filmar.

Yo me siento justificada entonces de haber actuado así, él me dio una oportunidad, confió en mí y afrontó el precio de que algunos consideraban que aquello era populismo. Los seres humanos pueden pensar como quieran pero la vida pone las cosas en su lugar con el tiempo. Y tanto la primera etapa de Humberto, como la segunda, van a tener su lugar. El cine se estaba muriendo en Cuba y asumir el digital abrió una puerta a los jóvenes creadores.

Las incomprensiones…

Humberto se refugió mucho en su familia, nosotros somos muy unidos. Aunque él tenía tendencia al pesimismo rápidamente se sobreponía, sabía mirar hacia adelante. No era difícil para mí decirle que lograría las cosas porque él sabía que las iba a lograr.

Tenía objetivos muy definidos que se apartaban mucho de los criterios de algunos dirigentes que no comprendían su manera de ver el arte y la vida. Tenía una cubanía a prueba de balas, un gran amor por su ciudad y por su país.

Una vez, siendo muy joven, llegó a casa de Dulce María Loynaz con la idea de filmarla y filmar su casa y ella le dijo: mire, yo soy la criada de la casa, Dulce María acaba de fallecer, por supuesto, él no lo creyó, y contaba esa anécdota muerto de la risa y admirándola.

Nosotros disfrutábamos juntos muchísimo y perderlo fue muy difícil para la familia. Fue un vacío espantoso, pero ya no siento tanto ese vacío, porque lo siento muy cerca. Me he acostumbrado a entender sus guiños desde cualquier dimensión en que se halle. Nos ha dejado una misión difícil, la de hacer que su obra continúe difundiéndose entre los jóvenes que no la conocen y vamos por ese camino.

Yo analizo que hubo un antes y un después -me refiero a su vida y después de su muerte- lo que no creo es que todo lo del antes fue positivo, porque él estuvo once años sin poder filmar y eso demuestra que no era suficientemente valorado.

Hay cosas que casuísticamente caen en manos de personas que comprenden al artista, que valoran la cultura y colaboran para que salga adelante; hay otras personas que tienen intereses mezquinos e incomprensiones también y hacen valoraciones que se alejan propiamente del arte y que pueden ir a una gama inmensa de razones en las cuales se escudan. En el antes no todo fue perfecto, él sufrió mucho, y en el después, nos tocó sufrir a nosotros.

Cumplir con la encomienda de Humberto de guardar una discreción después de su muerte, que sus restos no se mostraran, quizás eso algunos no lo han interpretado adecuadamente.

En el después ha habido otras situaciones que son conocidas, sin embargo muchas personas se acercan a nosotros en estos momentos con un gran interés por conocer la vida de Humberto, personas incluso sin un elevado nivel cultural.

De los decisores, bueno, hay algunos que con muy buena intención están tratando de llevar a toda la población el cine, el arte, hay programas en la televisión, realmente se están poniendo mucho las películas y los documentales de Humberto. Eso a nosotros nos regocija. Hay otros que lo hacen con la intención deliberada de ser ellos y no la familia. La familia ha tenido dificultades grandes para defender lo que era un proyecto de Humberto también, un proyecto que siempre fue exitoso: el Festival de Cine Pobre Humberto Solás. No vale la pena andar con tapujos, el antes no fue perfecto ni el después tampoco, el después ha sido muy duro.

Cine Pobre fue, más que un festival, un pensamiento, una expresión filosófica, fue una acción, a la que se sumaron tantos artistas, fue algo hermoso, que revolucionó, sobre todo por el hecho de pensar en las comunidades más pobres. Trabajen por ellas, nos decía, porque era una de las cosas que más le preocupaba.

La familia y el legado de Humberto Solás

La familia continuará como siempre, con la misma firmeza, con el mismo amor, de verdad te digo, el legado de mi hermano es algo fundamental en nuestras vidas, el poder realizar algo porque su pensamiento, su acción, estén vivos a través de sus obras, es fundamental.

Por lo tanto pienso con optimismo y te digo que estamos muy decididos a defender lo que sentimos justo, lo que nos han dado como misión, porque Humberto nos lo decía. Nosotros si tenemos que sacrificarnos, nos sacrificamos, pero vamos a continuar, eso es seguro. Hay como contrapartida de nuestra propia actitud, y de nuestra decisión que puede ser rechazada por algunos y agradable para otros, hay una indudable conducta hacia la divulgación de su obra. Yo ya en este momento, me estoy sintiendo muy satisfecha.

Te voy a decir, muy firmemente, que si Humberto no hubiera tenido a Sergio para diseñar, para ser el co-autor de ese Festival, realmente, no hubiera podido llevarlo a cabo. Ese festival, que parece nada, es muy difícil, perseguía objetivos muy definidos, trazados y diseñados, y con una selección exhaustiva de los especialistas que iban a trabajar en él.

El equipo que ha trabajado en ese evento ha sido de los mejores que han trabajado en algunos diseños de espectáculos en el país. En todos los terrenos, en el terreno social, en el artístico…

Todos se formaron trabajando, trabajando muy fuerte, el año entero, no solo la semana en la que se ofrecía. Humberto, además de sus ideas maravillosas, tenía el prestigio para que le respondieran, pero ejecutarlas, complementarlas, era parte de ese equipo extraordinario que primero formaron Sergio, como diseñador intelectual de ese festival y Aldo en la producción. Y se sumaron personas valiosísimas, que no voy a nombrar porque son muchos los nombres.

Solo una labor colectiva tan fuerte pudo salvar aquello cuando Humberto faltó. Porque aquello no era solamente importante por lo que tanto se repite sobre lo de Gibara, que si estaba olvidada en el mapa… eso tenía, como proyección comunitaria, posibilidades de aplicarse también a cualquier otro lugar de nuestro país. Y unía a las personas con algo muy noble, con un pensamiento noble y colectivista.

Hay que ver cómo nos recibieron los cederistas (miembros de la organización de masa Comités de Defensa de la Revolución) en Gibara, nos dieron lecciones de generosidad, de apoyo, de amor. El desfile de Gibara fue espontáneo, nadie los convocó, y siguieron haciéndolo espontáneamente cada año.

Humberto ahora

Mira, yo lo veo mucho, todo el tiempo. Mis diálogos con él son más respetuosos que antes, no porque el hecho de morir los condicione especialmente, sino porque yo me he dado más cuenta de lo que él verdaderamente es.

Hablamos y hasta discutimos a veces, lo veo muy bien y ha tratado de darme mucha fuerza. Sergio Adrián, mi nieto, me preguntó si no lo volvería a ver y yo le dije que sí, solo que de otra manera.

Yo lo veo frecuentemente y hablo con él, ahora es a la inversa, ahora, él es mi apoyo.

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