Cachita: un lazo de fe que une a la nación cubana

La celebración del hallazgo de la Virgen de la Caridad constituye uno de los acontecimientos más significativos de los últimos tiempos.

Archivo IPS Cuba

En marzo pasado Benedicto XVI visitó la isla con motivo del Año Jubilar por el hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad

Fieles y no creyentes, hombres y mujeres, ancianos y niños se reunieron en torno a uno de los iconos religiosos más importantes y venerados en la isla: la Caridad. Los ecos de la celebración se extendieron a la red para expresar el deseo común de paz, amor, bienestar y reconciliación.

Para S.E.R. Cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana,“los años en que la fe religiosa en Cuba no se expresaba públicamente no apagaron la devoción” de cubanas y cubanos por la Virgen de la Caridad del Cobre, considerada “más que un símbolo de la patria, (…) un lazo que une a todos (…) sin distinción”.

“En Cuba se puede ser ateo y querer a la Virgen de los cubanos, la madre de todos, la de amarillo, la que nos protege en la tierra y en el mar, la que vela por los pobres, la que está allá en El Cobre, la que se adorna con girasoles, y deja traslucir a través de ella a nuestra Oshún…la linda, la alegre, la bailarina”, considera Milena Recio desde sus Enlaces.

Este año se conmemora el aniversario 400 del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad, acontecimiento que estuvo precedido por una procesión que cubrió unos 30.000 kilómetros de la geografía insular.

Durante el recorrido, el pueblo cubano no necesitó trasladarse hasta la oriental provincia de Santiago de Cuba para mostrar su devoción a la Caridad, pues su imagen llegó a casi todos los rincones de la nación. En la organización trabajaron de conjunto autoridades eclesiásticas, instituciones y organismos estatales de todos los municipios y provincias de la isla.

“Hacía 59 años que la bendita imagen de la Virgen Mambisa no recorría el país, desde su altar de la iglesia de Santo Tomás, en Santiago de Cuba, mantenía una confiada espera. Esa misma esperanza, es la que anima a todos los cubanos, que creemos posible la reconciliación nacional y el cambio”, expresó Carlos Valhuerdi Obregón en su bitácora.

“Estábamos todos”, es el testimonio expresado en el Blog de Vladia sobre el paso de la Virgen por Tulipán, en La Habana. Y argumenta la diversidad de sentimientos y credos que se congregó para saludar la peregrinación: “la señora de la Dionisia que llevó al nieto enfermo para que se lo bendijera el Padre; la vecina del edificio colindante, recién llegada de su reunión del núcleo [agrupación de base de los militantes del Partido Comunista de Cuba]; (…) las muchachitas de la secundaria, aun con el uniforme puesto; el plomero; la abuela que no paraba de llorar; (…) el Teniente Coronel del 7mo. piso”.

Aunque la autora no profesa ninguna religión, se sintió conmovida; “y sobre todo parte, indisoluble parte de este pueblo mío, cuyas esencias, nadie lo puede negar, han sido también tejidas con esas fibras místicas en que se entrelazan creencias vario pintas, supersticiones, atavismos, cultura”.

Este acontecimiento constituye otra de las señales de la distensión en las relaciones Iglesia-Estado en la Cuba pos-revolucionaria, como parte de la necesidad de atender a las diversas expresiones de espiritualidad que componen lo cubano, según reconoció el presidente Raúl Castro en el Informe Central al VI Congreso del Partido Comunista de Cuba.

“Casi vuelvo a escuchar las palabras que solo hace instantes pronunciara Mary Cruz mientras veía alejarse la imagen bajo su traslúcido fanal: ‘¡Y pensar que a mí me hicieron la raya porque tenía a mi Santica en la sala!’. Pero no era resentimiento lo que transpiraba su comentario. Sonaba a reconquista”, recoge el citado Blog de Vladia.

Según la historia narrada bajo juramento eclesiástico a los 85 años por Juan Moreno, “el negrito de La Caridad”, en 1612 o principios de 1613, él y dos hermanos indios, Juan y Rodrigo de Hoyos, cuando salían de Cayo Francés –Bahía de Nipe- en busca de sal, observaron desde su canoa un objeto flotando en el mar. Al acercarse vieron que se trataba de una imagen de la Virgen María sobre una tablilla donde se podía leer: “Yo Soy La Virgen de La Caridad”.

El trío, bautizado en el imaginario popular cubano como “los tres Juanes”, trabajaban como esclavos en las minas de cobre de la región, situada en la costa norte del oriente del país.

Durante las guerras de independencia del siglo XIX, los miembros del Ejército Libertador se encomendaban a la Virgen y se hacían acompañar, en sus combates, de medallas y efigies con la venerada imagen, razón por la que también se le conoce como la Virgen Mambisa.

Justamente los veteranos de esta contienda solicitaron al Papa Benedicto XV, en 1925, la proclamación del icono como Patrona de Cuba, nombramiento que se produjo un año después y fijó el 8 de septiembre como día de su fiesta patronal.

El Papa Juan Pablo II, durante su visita a la isla en 1998, coronó y bendijo la imagen de la Caridad del Cobre y le rindió homenaje durante su tercera misa oficiada en el país, el 24 de enero de ese año.

En marzo pasado, Benedicto XVI visitó la isla con motivo del Año Jubilar por el hallazgo de la imagen y en reconocimiento al valor religioso y cultural de la Virgen de la Caridad del Cobre, le ofrendó la Rosa de Oro, distinción creada por el Papa León IX, en 1049.

Como recuerda Luis Felipe Rojas en Cruzar las Alambradas, más allá de prohibiciones, imposiciones o las más disímiles lecturas y apropiaciones religiosas, “la Virgen de la Caridad del Cobre es consuelo, esperanza y luz”.

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