Elecciones en Cuba: las tribulaciones de la circunscripción

En 2012 se postularon en Cuba más de 32.300 delegados, de los cuales más de un tercio son mujeres.

Jorge Luis Baños - IPS

En la bitácora Paquito el de Cuba, el autor narra, anecdóticamente, su corta experiencia como candidato electoral

Durante el mes de septiembre se realizó en Cuba el proceso de nominación de candidatos a delegados a las asambleas municipales del Poder Popular, órgano que aporta un 50 por ciento de los diputados al parlamento.  

Desde el 5 de julio, fecha en que Cubadebate informaba la convocatoria del Consejo de Estado para los comicios, el forista Olimpio Rodríguez Santos comentaba: “a nuestro sistema electoral le convendría renovar algunos aspectos, acorde al consenso de opinión del pueblo y sería bueno también que antes de las elecciones se hiciera un profundo análisis de los debates que se realizan, cada día, en Juventud Rebelde y en otros medios de comunicación”.  

Por su parte, blogs como Visión Cubana se limitan a definir las funciones del delegado. “Está obligado, pues para ello fue electo, a escuchar las necesidades poblacionales y tratar de darle solución, según los planes que para ello tiene el Municipio al que pertenezca. Es decir, es un receptor.” Y ejemplifica: “Se vierte una fosa en el barrio. Se acude al delegado que recibe a la ciudadanía una vez por semana (…) Ahí él/ella debe coordinar con la empresa reparadora de calles, la que con seguridad le pone veinte peros antes de actuar. De lo contrario, este delegado/a está facultado para presentar sus necesidades ante la Asamblea Municipal, de acuerdo con la dimensión del caso.” 

A su vez, en análisis de otra índole, Pedro Campos apunta en la revista digital Havana Times:

“En Cuba tenemos un sistema político que (…) en la práctica ha sido más presidencialista que los modelos democrático-burgueses de ese tipo”, y que entre los análisis hechos públicos por los partidarios del socialismo participativo y democrático, sobre la necesidad de democratizar el sistema político-electoral cubano, destaca la elección por voto secreto y directo del Presidente y Vicepresidente de la República, “así como la de los gobernadores de las Provincias y los Alcaldes Municipales, de manera que quienes allí lleguen se sientan comprometidos con los intereses de la mayoría que los eligieron”.  

De algún modo Arianna Suárez, en su bitácora Así es Cuba, ilustra esa falta de comprometimiento mediante el decir popular sobre el desempeño del los gobiernos locales: “Este delegado no da la talla porque no resuelve nada, no facilita ni una bolsa de cemento”.

Algunos foristas, no obstante, van más allá, y en “Sobre disidentes y elecciones en Cuba”, un artículo publicado por La Joven Cuba(5), parodian la mimetización del proceso de elección de candidatos a delegados. Dice el usuario GTP: “solo tienes que decir cosas como: creo que la delegada hace bien. Esa es la labor de un delegado. Bien por ella que lucha por resolver problemas.”  

El artículo cuestiona, tal como anuncia el título, el supuesto de que los disidentes cubanos se presenten como candidatos en las asambleas de vecinos. “Imagínense ustedes que Martha Beatriz Roque diga en su cuadra frente a todos sus vecinos que le da lo mismo que los yanquis invadan a Cuba, como ha dicho en otras ocasiones. Qué pasaría si le dijera a alguien que no lo puede atender a esa hora porque tiene una citación en la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana para participar en las elecciones de ese país, como hizo en el 2004”.  

Y luego cita una carta donde uno de los opositores del gobierno le escribe a Obama que “las tradicionales políticas norteamericanas han constituido el mejor estabilizador del gobierno cubano”.  

Muchos creen, también, que las recientes elecciones venezolanas, así como las estadounidenses, tuvieron y tendrán más peso en el destino económico y político de Cuba que las propias elecciones nacionales. Esto, mientras no existen movimientos renovadores en lo que sin dudas es o deberá ser una nueva etapa de la nación.  

El propio Pedro Campos, en Havana Times, ahonda en cuestiones históricas y considera que el sistema presidencial deviene, en América, resultado de las luchas independentistas y que “es lo que está en nuestras tradiciones mambisas y en las constituciones posteriores”, exceptuando la de 1976, “que sin exponerlo fue diseñada para que el presidente concentrara un gran poder de decisión”.  

“Y desde luego –prosigue- que los sistemas presidenciales tendrían que ver con cierta tradición caudillista de nuestra región. Y en Cuba, a Fidel Castro, posiblemente nadie hubiera podido nunca disputarle la presidencia; pero ya retirado de la política activa, la situación ha cambiado radicalmente”.  

En la bitácora Paquito el de Cuba, el autor narra, anecdóticamente, su corta experiencia como candidato electoral y el modo rocambolesco en que llegaron a postularlo, hace cinco años.  

“Cuál no sería mi sorpresa, cuando la esposa de un colega periodista que vivía cerca de casa, levantó la mano para señalarme como posible candidato, y argumentó su propuesta con razones que por el nerviosismo ya no pude ni escuchar.  

“El presidente de la comisión electoral en mi localidad, quien conducía la reunión, me preguntó si yo estaba dispuesto a ocupar ese cargo, y sin recuperarme todavía del impacto, ante la mirada atenta de mis vecinos, sentí que no estaba bien decir que no, y acepté. A mano alzada, los presentes aprobaron mi nominación”, apunta.  

En 2012 se postularon en Cuba más de 32.300 delegados, de los cuales más de un tercio son mujeres, según el diario estatal Granma.

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