Pensar los cambios en Cuba desde la ciudadanía

Repensar la isla caribeña pasa por rescatar la ciudadanía activa, consideran representantes de su blogosfera.

Jorge Luis Baños - IPS

El involucramiento de la ciudadanía en la actualización del proyecto cubano es un proceso que debe ser potenciado por el Estado

“Cuando la imaginación del Estado es plena y saludable, está en la obligación de crear alegría creadora, de convertir la alegría en un alimento natural, terrestre. Si el Estado se vuelve avaro y sombrío, sus moradores se vuelven despilfarradores de su acción; la acción nacida de una visión sombría que no ancla nunca en la paz, anda errante y enloquecida, como una pluma fiera del mundo interpretado”.José Lezama Lima, 1949, en El rumor del Elefante.

El VI Congreso del Partido Comunista echó a andar en abril del pasado año la cuenta regresiva para el replanteo del modelo cubano.

Se trata de un momento definitorio para la generación que encabezó la lucha guerrillera en los años cincuenta del pasado siglo. La labor es ingente y el tiempo corto, ha reconocido en reiteradas ocasiones el presidente Raúl Castro.

Para Rogelio Manuel Díaz Moreno, autor de Bubusopía“el problema más grande (…) es el que tienen todos los que tratan de hacer las revoluciones desde arriba. El ejército al que se convoca –en el sentido de los que parece que serían los ejecutores-veladores-portadores de las partes principales de la estrategia– esto es, el funcionariato, la intelligentsia, los gerentes, la burocracia en general, se suicida si acata el llamado. Tienen todo que perder y nada que ganar si el plan sale adelante sin deformaciones.”

Aunque existe la voluntad política de refrendar los lineamientos a partir de los instrumentos jurídicos a dictaminar por la Asamblea Nacional del Poder Popular y el Consejo de Estado, en la coyuntura actual es necesario subvertir el mal sabor de iniciativas anteriores que no concluyeron con los resultados esperados.

“No se ofrecieron claras estrategias que garanticen que esta vez los nuevos acuerdos se cumplan en el término de cinco años, período establecido por los estatutos del PCC para la celebración del próximo congreso del partido único”, considera Miriam Celaya, en la bitácora Sin evasión.

Tal vez como nunca antes está en juego la supervivencia y la perdurabilidad del socialismo en Cuba, que debe hacer efectiva la necesaria inclusión de la juventud en el proceso revolucionario.

“Esta juventud, marcada por la profunda crisis económica de los noventa, por la emigración, por la incertidumbre, pero igualmente comprometida con el proyecto país, hará posible –o no- la continuidad de un rumbo político trazado. Pero ello depende de su inclusión, a tiempo, en las estructuras de poder político, económico y social, y en su capacidad para sentirse parte de una nueva vanguardia que regirá el destino cubano”, es el convencimiento de Elaine Díaz en la Polémica Digital.

La necesidad de fomentar la cultura participativa y rescatar la ciudadanía activa –que unas veces hace de sujeto económico y otras, toma parte en las decisiones sociopolíticas–, está en la raíz de los principales problemas del archipiélago caribeño.

La apertura a la iniciativa privada o “trabajo por cuenta propia” representa una alternativa de empleo para muchas de las personas residentes en la isla; sin embargo, está más orientada a la comercialización que a la producción y solo comprende servicios básicos.

“Muchos de estos nuevos cuentapropistas no están produciendo nueva riqueza para la sociedad, o el aporte en el ciclo de producción es ínfimo”, afirma David Pérez Guerra, en La Joven Cuba. “Los productores son pocos, concentrados y distribuyen sus mercancías a los diferentes ‘puntos de venta’ para que alguien comercialice lo que ellos han creado. (…) No son más que personas que se benefician del comercio. Y el comercio no es una actividad productiva, aunque pueda ser lucrativa”, añade.

La búsqueda de la sostenibilidad económica acaparó la atención y los esfuerzos del VI Congreso. Raúl Castro enfatizó en la necesidad de incrementar el sector no estatal e implementar mecanismos de descentralización económica que estimulen la iniciativa local y garanticen la productividad.

El Blog de Dimas Castellanos aclara que “la mejor gestión no es sólo aquella que más contribuye al crecimiento de la economía, sino la que. además, logra la mejor participación ciudadana como base de la distribución de la riqueza producida. Como el sistema de economía más eficaz es aquel que permite la participación ciudadana, el crecimiento sostenido y el aumento del nivel de vida; se impone la desregulación de la vida económica, la institución de las diversas formas de propiedad y la competencia entre ellas.”

El involucramiento de la ciudadanía en la actualización del proyecto cubano es un proceso que debe ser potenciado por el Estado, a partir de dinamitar estilos de dirección verticales, “transparentar la administración de la voluntad de las personas” y fomentar una cultura de participación que escuche la inteligencia colectiva, consideran los autores del blog Bubusopía.

Para Elaine Díaz, “pensar nuestro país en primera persona es quizás la meta más difícil después de tantas décadas de determinar verticalmente qué es lo mejor para “el pueblo”. Las reformas económicas y hasta el crecimiento del PIB serán más fáciles de conseguir que la implicación activa de cada cubano –dentro o fuera de la isla- en el futuro de nuestro país”.

No se trata de un proceso que se hace acompañar de la voluntad popular, sino donde el sujeto, el individuo, la ciudadanía se piense como parte suya, desde sus propias inconformidades y preocupaciones, desde su derecho a disentir.

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