VI Congreso del Partido y cambios en Cuba: una mirada desde la sociedad civil

El VI Congreso del Partido y los cambios económicos en Cuba en la agenda de la blogosfera ciudadana.

Jorge Luis Baños - IPS

Rogelio M. Díaz Moreno publica en la bitácora Bubusopía algunas de estas inquietudes

La premura económica explicitada desde la convocatoria al VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), ha acaparado la atención de amplios sectores populares en la Isla, que demandan la discusión de cuestiones imprescindibles para el destino de la nación que comprenden los espacios públicos y privados y pasan por la urgente articulación de la participación ciudadana.

El VI Congreso del PCC fue celebrado en abril pasado. Anunciado en noviembre de 2010, el congreso estuvo precedido por las discusiones del Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social.

Tras 13 años de aplazamientos, el sexto congreso se insertó en un contexto de celebración oficial por los aniversarios 50 de la declaración del carácter socialista de la Revolución y la victoria cubana frente a la agresión norteamericana de Playa Girón.

Sin embargo, más allá de la evocación al pasado reflejada en la agenda mediática nacional, en el debate de la creciente blogosfera cubana aparecen miradas diversas al presente-futuro de la nación desde sentimientos encontrados que van del compromiso y el entusiasmo a la desesperanza.

Arnoldo Fernández Verde en la bitácora Caracol de agua se asiste de la metáfora tecnológica del discurso político cubano del “tren de los cambios”, y enfatiza en el “mantenimiento necesario de la línea, de manera que el tren no haga largas paradas y los cambios lleguen a tiempo para refundar una utopía, ya para algunos, una casa vieja, para otros, (…) un noble empeño que vale la pena seguir pregonando”.

En el Blog de Dimas se expresa la preocupación por rescatar cimientos ético-morales imprescindibles para emprender los cambios. “Un viaje a la semilla revela el hecho indiscutible de que al margen de la ética es imposible llevar a término ningún proyecto social positivo”.

“Trabajemos para realidades y no para sueños”, es la invitación de José Luis Martínez Carvajal en el espacio Pedimos la palabra, quien agrega: “démosles más equilibrio a las fuerzas económicas y sociales del país y facilitemos que el trabajo real, única fuente de la riqueza nacional, sea verdaderamente creador”.

En los debates populares sobre la estrategia de desarrollo económico y social son recurrentes las preocupaciones por la pérdida del empleo de más de un millón de trabajadores del sector estatal, los elevados impuestos al trabajo privado -con gravámenes de 25 a 50 por ciento sobre la renta, de 10 por ciento sobre las ventas o servicios, de 25 por ciento a la contratación de fuerza laboral, y de 25 por ciento como contribución al seguro social-, así como la paulatina supresión del abastecimiento racionado de alimentos subsidiados por el Estado.

Rogelio M. Díaz Moreno publica en la bitácora Bubusopía algunas de estas inquietudes: “aunque tengo cierta certeza de que no voy a sobrar en mi centro, no dejo de estar alarmado por las consecuencias del desempleo que se va a disparar. Ya sé que el empleo anterior era artificial, insostenible, precario, pero era lo que separaba a muchas personas de una vida basada en la delincuencia abierta. Más aún si se extingue la libreta de abastecimiento”.

Miriam Celaya abunda al respecto en el blog Criollo liberal: “un factor de gran importancia en el futuro mediato es la ola de desempleos. Los pequeños negocios familiares y las escasas cooperativas no serán capaces de absorber ni siquiera en un porcentaje representativo la masa crítica de 1 millón 300 mil desempleados del Estado que habrá para 2012. La alta tasa de impuestos, la competencia como componente natural del proceso, la ausencia de un mercado mayorista para los inversores y la paulatina disminución del poder adquisitivo de importantes sectores sociales —muchos de los cuales pierden con sus empleos también las fuentes «alternativas» de ingreso—, irán enrareciendo el panorama social y afectarán a su vez los negocios particulares”.

Mientras la Revolución empeña palabra y acción para concretar transformaciones sustantivas, desde la blogosfera se escuchan señales de preocupación por las resistencias al cambio protagonizada por la burocracia afianzada en el poder.

El economista y politólogo Esteban Morales Domínguez considera la corrupción como “la verdadera contrarrevolución, la que más daño puede hacer, porque resulta estar dentro del gobierno y del aparato estatal, que son los que realmente manejan los recursos del país”.

Según la bitácora Cartas desde Cuba de Fernando Ravsberg: “la burocracia continuará poniéndole zancadillas a los cambios porque es evidente que estos afectan sus intereses económicos y los privilegios que les permite el actual modelo. La mayor debilidad del proyecto de reformas radica en que son ellos los encargados de su aplicación, del control, de establecer las normas, marcar los tiempos, estipular procedimientos y decidir qué castigos auto imponerse cuando descubren sus «fallos»”.

Cuba vive un momento crucial, según se infiere de las palabras del presidente Raúl Castro durante las últimas sesiones parlamentarias, para la dirección histórica de la Revolución el tiempo es poco y la tarea gigante: “tenemos el deber elemental de corregir los errores que hemos cometido en estas cinco décadas de construcción del socialismo”.

Varios analistas coinciden en apuntar hacia la necesidad de articular la revisión y corrección del modelo cubano desde la participación activa de la ciudadanía. Tomar parte en el proceso implica niveles de reflexión y acción poco frecuentes en la sociedad, que suponen cierta confianza y compromiso mutuos entre el Estado y el individuo.

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