¿Cuba está preparada contra el ciberacoso y la pornovenganza?

Especialistas insisten en una mayor capacitación por parte de las instituciones educativas, legales y de comunicación, para enfrentar este tipo de violencia.

Las redes sociales y medios de prensa cubanos se hacen eco de una campaña masiva por la no violencia hacia las mujeres y las niñas, como parte de la Jornada Nacional por la no violencia hacia las mujeres y las niñas 2016. Las y los usuarios en sus perfiles de Facebook y Twitter no han hecho menos: hasta una convocatoria para votar a favor de una ley integral contra la violencia machista circula en las páginas de activistas sociales y periodistas.

En este escenario, especialistas e investigadores alertan cada vez más sobre la emergencia creciente en el país de modos de intimidación relacionados con las tecnologías digitales.

Incluso, pareciera contradictorio hablar del fenómeno en un país que hace apenas unos años se abrió a la conexión pública a Internet. Pero los entendidos insisten en que hechos como el sexting, ciberbullying, grooming y la pornovenganza suceden en Cuba mucho antes de abrir las primeras zonas wifi.

¿Ciberacoso y pornovenganza en el país?

Aunque estas son manifestaciones de violencia de género en línea, en el archipiélago cubano las víctimas y victimarios han vivenciado el problema por otras vías.

Si bien el porcentaje de la población que accede regularmente a Internet no es considerable, millones de habitantes poseen y emplean dispositivos móviles.

Memorias flash, celulares, tablets, computadoras o cualquier medio de almacenamiento, asociados a aplicaciones para el intercambio de mensajería, videos y fotografías, han sido plataformas ideales y frecuentes para el control masculino.

No han sido pocas las imágenes íntimas y videos eróticos de adolescentes y mujeres, en varios casos profesionales reconocidas y personalidades del espacio público cubano, que han circulado sin su consentimiento por memorias y computadoras, y hasta han sido “subidas” a redes sociales y blogs.

A esto se suma la supervisión de las parejas de la comunicación celular, manifestada en la revisión de su lista de amistades y mensajería. Estos hechos ocurren, especialmente, si son ellos quienes les pagan a ellas el crédito de telefonía o de conectividad.

Facebook e Imo son las redes sociales y aplicaciones más empleadas por las y los jóvenes en la nación. A este consumo se le agrega que, según encuestas realizadas por medios de prensa cubanos, existen novios que igualmente cuestionan la interacción en redes sociales de sus respectivas acompañantes.

Otra modalidad de violencia digital presente en el país es la producción de videos no profesionales para burlarse de quienes “no responden” a las concepciones físicas y sociales tradicionales. Muchos de estos materiales se socializan de teléfono a teléfono mediante la aplicación Zapya, o por mecanismos de circulación audiovisual como el Paquete Semanal.

¿Cómo responden las instituciones cubanas?

Especialistas e investigadores en Comunicación, Periodismo y Psicología alertan que no existe una noción real de este fenómeno en la isla, ni siquiera estudios puntuales al respecto, debido a la todavía insuficiente alfabetización sobre el uso y consumo responsables de las tecnologías y las redes sociales.

Pero el mayor dilema se encuentra en la inexistencia de un marco legal específico para penar estos hechos.

Según juristas, el crimen por violencia de género no está recogido como concepto en ningún instrumento jurídico, ni mucho menos el maltrato relacionado con las nuevas tecnologías.

En ese sentido, el Código Penal cubano prescinde de este tipo de delito por cuestiones de género y sus múltiples manifestaciones.

Aunque abogados y fiscales insisten en que algunas situaciones pueden tener respuestas en la ley penal desde múltiples aristas.

La ausencia de este enfoque en las leyes cubanas responde a que el fenómeno, aunque importante, no se considera de “alta peligrosidad” o extendido a gran escala social.

No obstante, Yarina Amoroso, presidenta de la Sociedad Cubana de Derecho e Informática, aclaró que estos fenómenos deben ser castigados acorde a la legislación civil, penal, administrativa o laboral, según sea el caso en particular.

“No podemos permitir en la red el acoso, la incitación al rencor, la pornografía y cuanto acto nocivo contra las buenas costumbres, la convivencia y los valores reconocidos universalmente de la condición y la dignidad humana”, insistió en entrevista a la Redacción IPS Cuba.

Para la abogada, el recurso digital es solo el medio o el espacio para cometer el acto que es reprochable y sancionado.

“Eso hay que decirlo claro, porque hay que acabar con esa imagen de impunidad en la red”, aclaró. (2016)

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