¿Empleo joven en Cuba?

Una gran parte de las ofertas laborales desalienta a la juventud de la nación caribeña, que busca en la ilegalidad o fuera del país su proyecto de vida soñado.

Archivo IPS Cuba

Actualmente persisten los problemas en la ubicación laboral del graduado en correspondencia a la profesión adquirida

La sostenibilidad de cualquier modelo depende, en muchos casos, de sus posibles reinvenciones, planificadas o no, naturales o modeladas. La capacidad de cambio, adaptación e integración son, además, factores insoslayables en la consecución de un proyecto común, sobre todo cuando este constituye la forma de vida por la que han apostado millones de seres humanos.

En tal sentido, los gobiernos han debido establecer, a lo largo del desarrollo de la humanidad, un equilibrio –casi siempre difícil- entre las necesidades de sus poblaciones y lo que dictamina la política. Cuando este equilibrio se rompe, la sociedad se resiente y los “proyectos de país” se tronchan.

¿Pero qué sucede cuando las generaciones más jóvenes de una nación no encuentran en el discurso oficial las respuestas a sus interrogantes o, peor aún, cuando las posibilidades de desarrollo están dadas y resulta entonces que la implementación del modelo no se corresponde con lo pautado?

El escenario que se plantea en los tres primeros párrafos puede aplicarse en muchas regiones del mundo. Tampoco Cuba escapa de esta problemática. Como afirma la psicóloga Idania Rego Espinosa, investigadora del Grupo de Estudios sobre Juventud del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), “la relación entre las nuevas generaciones y los proyectos de desarrollo económico y social de las naciones es vital, en la medida en que se necesita la participación activa de los jóvenes en lo que se construye, día a día, para el bien colectivo”.

Para Cuba, que desde el triunfo revolucionario de 1959 ha tenido como premisa la solución de los problemas de los jóvenes y su formación como actores estratégicos del desarrollo, el reto es todavía mayor dado el carácter heterogéneo de la juventud cubana y su vulnerabilidad, luego de haber atravesado un período de contradicciones y crisis, indica Rego Espinosa.

Sin embargo, los niveles de implicación juvenil –personas entre 18 y 35 años de edad- con las transformaciones que vive el país son variables, pues una gran parte no cuenta con todas las herramientas para enfrentar los retos de un proceso de cambio tan profundo y, en otros casos, aunque se interesen por ello, ven truncadas o malinterpretadas sus intenciones.

Uno de los ejemplos más visibles resulta la vinculación al trabajo a partir de las ofertas que el Estado ha puesto a disposición de la población joven. Teniendo en cuenta la compleja situación de la nación caribeña, con más de un millón de trabajadores que podrían quedar disponibles, puede preverse que el mercado laboral no es necesariamente halagüeño, en un país que hasta mediados de la década anterior abogaba por el pleno empleo como una de sus políticas más extendidas y a la que se destinaron cuantiosos recursos.

Actualmente persisten los problemas en la ubicación laboral del graduado en correspondencia a la profesión adquirida; son todavía limitadas las ofertas profesionales del trabajo por cuenta propia, modalidad a la que solo se han vinculado 73 118 jóvenes, lo que representa 19 por ciento; y según Alfredo Viamonte, usuario de Juventud Rebelde, en otros casos prima el desinterés de quienes tienen la responsabilidad de encauzar las iniciativas laborales de la juventud.

En opinión del economista y bloguero Oscar Espinosa, “no es difícil comprender, bajo esas condiciones, por qué los jóvenes son los cubanos con menos confianza en el futuro del país, y sienten mayor deseo de emigrar para encontrar un mejor destino en otras tierras”, subraya.

Dicha problemática ha sido estudiada por Ricardo Torres Pérez, profesor del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana, quien señala la necesidad de ampliar las opciones, no restringirlas. “Lo que resulta contradictorio es que se facilite la emigración en busca de empleo, mientras se ponen cortapisas a estos mismos empleos dentro del país. Si puede haber argumentos ideológicos o políticos que justifiquen esta conducta, no existen razones económicas”, enfatiza.

En torno a las ubicaciones laborales y los desatinos que han tenido lugar en algunas localidades se ha discutido frecuente y seriamente en los espacios digitales cubanos. Al respecto al1985 opina que un tema tan sensible como este debiera tratarse con más tacto y apelar al convencimiento. “No debe caer de ‘arriba’ como una medida más que no tiene discusión. ¿Si los jóvenes somos el futuro de este país, por qué suceden estas cosas? ¿Por qué nos cuesta tanto informar sobre las decisiones que se toman y dar un argumento sólido sobre la necesidad de aplicarlas?”, se cuestiona.

Por su parte Erislandy Omar Martínez, profesor de la Universidad de Oriente, muestra dos de las causas del problema cuando expresa que resulta de una falta de planificación horrenda y una política de formación universitaria inadecuada, que se ha estado llevando en la última década, pues se han formado profesionales indiscriminadamente y sin criterio de la necesidad real de su desempeño futuro, sostiene.

El alcance de las medidas laborales puestas en vigor por el gobierno de la isla debe ser suficientemente profundo como para que se entronicen en el devenir de una generación imprescindible en el proceso de actualización del modelo económico y social cubano. “La multiplicación de los actores económicos e institucionales y los cambios en la estructura del empleo, (…) así como las oportunidades y retos para la participación social de los jóvenes van de la mano, en permanente tensión y reconstrucción de una sociedad que sigue pensándose a sí misma, y en la que los jóvenes tienen mucho que decir y hacer”, considera la psicóloga Idania Rego Espinosa.

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