La Habana: conexión sin Internet

Ante la falta de conectividad, en Cuba aparecen redes informáticas alternativas.

Foto: Tomada de AP

Aunque las estadísticas disponibles confirman que Cuba es uno de los países de peor infraestructura de redes de Latinoamérica, en La Habana, por ejemplo, existen espacios de conexión por toda la ciudad.

SNET (Street NetWork), Wifi Habanera, RoG (Republic of Gamer) y otros nombres, apuntan a la denominación de redes no institucionales que se entretejen en la capital cubana.

Desde una lógica reticular, se enlazan más de 9 mil computadoras. Solamente uno de los portales más populares de dicha red –el del Vedado- registra a más de 7 mil usuarios, aunque resulta imposible prever el total de “conectados”, en tanto, en un mismo terminal suelen acceder más de una persona.

A nivel mundial esas redes oscuras -por su carácter clandestino o secreto- se sostienen generalmente sobre la propia estructura física de Internet. Sin embargo, en Cuba la insuficiente y escasa infraestructura de redes de datos nacionales, hacen de las darknets criollas un rara avis en el panorama global.

La existencia de una estructura de este tipo sin conexión a Internet, es posible técnicamente gracias a dispositivos –como la antenas NanoM2- de alta potencia que permiten replicar la señal Wi-Fi a otras antenas ubicadas por toda la ciudad, muchas de factura artesanal.

Asimismo, existen zonas que se conectan a través de redes LAN con cables que se despliegan por los techos de la ciudad. En lugares puntuales –y secretos- se ubica la matriz del nodo, cada nodo comprende al menos 25 terminales por norma, sugiere Fidel Alejandro Rodríguez, investigador y profesor de la Universidad de La Habana.

Con frecuencia estas redes se conectan de manera escalonada –asegura Rodríguez-, la red de un edifico se puede conectar con la de un barrio, luego con la de un municipio hasta conectarse a la Gran Red de la ciudad. Aunque, no tiene por qué seguir necesariamente ese esquema: una micro-red puede conectarse directamente a la Gran Red.

La propia estructura de esas redes: difusa, descentrada tecnológica y espacialmente, nos recuerda la tipología que suscribe el investigador español David de Ugarte respecto a las redes “distribuidas”, las cuales diseminan información de forma más eficiente y logran que la desaparición de uno de sus nodos, no afecte la configuración de la red de forma irreversible.

Si bien existen espacios de conexión por toda la ciudad, hay zonas más activas de acuerdo a la cantidad de terminales conectados, entre ellas el Vedado (SNET), Santa Fe, La Lisa y el Cerro. La tendencia apunta a que los portales o plataformas más concurridos se identifiquen con los nombres de los municipios o localidades, sin embargo, no se podría asegurar que se inscriban geográficamente en esas zonas declaradas, apunta Rodríguez.

La Habana, donde se tejen telerañas de cables  para interconectar computadoras y compartir informaciónA la usanza cubana, la práctica principal de las plataformas es el juego en red, aunque son también el soporte para compartir gran variedad de información: telenovelas, series, documentales, películas y más. Además, existen servicios como chat, foros, conexión en audio, y otros. Según Rodríguez, una vez conectado a la Gran Red, no necesariamente accedes a todas las prestaciones, de hecho, existen muchas micro-redes que al prever la desconexión tienen sus propios servicios.

Más allá de la fascinación tecnológica de conectar toda una ciudad, asombran los vínculos que subyacen de la conexión social entre los miembros que a la postre apuntan a una comunidad. La sostenibilidad de la red también descansa en la jerarquización de roles y funciones que se articulan de forma espontánea y eficiente, admite Rodríguez Fernández.

La membresía se establece a partir de vínculos de confianza con alguien que ya forme parte de la red, o a partir del diálogo directo con los administradores, incluso existen algunas redes en las que se establecen “chequeos” a quienes pretendan conectarse, para mantener la seguridad.

El financiamiento aparece de la propia iniciativa de los usuarios de recaudación colectiva para cubrir gastos tanto de electricidad, como para comprar dispositivos para mantener y ampliar las redes. En ese sentido, Fidel A. Rodríguez indica no tener referencias sobre servicios propios de la red que le permitan costearse por sí misma. Muchos de los miembros declaran no “estar” en un espacio de explotación comercial, sino en una comunidad donde se comparten intereses, información, contenidos,…

Esto no significa que la capacidad de articulación y consenso en las acciones y las dinámicas internas de estas redes no puedan estar también permeadas por prácticas autoritarias y de consecución de fines privados, sean publicitarios o sociales, acota el investigador.

Para garantizar el funcionamiento existen estratos de responsabilidad como el de los “grandes administradores” que monitorean el cumplimiento de ciertas reglas, y que tienen la potestad de desconectar ante cualquier incidente.

Algunos de los límites de comportamiento quedan recogidos en marcos o códigos que se comparten entre los miembros. Entre los preceptos destaca la prohibición de hablar de política o religión. Asimismo, no es permisible publicar imágenes obscenas ni denigrantes.

Más allá de la organicidad interna, estas redes permanecen en absoluta ilegalidad, a juzgar por las disposiciones del órgano rector de las telecomunicaciones en Cuba, Ministerio de Comunicaciones (MINCOM).

Según la ResoluciónNo. 128/2011 del MINCOM en su Artículo 5: “La Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A., en lo adelante ETECSA, es la única entidad autorizada, como Proveedor Público, a suministrar el transporte de señales a terminales de terceros para disponer de servicios de transmisión de datos, tanto nacionales como internacionales, mediante cualquier protocolo de comunicaciones (…)”.

En algunas de las bitácoras que conforman la blogosfera cubana, se ha atendido al desmontaje de estas redes por parte de las autoridades del país. No obstante, la propia estructura descentralizada de la red la hace escapar de posibles intenciones gubernamentales de erradicar este ecosistema de transmisión y distribución de datos.

Si bien estas redes “barriales” solventan algunas de las carencias del estado de desconexión de la realidad cubana, no son expresamente una alternativa ante la escasez de Internet. En un marco ideal, en Cuba pudiera concretarse una sociedad plenamente informatizada a partir de su conexión full Internet, y en cambio pudieran persistir las motivaciones que le dan sentido a estas redes oscuras: ser parte de una comunidad con intereses compartidos que escapa, del control institucional como la violación del copyright, el acceso  gratuito a plataformas de pago o la conectividad local.

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