Muñequitos rusos: la nostalgia vende

Medios, blogs y usuarios en Facebook comparten los recuerdos de la simbología soviética y su impacto en Cuba.

Archivo IPS Cuba

Desde su perfil en Facebook, Iroko Alejo comparte una imagen de un regalo: una camiseta blanca con el diseño de dos personajes icónicos en la memoria de los cubanos de la generación de los ochenta: Lolek y Bolek, dos hermanos cuyos dibujos animados acompañaban todas las tardes de niños y niñas en la nación caribeña.

La imagen en el perfil de Iroko alcanzó 96 “me gusta” y varios comentarios que la catalogaban de increíble y nostálgica. María Antonieta Colunga Olivera, por ejemplo, escribió: “qué toque, yo quiero uno así”; en tanto Tomas J. Ramirez aseguró que poco faltó para comprarse uno.

Algunos usuarios de Facebook se interesaban por el lugar donde adquirir la prenda y otros rememoraban su niñez.

En la misma línea, la revista On Cuba publica ¡Nu, Pogodi! Regresan los muñequitos rusos, un comentario de Charly Morales sobre el proyecto Chamakovich, que propone un viaje sentimental a la niñez de varias generaciones de cubanos, “en particular los marcados por los vilipendiados –y ahora añorados– muñequitos rusos”.

“Volk y Záyats (El lobo y la liebre), el perro Rex, la insufrible Orejitas a cuadros, Bólek y Lólek y aquellos dos niños sentados espalda con espalda en nuestras viejas libretas de primaria saltan de los televisores Krimm y Caribe a los pulóvers y jabas artesanales que vende Chamakovich en la feria comercial Arte en La Rampa”.

Darwin Fornés, creador del proyecto, le cuenta a On Cuba que la idea está inspirada en la popularidad que aún tienen dichos muñequitos, que no eran todos, precisamente, rusos. Cuenta que la idea surgió cuando se unió a un grupo de Facebook que compartía imágenes de aquellos personajes y comprobó las emociones que aún provocaban.

“Es todo un fenómeno social y generacional, hay blogs, comunidades, íconos, hasta los huevos sorpresas tienen una línea dedicada a esos animados”, contó Darwin tras la presentación de su proyecto en el Pabellón Cuba.

Darwin, graduado de diseño gráfico, nació en 1984 y cree que son buenos tiempos para los negocios. “Al menos está de acuerdo con que la apertura económica que vive Cuba de cierta manera estimula la creatividad, sobre todo en la búsqueda de nuevos nichos para la diversificación de las iniciativas particulares y el auge de los emprendedores”, publica la revista digital On Cuba.

Al preguntarle sobre la posibilidad de ampliar el repertorio de dibujos animados, el diseñador responde que “todo dependerá de la aceptación, pero no dudo nada: la nostalgia vende…”.

En el mismo espacio comenta Marg: “Buenísima la idea, felicitaciones. A mi generación le encanta todavía ese mundo. Yo tengo un montón de referencias a esa cultura en mi vida diaria, empezando con un Cheburasca colgado en el retrovisor del carro.

“Ojalá hubiera más gente emprendedora y original como tú, en todas las ramas de la economía y el arte. Muchísima suerte en tu súper creativo negocio, definitivamente me pasaré por la feria, al menos a echar un vistazo”.

Por otro lado, Pepito resalta que seguimos igual, pues los precios se mantienen en CUC.

Desde otro blog cubano, Habana por dentro, su autora Dazra Novak nos acerca a la experiencia del Pabellón Cuba como espacio expositivo y comercial de Arte en la Rampa y a su encuentro con los dibujos animados de su infancia.

La escritora cataloga el recinto como un hervidero de visitantes en estos meses de verano. “Cientos de artesanos venden todo tipo de chucherías hechas a mano, velas, muebles, zapatos, gangarrias de esas que hacen juego con bolsos tejidos y sandalias de cuero”.

Luego de hacer un recuento caótico de lo que pudo presenciar en la feria, Dazra comenta su reencuentro con su infancia: “a un niño se le caen las rositas de maíz porque lo empuja el hombre que se lleva el último jarrón, pero de ese modelo de zapatos no había su número y allá arriba una niña hace un globo de chicle justo cuando venían los muchachos mirando los cuadros de la galería para después bajar las escaleras (…) mira cómo está esto de gente, es lo mismo cada año pero esta vez yo los vi. ¡Eran ellos! ¡Impresos! Imágenes congeladas (después de tantos años de estarlo en mi memoria) sobre pullovers y bolsos de lienzo. Bolek y Lolek. La portada de las libretas Pionero. ¡Me las pagarás! La liebre y el lobo… ah, señoras y señores, mis queridos muñequitos rusos”.

Un proyecto que emerge como estrategia de mercado se traduce en la venta recuerdos en Arte en la Rampa. Los muñequitos rusos fueron el sello de la generación infantil de los setenta y ochenta del siglo pasado en Cuba, donde siempre ha sido bien difícil alcanzar, por ejemplo, diseños del Elpidio Valdés.

Esta es otra arista de la crisis de símbolos en Cuba, que le deja todo el terreno a las vestimentas con banderas y símbolos extranjeros.

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