Nuevas tecnologías: de la vida real al cine joven cubano

Cuba 2.0 realiza un análisis del tema a partir de la última edición de la Muestra Joven Icaic, 2018.

Fotograma de Cosplayer

Foto: Tomada de la Muestra Joven Icaic.

Acaba Moviendo ideas. La grabadora capta algo del ambiente en la sala destinada a esa sección de la Muestra Joven Icaic 2018, efectuada del 3 al 8 de abril en La Habana.

Luego, se escucha la voz de Rafael Ramírez, el director de Los perros de Amudsen: “Creo que estas presencias son minoritarias todavía, los cambios parecen no existir o que son menores, pero empiezan a pasar y después te das cuenta de que se trata de una transformación mayor”.

¿Cómo está transitando la relación con la tecnología de la vida cotidiana al cine joven cubano?, había sido la pregunta lanzada en ese espacio de intercambio.

Aunque el acercamiento al tema fue escaso durante el único festival de cine joven cubano, algunos materiales se adentraron en esa realidad.

Problema global

Las nuevas tecnologías han impactado a la antropología visual, tanto en la representación –es decir, al generar en la investigación preocupaciones sobre los sentidos y los usos que reciben a nivel social–, como en las formas de registro. De hecho, el cine se valora cada vez más como documento teórico sobre las transformaciones culturales de hoy, mientras la absorción de la creación analógica por la digital resulta un hecho irreversible.

Fotograma de Rocaman

Foto: Tomada de la Muestra Joven Icaic.

Quizá por casualidad, la última edición de la Muestra puso a disposición del público una mezcla de viejas y nuevas maneras de construir, a partir de la tecnología.

En ese sentido, explicó Ramírez, premiado en la categoría de documental: “Hay una idea ficticia de que lo analógico cesó y no es así. Existe una escuela de cine experimental que siguió, desde la pasada década del sesenta en adelante filmando en analógico”. A las influencias de Maya Deren y Stan Brakhage, añadió otros realizadores, entre ellos Ben Rivers y Ben Russell, “que hicieron que esto continuara activo, aunque no haya sido un proceso mayoritario. Ahora vivimos un retorno, entre comillas, porque se filma en analógico, pero se digitaliza, se edita y exhibe en digital. Es un soporte más que no quedó en el olvido, aunque extremadamente caro, y eso hace que cierto proceder de registro sí se haya perdido”.

El principal espacio para tomarle el pulso a la creación cinematográfica emergente en Cuba también mostró la recurrencia a la técnica del stop motion en animación, independientemente del dominio del 3D Max que tienen algunos realizadores, según lo ratifican otros trabajos que han desarrollado. En documentales como El proyecto (2017) y La música de las esferas (2017), hubo asomos del 3D, incorporado a una poética de viaje al futuro, al pasado, de lento ensueño.

“Es que depende de la formación de cada cineasta”, subrayó Ramírez sobre la elección de las tecnologías en el cine joven cubano. No obstante, se añadirían, de acuerdo con los estudios recientes de la antropología visual y las proyecciones de esos días de concurso, la transformación cultural que experimentan como individuos en relación con esas herramientas y la orientación que les revelan en el transcurso de su creación.

Cambios en proceso

Aún distanciada de muchas dinámicas del cine contemporáneo, la producción más joven que se realiza en Cuba está buscando legitimar su actitud antropológica. Desde hace algún tiempo, estos cineastas intentan reconstruir las tramas entre grupos marginados y la sociedad.

El concepto detrás del Bisiesto, el periódico de la Muestra –refirió el diseñador Ariel Barbat–, fue recrear el mundo al que se accede a través de la mirada de estos creadores, “la ciudad que no se ve”. Más allá de la propuesta de transformación social inmediata que algunos insisten en pedir al cine, lo que sobresale es la intención reflexiva en torno a cambios imperceptibles y a la vez rotundos en la cultura, en la sociedad cubana. Como lo entiende el director de Los perros…, “el cine se convierte en una antropología experimental sobre las huellas que la humanidad va dejando”.

Desde esa perspectiva, se ha empezado a indagar, por un lado, en la contextualización de prácticas culturales globales, mediadas por las nuevas tecnologías. Por otro, en los efectos que estas últimas producen en los imaginarios sociales, lo que complejiza otros problemas, entre ellos, la desigualdad social y el hecho de vivir en una realidad mucho menos unívoca.

En el primer caso, se encuentra Cosplayer (2017). Su director, Orlando Mora, se interesó en mostrar la transfiguración de amantes del anime, el manga y videojuegos en personajes salidos de esos soportes y los performances que realizan en lugares públicos. “Creo que en Cuba estamos cada vez más cerca de las maneras alternativas en que se accede a diferentes productos culturales y al audiovisual de otros países, a pesar de las limitaciones tecnológicas. Por ejemplo, existe una gran red de intercambio en torno al audiovisual japonés, de animación específicamente, en la que intervienen organizaciones independientes como los diferentes grupos de cosplay”, contó el realizador.

Sorprendido por las nuevas relaciones y formas de asumir la vida que producen las tecnologías desde hace algún tiempo en el país, inició una búsqueda que desembocó, según dijo, en el mundo de espiritualidad y arte de una familia de cosplayers, recreado en su documental. Para Ernesto, uno de los entrevistados, la representación de dibujos animados ha sido otra manera de expresar un gusto de la infancia que ha retenido. Ahora también ha desarrollado diferentes manualidades para sus disfraces que, junto a la búsqueda de estos contenidos internacionales, su consumo y el relacionamiento con otros cosplayers por toda la isla caribeña, exponen una novedosa interrelación de hábitos y puentes culturales.

“Las historias están ahí. La cuestión es descubrirlas y visibilizarlas, si es que nos interesa”, añadió Mora.

Por su parte, Rocaman (2017), de Marcos Díaz Sosa, arrastra su discurso hasta la dimensión donde la necesidad tecnológica entra en conflicto, tanto con la carencia económica, como con los espejismos del desarrollo, proponiendo varias preguntas.

No obstante, mientras el tema de la tecnología en el cine internacional ya ha traspasado atmósferas futuristas, las aproximaciones desde aquí se adecuan más a una realidad que les otorga su propio tempo, como evidenció la Muestra. En todo caso, siguiendo el tono profético del director de Los perros…, lo importante es el registro, la interpretación de su tiempo, que va dejando el cine joven cubano. (2018)

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