¿Presos en la retórica de informatizar la sociedad cubana?

Varios hechos en 2015 matizan el panorama de la informatización de la sociedad cubana. La supuesta filtración de un documento rector de esa política en el país abre –o quizás cierra- un ciclo en materia de telecomunicaciones para Cuba.

Etecsa disminuyó la tarifa anterior de 4,50 CUC a 2 CUC, que aún sigue siendo elevada para la mayoría de la población.

Etecsa disminuyó la tarifa anterior de 4,50 CUC a 2 CUC, que aún sigue siendo elevada para la mayoría de la población.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Hace poco más de un año, el entonces director general de informática del Ministerio de Comunicaciones (MINCOM), Ernesto Rodríguez, en una entrevista con fines investigativos, señalaba: “hoy el tema de la informatización del país se está reordenando (…). Actualmente se está en un proceso de revisión, de re-evaluación de todas esas cuestiones estratégicas, de política, que en su momento tendrán una oficialización”.

Si bien el tono del diálogo tuvo un matiz confesionario, no había novedad en aquellas palabras. No había primicia, quizás porque desde los años 2000 la informatización en Cuba era eso: un proceso de reflexión, de evaluación, de forcejeo, un letargo.

A casi 12 meses de esa conversación, varios medios “alternativos” se hicieron eco de un documento de pomposo título: Estrategia nacional para el desarrollo de la infraestructura de conectividad de banda ancha en Cuba. A todas luces parecía burlarse el hermetismo del MINCOM. Si bien ilegítimo y extraoficial, resultó el material más actualizado en torno al futuro de Cuba en materia de telecomunicaciones.

Por más huérfano que se declarase el PDF que circuló –irónicamente- por la red de redes y luego, de USB en USB, los ciudadanos no podemos ignorar planteamientos a la altura de convertir los actuales servicios conmutados de baja velocidad en conexión de banda ancha durante 2015 y 2016, y mucho menos la voluntad expresa de alcanzar para 2020 no menos del 50 por ciento de los hogares con acceso de banda ancha a Internet.

La credibilidad del Resumen Ejecutivo, más allá de la falsa o intencionada filtración, se afianza en otros hechos, entre ellos el alentador pronunciamiento del Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel, durante el Primer Taller de Informatización y Ciberseguridad. Asimismo, otros sucesos estrictamente relacionados con el parteaguas que fue el 17D: las negociaciones de ETECSA con algunas compañías estadounidenses del sector y las reiteradas visitas de representantes de Google a la isla, estimulan las artes adivinatorias.

Si bien oficiosa, la Estrategia abre –o quizás cierra- un ciclo en materia de telecomunicaciones para el país. Pudiera representar una nueva etapa si se atiende al nivel de claridad y medición de las metas, al balance respecto a las posibilidades reales (infraestructurales) de Cuba para conectarse a Internet y, sobre todo, si se valora el reconocimiento explícito de la relevancia de las TIC en todas las actividades que involucran el desarrollo del país y, por tanto, el necesario acceso de la ciudadanía –y no una parte de ella- a este tipo de tecnologías. Se pasa de gestionar las carencias del recurso conectividad, a la pretensión de invertir en el sector.

Sin embargo, se refuta la novedad cuando se repiten desaciertos anteriores. En primer término, sobresale la opacidad con que los ciudadanos supimos de la existencia de tal plan. Tampoco en esta ocasión participó la sociedad civil en el diseño de esa política, al menos no en toda su extensión. Si bien el Taller de Informatización… pretendió el debate y la reflexión conjunta, solo involucró a informáticos y programadores, mayoritariamente. A estas alturas ya debería asumirse que definir estrategias de informatización es más que decidir sobre infraestructura.

En el propio documento se alude a un plan macro bajo el rótulo de Política Integral para el perfeccionamiento de la Informatización de la sociedad en Cuba. Esperemos entonces que esa política –pública, por cierto- sea discutida, deliberada, aprobada por la ciudadanía y las autoridades pertinentes. Confiemos en que se convoquen a otros sectores a tal (re)formulación. La educación, la comunicación y el ámbito jurídico resultan áreas, por ejemplo, que no pueden desligarse del proceso, sobre todo porque acceder a Internet es excesivamente mucho más que “tocar” el instrumento, es más que una sociedad cableada.

Si fuese este el documento rector de la política de informatización en Cuba, volveríamos a una política de acceso social no explicada ni suficientemente debatida, fruto de las consideraciones de unos pocos, resultado de eventos puntuales en los que es la instancia estatal la que define los requerimientos y vías de consecución, nunca la población con expectativas e intervenciones que necesitan ser reflejadas.

A la mitad de 2015, el debate de la informatización se resume en hechos aparentemente inconexos. No fueron fortuitas las palabras de Díaz-Canel: “existe la voluntad de poner la Informatización y la Internet al servicio de todos”, tampoco la Conferencia Internacional sobre Comunicación Política en el Palacio de Convenciones, en junio pasado, ni la poco mediática X Conferencia Internacional de Derecho e Informática de La Habana.

En este punto de (re)ajuste, de aparente vuelta de tuerca, la política de acceso a las TIC en Cuba exige clarificarse y formalizarse a un estatus legal superior. Es tiempo de contar con un respaldo jurídico que avale el acceso a Internet (y a la información, que eso supone) como un derecho ciudadano, no menor que el acceso a la educación, la cultura, el deporte… Mientras eso no suceda, se mantendrá la brecha de la incomunicación, la insatisfacción, la desinformación, el distanciamiento, incluso la confrontación. Los cubanos y cubanas seguirán reinventando sus modos de conectarse y acceder a la información. Las redes Wi-Fi alternativas, así como el mencionado paquete semanal, están para confirmarlo.

A estas alturas ya se sienten leves aires de conexión, varias zonas de conexión inalámbrica en lugares céntricos del país y la rebaja de los precios amortizan el panorama de (des)conectividad. De cualquier manera continúan siendo medidas privativas para la ciudadanía cubana.

Si bien en el limbo de lo extraoficial y lo tardío, la voluntad de generalizar el acceso a Internet reluce como el primerísimo de los pasos para informatizar –palabra tantas veces repetida a riesgo de perder su real significado-. Viene a ser un suspiro, una sentencia esperanzadora. No obstante, para una sociedad donde mucho menos de la mitad de sus ciudadanos accede a Internet en 2015, no basta con un esbozo conceptual, con un diseño, ni siquiera con el aliento de ensayos de conexión.

Un comentario

  1. Giordan

    Las comunicaciones en Cuba deben dejar de interpretarse como un ¨instrumento de sustentación de la ideología política en el poder¨ y considerarse un derecho inalienable del ciuadadano. El mismo precepto totalitarista que negaba la palabra a un sujeto en la asamblea porque tenía un criterio diverso al de la presidencia, es el que ahora se asusta ante las posibilidades que la INTERNET tiene para la comunicación dialógica y participativa. Hay que pasar del derecho a la información, cualquiera sea su fuente, tantas veces antes escamoteado, al derecho a la participación así estaremos en Cuba a tono, incluso, con las posturas comunicológicas de las izquierdas latinoamericanas.

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