Reforma migratoria: un derecho postergado

La derogación del permiso de salida para viajar fuera del país es uno de los temas migratorios más discutidos en la red y en la sociedad cubana actual.

Jorge Luis Baños - IPS

La libertad de movimiento es un derecho inherente a los ciudadanos de cualquier nación

Iris Alonso Cruz contó su historia alguna vez a quienes de cerca la veían esperar por un deseo casi imposible. Su esposo emigró hacia Estados Unidos desde hacía más de cinco años. Luego del divorcio necesario para que él pudiera viajar, ella comenzó a buscar vías para salir del país. Se casó con alguien que había ganado la lotería especial de visas que otorga el gobierno estadounidense, pero no resultó. Finalmente, contrajo matrimonio con un ciudadano panameño y, desde ese país, viajó a reunirse con su pareja.

Con historias parecidas viven en Cuba miles de personas que deben solicitar permiso de salida para visitar otro país. Familias divididas, historias de amor truncas, infantes que crecen sin sus familiares, contratos de trabajo o viajes de placer limitados conforman el panorama migratorio actual de la nación caribeña.

Germán Mora, usuario habitual de la red social Facebook, comparte junto a otras personas su historia, desde el grupo NO más “Tarjeta Blanca” o “Permiso de Salida”. “Me dicen desde Miami que a una cubana y a su hija se les negó el pasaporte para viajar a Cuba, porque emigró ilegal a Miami y tiene que esperar cinco años para poder ver a sus padres. Pero tampoco ellos pueden ir a verlas, porque no les dan permiso de salida. Qué leyes más injustas; estamos errados y, en vez de sumar, estamos restando y dividiendo”, considera Mora.

Max Lesnik, periodista cubano residente en Estados Unidos, apunta en una investigación publicada en la red Voltaire que, antes de 1959, existía la obligatoriedad de presentar dicho documento como requisito para salir del país. El 20 de septiembre de 1976, el gobierno cubano reformuló la medida, bajo la Ley 1312 o Ley de Migración, que exige a los ciudadanos con pasaporte corriente obtener el correspondiente permiso de entrada o de salida, otorgado por el Ministerio del Interior.

Desde el primer encuentro entre el gobierno de la isla y la comunidad cubana en el exterior, en 1978, este ha sido uno de los tópicos más abordados. Durante la cita de la Nación y la Emigración celebrada del 27 al 29 de enero de 2010, el debate trascendió hasta la red, donde los internautas aprovecharon los artículos publicados en la prensa nacional y las redes sociales para emitir sus opiniones.

Uno de los usuarios del diario Juventud Rebelde, al comentar la nota que anunciaba el evento, señaló la importancia del intercambio entre cubanos, sin tener en cuenta el lugar de residencia. “Si se pretende dejar verdadera huella, la agenda debería complementarse con la eliminación del permiso de salida, su existencia es obsoleta e indefendible en la actual coyuntura. Solo el diálogo respetuoso que conlleva consenso, sin temas tabú, nos hará crecer como nación”, añadió.

Los debates sostenidos por la población nacional durante la discusión, el pasado año, de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución provocaron la inclusión, en el documento final, de una disposición encaminada a “estudiar una política que facilite a los cubanos residentes en el país viajar al exterior como turistas”.

La historia de la migración en Cuba comenzó desde el siglo XIX, principalmente a Estados Unidos. En 1820 ya se contabilizaban mil criollos que residían en Norteamérica, cifra que no ha dejado de crecer a lo largo de los años.

La etapa más compleja en las relaciones migratorias entre ambas naciones tuvo lugar en 1994, durante la llamada “crisis de los balseros”. En ese periodo, alrededor de 32.000 cubanos abandonaron ilegalmente el país.

Actualmente, el gobierno de Estados Unidos debe procesar cada año un mínimo de 20 000 peticiones de visas para emigrar a ese país. No obstante, los datos reales de las personas cubanas que abandonan el territorio hacia cualquier destino son mucho mayores. Entre 2004 y 2009 han oscilado entre 32.000 y 36.000 personas, con una tasa de migración externa del 3,3 por ciento, según cifras publicadas por la Oficina Nacional de Estadísticas.

Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad de La Habana y miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, declaró en una de las sesiones del programa “Con dos que se quieran”, de la televisión estatal cubana, que “por sí misma la migración no tiene que ser considerada, y más hoy, un evento estrictamente político. Es un tema económico, es un tema familiar, o es un tema opcional. Eso hay que respetarlo profundamente y creo firmemente que todo lo que limite, todo lo que dificulte ese libre ir y volver, es algo que debe extinguirse”.

Actualmente, el grupo en Facebook que pide la eliminación de la “tarjeta blanca” o permiso de salida cuenta con 1067 miembros. Más de 11.000 opiniones durante el debate de los lineamientos se pronunciaron sobre la reformulación de la política migratoria cubana.

Para José Agustín Proenza, la “tarjeta blanca” ha creado “una industria del burocratismo restrictivo, (…) producto de un sistema que algún día fue creado para proteger y controlar algo, pero la vida es movimiento sin frenos, y esto es uno de los buenos ejemplos (…) no es lo mismo que otro decida quién entra en su casa, a que otro decida si puedes salir de tu propia casa”.  

En este sentido, Angel A. Rodríguez Mustelier, fundador del grupo NO más “Tarjeta Blanca” o “Permiso de Salida” expresa que la revocación de esta ley es una actitud progresista. “No hay que ser contrarrevolucionario para defender por qué medidas como estas deben ser finalmente canceladas (…) Todos tenemos derechos, para muchos es un anhelo el poder hacer vacaciones en otros países, el conocer y contrastar otras realidades. Creo que cada persona debe tener la libertad de escoger qué ‘lujo’ desea darse. Ya sea un teléfono móvil, una semana en un hotel en su país o visitar Machu Picchu al sur de Perú”.

La libertad de movimiento es un derecho inherente a los ciudadanos de cualquier nación. El proceso de estudiar una política para permitir los viajes al exterior debe realizarse con celeridad y transparencia, como parte de las reformas económicas y sociales que se llevan a cabo actualmente en el país.

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