Una moneda sin cambio

La disparidad de la sociedad cubana se ha acrecentado notablemente en los últimos años, entre otros factores por la división en el poder adquisitivo que representan las dos monedas circulantes.

Archivo IPS Cuba

La eliminación de la dualidad monetaria no dependerá de una decisión administrativa, sino del nivel de fortaleza y eficiencia económica

Entre ajustes, reformas y contrareformas, nuevos socios, crisis y mercado se debate la economía cubana, “hecha a mano”, como la han caracterizado sus propios estrategas. Para otros, se trata de un complejísimo rompecabezas. Múltiples soluciones se han intentado a lo largo de los últimos 20 años, aunque no todas han resultado como se esperaba.

Entre las transiciones más solicitadas por la ciudadanía figura la unificación monetaria, un proceso dilatado hasta lo insoportable. El interés popular se hizo visible durante la discusión de los Lineamientos de la Política Económica y Social del país, en 2010, y ha permanecido en la agenda de blogueros y usuarios de Internet, aunque el gobierno no ha aclarado el plazo ni las formas en que podría producirse la eliminación de esta normativa.

La influencia que ejerce la dualidad monetaria en la desigualdad económica entre los cubanos con acceso a divisas (a través de remesas y el turismo) y la mayoría de la población carente de esa posibilidad (más del 50%) es una realidad patentada por especialistas y estudiosos de la economía nacional. Estas diferencias son aún más visibles en lo que respecta al acceso a servicios como recreación, viajes, transporte y comunicaciones, afirma Omar Pérez Villanueva, Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de la Habana.

El peso cubano ha sido la moneda nacional histórica tras su puesta en circulación en 1914. Desde esa fecha y hasta 1948, circuló con paridad de uno por uno con el dólar. La tenencia de la moneda estadounidense fue ilegal entre 1961 y 1993, cuando se volvió a dolarizar la economía por el desequilibrio financiero experimentado tras la caída del campo socialista. El peso convertible (CUC) se emitió por primera vez un año más tarde y retomó el tipo de cambio de uno por uno con el dólar, que protagonizó el comercio interno por una década. No fue hasta 2004 que se inició el proceso de desdolarización vigente, con la circulación del peso cubano (CUP) y el CUC.

Para Alejandro Armengol, uno de los analistas que desde Estados Unidos examina el panorama cubano, “la doble moneda trata de esquivar la realidad y actúa como un enmascaramiento del problema que representa el reducido valor del peso cubano frente a las divisas internacionales”.

Otro de los problemas de fondo, según el Dr. Osvaldo Rodríguez, lo constituye la limitada oferta de bienes y servicios que pueden ser adquiridos en CUP frente a las necesidades vitales del pueblo cubano, una gran parte expresadas en CUC. El presidente de la Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento cubano asevera que “la molestia mayor no es operar dos tipos de instrumentos de pago, sino la devaluación de la moneda en la que se remunera el trabajo”.

El debate en torno a este complejo tema ha trascendido la esfera oficial para convertirse en uno de los más cuestionados en el entorno digital de la isla. El Taburete destaca en su espacio que, primeramente, deben crearse las condiciones económicas para un cambio natural. “Estoy de acuerdo en que habría que tomar algunas medidas que recuperen las arcas del Estado, en forma de impuestos o de otra manera, la cantidad de dinero que se mueve en los servicios que ofrecen los particulares y quizás regular ciertas actividades”, manifiesta.

En una segunda intervención es mucho más agudo al plantear que “para debatir en profundidad habría que dar datos reales, por ejemplo, de los recursos que se gastan-invierten-desvían en mantener una segunda moneda de cambio, (…) pero en definitiva no creo que Cuba necesite dos monedas y sí creo que esto genera amplias desigualdades entre la clase trabajadora que tiene acceso a la moneda convertible y la que no”.

“Aumentar la producción interna, desarrollar la iniciativa del pueblo bajo control e impuestos, siendo y sintiéndose dueños y responsables de lo que venden, elaboran o fabrican” son algunos de los puntos que deben ser considerados, opina Noel S.F, quien además adjudica “todo el beneficio de la doble moneda al gobierno, la economía sumergida y los especuladores”.

También del lado de las soluciones, el profesor universitario e investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana, Dr. Pavel Vidal, asegura que las condiciones cambiarias requeridas para el cese de la doble circulación monetaria deben contemplar la devaluación del tipo de cambio oficial, unificar ese tipo de cambio con el tipo de cambio de las tiendas Cadeca (para el público) y darle convertibilidad al peso cubano en el segmento empresarial, al permitir que las instituciones puedan comprar divisas con sus ingresos en pesos cubanos. Aunque “estas medidas no serán una ‘solución mágica’ para elevar los salarios o generar riquezas y podrían generar desabastecimiento”, expresa.

En diálogo con varios ciudadanos -de los que mensualmente deben convertir más del 20% de sus salarios en CUC para adquirir productos básicos-, algunos coincidían en que resulta intrascendente si la dirección del país se decanta por el peso cubano o el convertible, lo verdaderamente importante es que exista una moneda única que permita equilibrar la oferta con la demanda, sin consecuencias negativas para la población o la dirigencia política.

La eliminación de la dualidad monetaria no dependerá de una decisión administrativa, sino del nivel de fortaleza y eficiencia económica, sostiene el Dr. Vidal, pero sin lugar a dudas sumará “beneficios al desarrollo de la economía cubana y por ende a la paulatina solución de muchas de las carencias y dificultades que hoy nos agobian”, concluye.

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