Comunidades imaginadas antes y después de Internet

Las personas que bloguean provocarán reflexiones sobre las potencialidades de la red a partir de una agenda personal.

Archivo IPS Cuba

Yasmín Silvia Portales, autora del blog

Dicen que hubo un tiempo sin chats, sin Facebook y hasta sin Yahoo, en que las cosas no se buscaban en Google, sino en las bibliotecas públicas, y los hechos se hacían rumor sin la ayuda del celular, por teléfonos fijos –que en esa época no tenían apellido–, engañosos telegramas y relatos de viajantes. ¿Qué cómo se encontraban la gente en ese pasado remoto? Escribían cartas –una especie de email a mano que ahora se exhibe en los museos–, se organizaban para hacer periódicos y revistas –no fanzines y blogs– y hablaban en la parte de atrás del aula sin importar la materia que dictaran al frente (como siempre ha sido y siempre será).

Ese pasado remoto duró mucho tiempo, pues entre la invención de la escritura y el nacimiento de Arpanet pasaron al menos 5.000 años, pero las palabras asociación, libertad, autonomía, crítica, aparecieron casi de inmediato en los múltiples lenguajes que nacieron de Babel y fueron puestas en operación, devinieron segunda naturaleza de diversos grupos, orientaron sus acciones, su legado, el modo en que educaban a su descendencia.

Entonces, vale la pena aclarar que la revolución es anterior a las redes sociales y absolutamente posible sin ellas porque, como antes, las batallas se seguirán haciendo, en última instancia, con la carne y la sangre de explotados y explotadores. Por ello, para quienes no quieren dejar más huellas que sus acciones (inesperadas) contra el poder, más les vale abstenerse de su uso.

Al mismo tiempo, las ventajas tecnológicas de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs) cambiaron una dimensión del juego político: la velocidad. Es innegable que las mentiras a favor y en contra de las revoluciones circulan hoy más rápido que hace treinta años, pero ¿ya estamos ante un cambio cualitativo en la sociabilidad y los modos de organizar las redes de acción? Al menos en Cuba, está cambiando un elemento básico: quiénes ejercen el debate social, en lo que respecta a cantidad y origen social.

La paulatina penetración de internet y la web 2.0 en la sociedad cubana ha abierto un nuevo espacio para establecer debates sin la limitación de los medios impresos. Si bien la democratización implícita en las premisas ideales de la red –participación igualitaria, con mínimo de recursos económicos y sin limitaciones temporales o geográficas– aún no se realiza en Cuba por el desigual acceso a sus aplicaciones en la sociedad, quienes acceden ejercen su derecho a la polémica a contrapelo de limitaciones que imponen los problemas de conectividad del país.

De acuerdo con la Internet World Stats, la cifra de penetración de la red en Cuba es de un 11,5 por ciento. O sea, de los 11,2 millones de habitantes de la isla, solo 1,3 millones se conectaban a la red de redes o su versión nacional, la intranet. Para situar las cifras en contexto: Cuba estaba entre los 120 países por debajo del 23,8 por ciento de penetración de internet, el promedio mundial de entonces. Para completar el cuadro, la Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba afirma que en 2009 solo 5,8 por ciento de la ciudadanía usó el correo electrónico y 31,4 por ciento tuvo acceso a una computadora.

Los datos más recientes que ofrece la Internet World Stats sobre el acceso a la red de redes en América Latina y el Caribe datan del 30 de junio de 2010. En esa fecha, a Cuba se le atribuyó un índice de 14 por ciento de penetración, equivalente a 1,6 millones de usuarios –no se sabe cuánto corresponde a internet o a intranets diversas–, para un crecimiento de 2,5 puntos porcentuales. Así nos ubicamos en el “honroso” trigésimo primer lugar dentro de los treinta y cinco territorios independientes de la región, más Puerto Rico. Estamos por delante de Honduras (12%), Bolivia (11,1%), Haití (10,4%) y Nicaragua (10%).

Más allá de la respuesta retórica: en Cuba las inversiones para el acceso a la red están condicionadas por las restricciones económicas del Estado y el criterio de implementación de su objeto social, está el hecho de que comparar nuestros números con los de América Latina es falso, en tanto la formación educacional y expectativas sociales de nuestra población no se parecen mucho a las naciones vecinas. Acaso un análisis más mesurado de los índices de acceso a la red de redes deba pasar por la consideración crítica de que tenemos una población libre de analfabetismo y mayormente graduada de nivel secundario -como Islandia, Noruega o Suiza, que están entre los cinco países con mayor índice de penetración del mundo-, pero la economía no levanta presión por el bloqueo estadounidense, la mala gestión interna y el empeño de los ciclones en pasar por acá.

Con todos estos contra, el Registro Nacional de Publicaciones Seriadas ha fichado 244 publicaciones digitales editadas en Cuba, a las que se suman 160 versiones electrónicas de publicaciones en papel. Estos 404 boletines o revistas tienen las más diversas temáticas y son la punta del iceberg (cuántas más circulan sin las debidas legalizaciones, es un misterio). Al mismo tiempo, la blogosfera nacional crece y se hace compleja: Blogalaxia tiene inscritos casi 400 blogs cuyo tema central es Cuba, pero la investigación de Algodar y reflejada en la lista de enlaces de su espacio “Blogs sobre Cuba” da fe de 1.144 bitácoras registradas entre noviembre de 2007 y septiembre de 2010. Muchas de estas iniciativas no están activas, pero… ¿de dónde son tales cantantes?

También en 2009 se hizo la Primera Encuesta sobre la Blogosfera Cubana, investigación que logró hasta ahora reunir los datos estadísticos de los blogs sobre Cuba y quienes los escriben en todo el mundo. Los resultados de este proyecto fueron presentados en el encuentro “Blogueando a Cuba” (Palma de Mallorca, 14 al 16 de agosto de 2009), organizado por “un grupo de blogueros emprendedores, dispersos a los dos lados del Atlántico, dedicándole tiempo y energía personal” con deseos de conocerse, debatir y compartir. Aunque podamos sospechar de sus sesgos –¿de dónde vino el dinero?–, sus aportes no han sido desautorizados o complementados en publicaciones nacionales.

Entre el 29 de mayo y el 30 de junio de ese año, un equipo voluntario de cinco personas puso al alcance de quienes administran el ya referido millar de bitácoras, un formulario de casi 100 preguntas para abordar seis temas generales: conexión a internet y dispositivos electrónicos, blogs y blogging en general, la construcción de los blogs y el uso de las tecnologías, modos de construcción de la identidad a través de los blogs, datos demográficos para estadísticas generales y Cuba.

De 838 avisos se obtuvieron 241 respuestas, 236 válidas. Tras considerar las limitaciones inherentes a la muestra (se conocen los blogs, no a sus bloggers y no hay modo de saber cuántos de los blogs han sido localizados), se calculó que esas 236 respuestas equivalían a un 84.49 por ciento de participación del universo conocido. El informe completo está disponible, pero me interesa resaltar que, de quienes respondieron, un cuarto residimos en Cuba: 57.

Desde mi punto de vista, la negativa a participar en la encuesta revela una implícita resistencia de quienes bloguean en el espacio interno a establecer intercambios con “los otros”. Una parte de la blogosfera nacional reproduce entonces, el estéril enfrentamiento frontal con todo lo que produzca la comunidad emigrada. Así, el conflicto Cuba-Estados Unidos distorsiona una valiosa investigación e impide saber cuáles son las verdaderas diferencias entre quienes escriben de Cuba a un lado y otro del mar.

De todos modos, tanto la encuesta del equipo de Aguaya como los índices de la intranet reflejan que la baja conectividad de Cuba no cambia de modo esencial el impacto de internet en la circulación y debate de las ideas respecto al resto del mundo. No debemos perder de vista que la web, en especial su generación 2.0, ha puesto en jaque el monopolio del conocimiento para terror de las elites de poder de todo el planeta –los efectos de Wikileaks no son solo por las revelaciones, también por el ejemplo-. En nuestro país, este crecimiento de espacios para la publicación y el debate ha tenido numerosas implicaciones. Mencionaré algunas de sus vertientes internas y externas:

Desde dentro, estos aportes permiten ver:

1) la pluralidad de opiniones que los más variados temas suscitan,

2) cómo las nuevas generaciones se enfrentan críticamente al proyecto social nacional,

3) de qué medios se valen para establecer soluciones autónomas a los problemas objetivos y subjetivos que lastran nuestro desarrollo,

4) reflexionar sobre los problemas que afectan al país y establecer foros de crítica a las medidas gubernamentales casi en tiempo real.

Hacia fuera, la avalancha de blogs, sitios de noticias y boletines digitales ha:

1) diversificado la imagen de la sociedad cubana, haciendo más completa y compleja su percepción,

2) dado visibilidad a sectores sociales con intereses que se inscriben fuera de las referencias al conflicto Cuba-Estados Unidos y las posiciones políticas tradicionales de la “izquierda” y la “derecha”,

3) destruido el mito -que nunca fuera muy creíble- de que la unidad monolítica de criterios era una de las armas imprescindibles en la defensa del socialismo en la arena internacional,

4) restablecido la legitimidad del ejercicio de la polémica como herramienta de quienes defienden o critican al gobierno cubano.

Por lo mismo que dinamita los límites temáticos y materiales, la naturaleza de la red abre el diapasón sobre quiénes pueden proponer u opinar y qué es pertinente preguntar o proponer. Ello genera el potencial de que las estructuras sociales reciban críticas y aportes sistemáticos de quienes las usan, en beneficio de la sociedad, y obliga a repensar las estrategias de control y análisis social, para quebradero de cabeza de quienes no creen en la transparencia y la honestidad.

Conceptos como “cultura” y “comunicación” deberán ser repensados, mientras que la WWW deviene arena de enfrentamiento ideológico sobre sexismo, racismo, regionalismo, capitalismo, autoritarismo y otros tópicos. Ya que la cooperación popular internacional y la creación de comunidades móviles –aunque prefigurada desde inicios del siglo XX– tiene sustento tecnológico en esta revolución del nuevo milenio, una nueva era se abre para los modos en que resistencias, derechos y alternativas serán construidos, socializados y perseguidos.

Con sus testimonios o análisis críticos, las personas que bloguean provocarán reflexiones sobre las potencialidades de la red, no solo para debatir la lógica social heteronormativa que nos acompaña –en tanto producto de una sociedad homofóbica, patriarcal, racista y capitalista en términos hegemónicos–, sino para defender una agenda política personal a través de las potencialidades de internet.

La primera versión de este texto fue realizada para la Mesa temática “Redes de género para resistir a los capitalismos”, del V FORO SOCIAL del OBSERVATORIO CRÍTICO, el 26 de marzo de 2011.

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