Identidades Digitales en Facebook: ¿quiénes somos en la red?

Facebook es una de las redes sociales más populares para los usuarios conectados en el mundo. Su impacto ha sido tal, que puede hablarse de las relaciones interpersonales antes y después de ella…

Ana está sentada frente a la pantalla. La luz azul metálica le ilumina todo el rostro y una taza de café claro descansa sobre el posavasos. Dentro de su cuerpo burbujean las mariposas, enlaza las manos y chasquea los dedos. A solo un clic de la escena, Ana abre su navegador favorito y teclea frenética: (www.facebook.com-User Name-Password). Listo. ¿Quién serás esta noche?, se pregunta mientras el scroll de su mouse intenta hallar un punto de partida.

Facebook es una de las redes sociales más populares para los usuarios conectados en el mundo. Desde su aparición en 2004, la red ha logrado construir un universo virtual en el cual las personas han encontrado el espacio idóneo para mostrar a su red de contactos la imagen de sí mismos que les interesa publicitar.

Su impacto ha sido tal, que puede hablarse de las relaciones interpersonales antes y después de Facebook; un mundo apenas explorado y con enormes potencialidades para convertirse en escenario importante de la comunicación humana.  

Y no es solo un software. De sobra lo saben quienes tienen la posibilidad de “loguearse” con frecuencia en esa red social. En los últimos años el gran directorio de caras ha llamado la atención de académicos e investigadores por el ritmo particular que han ganado las relaciones personales en esa red.

La vida de las personas y su huella en el mundo casi se resumen a un cúmulo de trazas en los timelines de repositorios como Facebook y Twitter; sitios que de manera progresiva se han ido ajustando a las necesidades de comunicación de sus usuarios.

Haciendo a un lado la discusión sobre las brechas, un segmento importante de la población mundial de nuestros días no concibe la vida off-line, mucho menos off-facebook, especialmente los jóvenes; quienes se han apropiado de esta plataforma para –sencillamente– existir. Los usuarios más activos en Facebook son en su mayoría nativos digitales, personas que saben cómo y para qué fines usar la red.

Dentro de esta población hay plena conciencia de la “publicidad” del medio y las enormes potencialidades que una plataforma de este tipo ofrece para el marketing personal.

Sin dudas, uno de los fenómenos más singulares que hoy tienen lugar en “la red” es el “identity management” o “gestión de identidades” en su traducción al español. ¿Para qué estar en Facebook? Las respuestas a esa pregunta podrían ser tan variadas como universos individuales existan; pero lo cierto es que las prácticas en esos espacios maduran al ritmo de los bits.

Ya no se improvisa tanto como al principio; aquellos años en los que la caja azul era un gran signo de interrogación, y se estaba, sí, pero como se está en un sitio desconocido: coqueteando con las formas, probando herramientas, en definitiva, reconociendo.

Hoy Facebook continúa siendo un mundo por descubrir, pero una década ha servido para consagrar rituales tan propios como cuando se va al cine: se sabe que en algún punto habrá que comprar las palomitas y sentarse de frente a la pantalla a disfrutar de la película. Pues bueno, en Facebooklandia la película corre a cuenta de los propios usuarios.

Se trata de una red en la cual se está todo el tiempo construyendo un personaje; interpretando un rol que no por su naturaleza “construida” deja de ser real. Es la versión “mostrable” de la identidad: un poco de performance por aquí y otro por allá no hacen daño a nadie.

“[…] esperamos que las personas en Facebook muestren sus esperados posibles “yo” en lugar de sus “verdaderas” u “ocultas individualidades”, apuntaron los investigadores Shanyang Zhao, Sherri Grasmuck y Jason Martin en su artículo “Identity Construction on Facebook”.

En esto consiste el “identity management” en redes sociales de Internet; un concepto que está llamando la atención sobre fenómenos que de manera espontánea están teniendo lugar en la web para distinguir a las personas en la red.

Decir lo que gusta y lo que no en función de agradar a la red de contactos trae consigo un componente importante de auto censura que va dictando qué tipo de persona se debe ser y cómo es preciso comportarse ante la ciber-sociedad, algo así como un manual de protocolo que ayuda a ser, en mayor o menor medida, compatibles con los amigos en la red.

En su libro “El show del yo”, la comunicóloga argentina Paula Sibilia apunta que “[…] los modos de vida contemporáneos nos llevan a calcular, estudiar, ensayar y enmarcar nuestros propios gestos cotidianos, como si se tratara de proyectarlos siempre en alguna pantalla”.

La gestión de identidades online lleva a los usuarios a adoptar estrategias específicas de auto presentación, a medir las posibles consecuencias de cada comentario o foto publicada. Los perfiles son un mundo, más que eso, un escenario desde el cual todos miramos al otro, lo radiografiamos y decidimos si nos interesa o no ser parte de los trending topics que cada día Facebook se ocupa de organizar en sus timelines.

En Facebook, la red de contactos se compone de una muestra heterogénea de personas que pueden o no ser conocidos en el mundo físico: familiares, amigos, amigos de amigos, colegas, etc. Teniendo esto como premisa, sería interesante preguntarse a qué criterios responde entonces la gestión de identidades en las redes sociales de Internet.

¿Para quién se actúa? ¿Para los amigos? ¿Para la familia? ¿Cómo lograr que cada comportamiento satisfaga las necesidades de los sub grupos que forman parte de la red? No hay una respuesta definitiva a estas cuestiones, pero podemos afirmar que la construcción de identidades digitales supone una complejidad que pasa por variables como: qué le interesa a los usuarios hacer visible sobre sí mismos y cómo logran adoptar las estrategias de privacidad adecuadas para limitar el alcance de esos contenidos.

Es aquí donde las funciones de “bloqueo” y “restricción de privacidad” entran a la escena. La red brinda la oportunidad de elegir con quiénes las personas se relacionan y, dentro de ese grupo, decidir quiénes pueden tener acceso a contenidos específicos dentro de esa gran marea de significados.

En resumen, todo esto conduce a pensar el modo en que se establecen las relaciones con los otros a través de las redes. Facebook llegó para quedarse como uno de los sitios de intercambio más populares de la web y las estrategias de auto-presentación están siendo cada vez más maduras y propias.

Llámese como se llame: auto-publicidad, cultivo de perfiles, entre muchas otras denominaciones, la gestión de identidades online es un hecho, cada cual sabe quién es, quién quiere ser, se trata solo de dar el clic y ¡zas!: “su contenido se ha publicado satisfactoriamente”.

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