Apuntes de la Cuba profunda

Entrevista a Giselle Morales, periodista y bloguera cubana.

Las respuestas de Giselle Morales a las siguientes preguntas son joyas de contundencia y sensatez. Pero la contundencia y la sensatez, incluso cierta finura, parecen atributos inherentes a esta periodista y bloguera espirituana.

Cuba profunda, su bitácora, da muestra creciente de ello. Pocos espacios personales hay en la Cuba de hoy que mantengan un nivel tan alto de regularidad, de acierto en la diana, sea cuales sean las aguas en las que la autora se mueva.

Todo, además, dicho con la claridad de quien sabe que el país profundo está ahí, a flor de piel. Solo hay que voltearse y mirar. Pero mirar de verdad.

Dices, en la presentación, que el blog se hizo para la catarsis cotidiana, pero una breve ojeada lo desmentiría. Parece mucho más reflexivo y responsable que catártico. En definitiva, ¿cómo lo concibes?

Comenzó siendo, efectivamente, catártico, cuando lo abrí allá por septiembre de 2011 y aún no tenía del todo claro cómo se asume un blog. Luego me fui percatando de la dosis de responsabilidad que había contraído por mi libre y espontánea voluntad para con lectores que, en su mayoría, ni siquiera conozco y que esperan algo más que un diálogo con mi ombligo.
De manera que empecé a moderar las catarsis al punto de que, actualmente, sopeso bastante los temas que llevo al blog, lo cual no quiere decir en modo alguno que no publique de vez en cuando materiales salidos al calor de un exabrupto, sin dejar sedimentar las emociones. De hecho, son esos, los viscerales, los textos que me dejan más satisfecha.

Cuba profunda transita básicamente entre el comentario y la crónica. ¿Qué escoges de cada cual? ¿Qué se te hace más difícil en cada uno de ellos? ¿Qué detalle, por ejemplo, te indica cuándo problematizaste justamente lo que querías comentar, o cuándo la crónica alcanzó esa categoría, la categoría del misterio?

Ahora debo teorizar sobre algo que suele dirimirse en el subconsciente. Me sucede a veces que intento escribir un comentario y termina mezclándose con la crónica o viceversa, o me sale un híbrido que se resiste a la clasificación.
Hay temas, por ejemplo, que casi traen el cuño del comentario porque son problemáticos en sí: los cambios en el modelo económico cubano, las incongruencias de la realidad social que ahora mismo vive el país, la aplicación —cuestionable a veces— de la política cultural…; otros, más sentimentales, intento abordarlos desde la crónica, aunque respeto demasiado ese género y a los formidables cronistas que ha tenido y tiene Cuba hoy, como para asegurar que he logrado domesticarla. Creo, sin prurito alguno de falsa modestia, que en la crónica me ha sido esquiva la categoría a la que la pregunta se refiere, la categoría del misterio.

¿El blog es prioridad o es el repositorio de los temas que no puedes publicar como periodista del periódico Escambray? ¿Es lo uno y lo otro, o esta pregunta no tiene sentido?

Tanto la selección del tema como el tono en que escribo para el blog obedecen a lógicas independientes de mi trabajo para Escambray, donde además, desde hace unos años, me desempeño como subdirectora. Intento, al menos, mantener esa independencia; la defiendo.

Por otra parte, el concepto de “poder” publicar en el periódico sobre determinados temas álgidos o susceptibles a la censura no me quita demasiado el sueño porque Escambray lleva tiempo luchando contra esas talanqueras. La prueba es que no pocos de los posts que subo a Cuba profunda terminan siendo reproducidos en las ediciones impresa y digital del medio, lo cual me satisface muchísimo más porque pueden ser leídos por el cubano de a pie, ese que no tiene ni idea de la pluralidad de enfoques y criterios que aparecen hoy en la blogosfera cubana.

¿Cómo es la rutina de publicación? ¿Cada cuánto tiempo sientes que precisas postear? ¿Cómo sabes cuándo tienes un post en la mano?

Desde las primeras publicaciones en el blog, cuando Cuba profunda era apenas leída por los amigos más cercanos, me puse la soga al cuello de escribir todos los miércoles y he intentado desde entonces ser fiel a semejante compromiso. En una época en la que se vulnera tanto la palabra empeñada, he tratado de cumplir conmigo misma y, créeme, que puedo contar con los dedos de una mano los miércoles en que no he publicado ni siquiera una nota de disculpa. Pero, ejercicio sistemático al fin, puede llegar a ser desgastante, sobre todo cuando es martes en la noche y todavía no agarro el tema por las barbas.
Por el contrario, en ocasiones tengo el post clarísimo desde mucho tiempo antes y es solo cuestión de sentarme a cocinarlo. Yo lo he confesado en algunos trabajos: los recurrentes viajes entre Sancti Spíritus, donde vivo y trabajo, y Sagua la Grande, donde tengo a toda mi familia, son fuentes inagotables de temas; las más insospechadas situaciones cotidianas; las veleidades de la televisión nacional… De hecho, escribí un texto que comenzaba así: “Esto me da un post”.

¿A qué otros blogs te sientes cercana?

No tengo tantas horas de lectura acumulada en la blogosfera; ni siquiera formo parte de ese grupo que se llama precisamente así: Blogosfera Cuba —no porque difiera de sus postulados, sino porque creo que ya pertenezco a suficientes organizaciones—, de modo que cualquier referencia a los blogs que me son afines parte de mi escasez de miras.

Salvado este punto, confieso mi predilección por Genealogía del Nictálope, la bitácora que mi amigo Maikel González Vivero ha logrado mantener contra viento y marea y que, a estas alturas, ya me resulta imprescindible; Isla nuestra de cada día, de Carlos Luis Sotolongo Puig, cuya capacidad para sopesar lo esencial me desconcierta; o Alejo3399, un espacio en el que su autor —a quien no conozco personalmente— satiriza la realidad tan descarnadamente que llega a doler. Más que los blogs en sí, me identifico con la cosmovisión de estos blogueros y de otros muchos, eventualmente.

¿Es el blog un juego que ha derivado en responsabilidades, una responsabilidad que ha adquirido cierto carácter lúdico, o es, desde el inicio, un cruce de ambas?

Un cruce de ambas. Repito: asumo el blog con mucha responsabilidad, con una devoción casi sacerdotal, pero lo disfruto en la misma medida. Al principio no creí que ese espacio podría darme tanta satisfacción y ahora no concibo mi desarrollo profesional sin él. El ejercicio diario de abrir el panel de administración, ver las barras de visitas creciendo y los comentarios de los internautas, que multiplican exponencialmente las lecturas del post; esa sensación de independencia, de estar construyendo mi propia política editorial es, sin dudas, lo que más le agradezco a estas arenas movedizas de la blogosfera.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.