Cuba vista a las seis, “un animal de palabras indomesticable y descomunal”

Entrevista exclusiva con Leandro Estupiñan, bloguero cubano que prefiere pasar inadvertido…

Leandro Estupiñan, autor del Blog Cuba vista a las seis.

Leandro Estupiñan, autor del Blog Cuba vista a las seis.

Foto: Leandro Estupiñan, autor del Blog Cuba vista a las seis.

Leandro Estupiñan decidió llamarle a su blog “Cuba vista a las seis” porque es amante de ese horario en que el sol se está yendo o llegando. Sin otra política informativa que ciertos golpes sensoriales y el deseo de escribir para quien quiera conocer la opinión de un tipo común, confiesa que le interesa mucho el tema de la cultura, porque le gusta la ficción y porque “la cultura, al fin y al cabo, lo es todo”.

Cuba 2.0 conversó con este bloguero nacido en Holguín y que, si de escribir se trata, prefiere imaginar su blog como un periódico o revista de papel, en los que siempre se habla en tercera persona.

En tu blog te declaras periodista, escritor, locutor, actor… ¿en qué momento te inicias como bloguero? ¿En qué sentido un blog puede ser el espacio en el que seas (o te sientas) todo eso al mismo tiempo?

Primero debo decirte que soy bloguero en la medida en que, por tener una guitarra, pueda considerarme guitarrista; o proyeccionista de cine, dado que tuve un proyector de microfilmes, como casi todos los de mi generación. Considero que un blog es solo una herramienta, el medio al que me asomo cuando tengo ganas y porque lo que escribo en él no tengo espacio para publicarlo en otro lado.

Si existiera un sitio que permita artículos extensos o cortos, según el estado de ánimo, sobre cualquier asunto hasta donde la inteligencia lo permita, pues lo prefiero. En ese sentido soy bastante tradicional. Prefiero los medios clásicos, los periódicos y las revistas, en papel… y si favorecen la economía, mejor. Me gusta imaginar el blog como una publicación de ese tipo. A fin de cuentas, son diarios personales y yo nunca he llevado diarios. Eso implicaría el uso de una escritura íntima, demasiado personal. Y yo prefiero la tercera persona, la verdad.

Lo del blog empezó hace años, cuando en el periódico al cual llegué, luego de graduarme, los impusieron. Dijeron que cada periodista debía tener uno, de modo que luego de dar vueltas y quejarme, abrí el mío bajo el juramento de que solo comentaría temas de los cuales sintiera necesidad de escribir. Por eso tuve algunos encontronazos, por referirme a temas que disgustaban, por sugerir otros blogs que no eran bien vistos, por no hablar de lo que hablaba todo el mundo. Luego me dieron por imposible.

Creo que uno nunca puede ser un pedazo de sí mismo, creo. No puedes esquivar lo que al final has sido. Soy el resultado de todas esas profesiones a las cuales algo debo, y a las que llegué siendo un niño. En la radio crecí. En la emisora provincial de Holguín aprendí de la vida, la sociedad, de la cultura y de la gente. Además, me entrené en los oficios y profesiones del medio. Estudié electrónica en un politécnico, donde seguramente mi personalidad fue incorporando detalles que no habría encontrado en otro lugar. El cierre de esa etapa ocurrió en la Universidad, donde al llegar me dije: “Este es el lugar donde siempre había querido estar”. Luego vino el trabajo en un semanario: ¡Ahora! Un lugar donde ha laborado gente muy talentosa. La suma de esos aprendizajes se pone de manifiesto no solo en el blog, sino en todo lo que escribo.

¿Por qué Cuba vista a las seis? ¿Qué hay de especial en ese horario del día?

A las seis porque me gusta ese horario en que el sol se está yendo o está llegando. Disfruto los amaneceres y los atardeceres porque en ellos se produce una transmutación de las ciudades, de los objetos, que por la iluminación y la gente que llega o se retira adquieren una connotación casi misteriosa. Probablemente me guste más un amanecer que un atardecer, sin caer en interpretaciones y metáforas. Simplemente por el color y el clima. Por eso el título del blog, aunque algunos hablen de influencias de ciertos escritores y poetas a los que admiro.

Dices en tu presentación que escribes cuando se te ocurre y en un blog cuando tienes ganas ¿Cómo es ese proceso de creación? ¿Cuándo sientes necesidad de escribir en el blog?

Si veo o escucho algo que me impacte, pues me siento a escribir y lo publico enseguida. Cualquier asunto. No tengo más agenda ni política informativa que ciertos golpes sensoriales. Me interesa mucho el tema de la cultura, quizá porque me gusta escribir ficción y además la cultura era el tema del cual fui responsable en el periódico, y porque cultura al fin y al cabo lo es todo.

Entendido así, en el blog puedo abordar cualquier asunto. Un día comento una foto que ha tomado una amiga y al otro evoco el trabajo de un actor que hace mucho se fue del país y del cual algunos no se acuerdan. Lo hago porque de repente siento ganas de hablar de algo que forma parte de mi mundo sentimental, que al final es el de mucha gente. Así de simple es mi política informativa.

¿Escribes para alguien en específico?

Escribo para el que se identifique con lo que digo, para el que quiera saber la opinión de un tipo común, de alguien con necesidad de explicarse el mundo que lo rodea. En un momento, la verdad, creí que escribía para los que monitoreaban mi blog, los jefes y eso…. Porque si algo tienen es que nadie escribe.

Carezco de comentaristas, como otros. De modo que eso de interactuar con los lectores, que se supone es una característica de la web, no parece cumplirse conmigo. Sé que me leen por los contadores esos, que tampoco dicen mucho. En fin…

“Un espacio personal, que a veces no lo es tanto, mediado por las mediaciones” ¿Cómo logras ese equilibrio entre lo personal y una mirada más periodística? ¿Qué mediaciones te hacen temer a lo personal si estás frente a tu propio espacio?

Las mediaciones que me hicieron abrirlo, como te explicaba antes. Luego, no. Me he dicho: “escribo lo que quiero y cuando tengo tiempo”, otra mediación. Han pasado muchas cosas sobre las que quisiera comentar y por falta de tiempo no he dicho ni una palabra, y lo lamento. Pero toco los temas que me sensibilizan. Algunos nunca los abordaré, porque han sido arruinados, porque soy un incapaz, un cobarde o porque no me interesa.

Blogueabas desde Holguín, desde Argentina… ¿Qué le ha aportado a tu blog conocer otras realidades?

He pensado que el blog no tiene razón de ser en estas circunstancias y hasta he planeado abrir otro. A veces me ha llegado a parecer un barco a la deriva en los mares de la Internet. No hago nada para llamar la atención, que es característica al parecer esencial de un bloguero. Me gusta pasar a discreción, casi inadvertido, como el hombre invisible. Solo pretendo que queden las palabras y lo que ellas sugieran, pero lamentablemente, como dijera Francisco Umbral, la gente quiere al personaje.

Como escritor, como bloguero, como Leandro Estupiñán… ¿te sientes responsable ante qué? ¿Qué es imprescindible en un bloguero de temas culturales?

Me siento responsable ante las palabras. Eso es fundamental. Respetarlas y hacerte respetar por ellas. Es necesario ser humilde y sencillo como persona, no así como profesional. Lo ideal es que cuando la gente lea algo de uno imagine una bestia, un animal de palabras indomesticable y descomunal.

¿Cómo te insertas dentro de la blogosfera cubana? ¿Qué blogs sigues?

No sigo ningún blog, aunque suelo husmear en algunos y, además, los recomiendo. Pero seguir, de leer todo lo que publican sus autores, la verdad que no lo hago. A veces me gusta lo que escribe alguien y lo comparto, le doy “me gusta” a la persona que lo cuelga en las redes sociales. Hay gente muy ingeniosa, o muy obstinada, o muy o pedante, o muy panfletera. De todo hay.

Creo que esto que ha pasado con los blogs y los espacios digitales le demuestra al periodismo que es posible otra manera para sensibilizar, muestra que de las universidades sale gente talentosísima que ve truncas sus aptitudes por las camisas de fuerza de la mayoría de los periódicos y los medios de prensa.

Salvo excepciones, creo que hay mucho blog diciendo lo mismo, sin profundizar o enfrentar los problemas que tratan desde una perspectiva personal. Falta eso, creo, la mirada profundamente sincera.

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