Nube de Alivio: “En un blog se escribe desde el yo y el mi”

Entrevista con la periodista y bloguera camagüeyana María Antonieta Colunga.

A María Antonieta Colunga no le gusta que le digan María Antonieta Colunga. Le gusta que sus íntimos le digan Tunie, y como su bitácora se ha convertido en una cuestión de intimidad, ese es el mote por el que la invocan la inmensa mayoría de los lectores. Periodista camagüeyana, graduada hace apenas dos años, es una de las jóvenes blogueras cubanas más activas. Hay una pasión desbocada en su escritura, y sobre tales bases signa los códigos de su entrañable blog.

Nube de alivio. ¿Por qué el nombre?

Casi por chiripazo. Para mí, y para todos los que he acompañado en la suerte de estrenar una bitácora virtual, fue toda una odisea encontrar el nombre.

Por un lado, estaban los expertos del posicionamiento con sus corsés de metadatos, que me aconsejaban calificativos evidentes, con Camagüey o Cuba de sujeto o de complemento, sin el más mínimo atisbo metafórico, porque si no, no íbamos a “caminar” jamás. Por otra parte estaba yo, queriendo encontrar un sello, un resumen en pocas palabras de lo que ese espacio iba a significar para mí, de lo que quería que fuera.

Entonces llegó a mis ojos una canción de Silvio, no en música sino en texto. Me la encontré en su cancionero que vendieron hace algunas Ferias a cuarenta pesos. Leí el título e instantáneamente recordé las nubecitas que me pongo a pintar desde siempre en los dorsos de las hojas, cuando me mata el aburrimiento o las ganas de escapar de un espacio disfuncional. Hay gente que pinta caritas, flores, remolinos o juega a la cruz y el cerito; a mí siempre me dio por pintar nubes lloviendo.

Me dije, “este es el nombre de mi blog: Nube de alivio” y se acabó el suplicio. De alguna manera esas dos palabras conectadas me sonaban a mí, a mis esencias, a lo que quería lograr en ese espacio (un poco de poesía y un poco de desahogo espiritual y profesional), y así terminé definiéndolo en el about de la página: “Nube de alivio nace (…) para llover las “incabencias” e in-concordancias editoriales adyacentes a mi oficio de periodista (…) para desahogo del aburrimiento, las penas, las discrepancias, las pugnas internas (…) y con la más sagrada urgencia de llover, llover a Cuba por todos los agujeros, tal como la vivo, como la siento… como la amo.”

Luego tuve mis dudas por la decisión. Intenté buscarme por vez primera y Google me lanzó por la cabeza no sé cuántas sugerencias de la dichosita canción de Silvio, que yo creía totalmente impopular, y no sé otras cuántas de Alivio de Luto, de Sabina. Me dije, “¿quién me habrá mandado a escoger este nombrecito?, contra este par de monstruos yo no cobro ni en diez años”. Pero nada, la vida me fue demostrando que en Internet todo el mundo tiene su espacio, y que siempre hay quien te encuentra y te lee.

-Respondes todos, o casi todos los comentarios de los lectores. ¿Por qué?

Los respondo todos, desde el primer post hasta hoy, y también puedo asegurar que, aunque opté desde un inicio por la política de moderación, igualmente publico casi todos los comentarios que la gente me hace.

En mi cuenta de administradora solo tengo ocho opiniones que nunca he liberado por su lenguaje ofensivo e irrespeto total a la opinión ajena, pero fuera de esos ocho (que llegarán a cien o a mil o se quedarán en ocho en dependencia del espíritu con que cada quien se acerque a mis letras… y en dependencia también de si la gente comenta o no, por supuesto), todo lo demás va para el ruedo virtual. No me importa que manifieste una posición política diferente a la mía o que cuestione a quien cuestione (desde mí hasta Fidel Castro), lo único que censuro inexorablemente es la falta de argumentos, que es la manera más burda en que se puede faltar al respeto.

Creo que, precisamente, la mayor riqueza de un blog reside en el debate que pueda generar, la polémica, la retroalimentación constante y las amistades que ganas de esa manera. No me gusta responderle a los “comentaristas” cualquier cosa, sino devolverle a cada persona la misma calidad de tiempo que invirtió en mí y en mi espacio, y por esa maña quisquillosa a veces puedo dejar pendiente un comentario por semanas, en busca de la palabra precisa para corresponder. Sé que es algo “antiblógico” y extremo, pero así me sucede. Y creo que la vida me lo ha premiado, porque ya me pierdo al contar los buenos amigos, seguidores fieles o colegas de “bloguerías”, que en este año y tanto de vicio han llegado a mi vida a través de la Nube. En los momentos más duros, han sido los primeros en llamar, en pasar mensajes, en replicarme como señal de apoyo y en insistir para que siga escribiendo. Aunque esta empresa empezó por mí, por una necesidad interna de espacio propio, creo que hoy sigue en pie por ellos.

-Hubo un post tuyo muy polémico, que derivó en el cierre temporal del blog. Háblanos, si es posible, del post, del cierre del blog, y de esos meses de ausencia.

El post se llama “También Dios se equivoca” y lo escribí a raíz de la mudanza de sede del Partido Comunista de Cuba (PCC) acontecida en julio del pasado año en mi provincia.

Fue un fenómeno que despertó muchas críticas negativas en la población, pues Camagüey llevaba (por suerte hoy puedo decirlo en pretérito) muchos años en una suerte de estanco económico, arquitectónico, sanitario, no sé cuántas facetas más mencionar. En fin, la gente veía la ciudad con sus derrumbes por un lado, y de repente, por el otro, irrumpe le ejecución de un proyecto en plena carretera central, con desvío del tránsito y desfile de grúas y pavimento del bueno y delineación de rotondas y resulta que todo era para que el Partido tuviera una nueva sede, cuando la anterior ni se estaba cayendo ni mucho menos.

Tengo que reconocer que fue un post muy pasional (“defecto” que hasta hoy me resulta un tanto inevitable) y falto de argumentos técnicos, pues no me dediqué a investigar los motivos de la mudanza ni la amplitud de la inversión, que realmente era más evidente en la fachada y no tan extravagante en los interiores del edificio. Aún así, el tiempo me ha demostrado que tampoco estaba tan lejana de la razón.

Lo peor de todo fue que a la población no se le dio la más mínima información del proyecto y sus finalidades. De hecho, la primera nota de prensa referida a la intervención pública aconteció una semana después de la publicación de mi comentario en el blog, cuando ya la obra estaba al borde del estreno.

En el plano personal, la publicación de esta crítica me valió sanciones administrativas, gremiales y políticas y más de una reunión desagradable de expiación de culpas. Sin embargo, nada de ello me llevó a la decisión de cerrar el blog. Lo realmente doloroso e inesperado fue que se me manifestase y demostrase que ese espacio virtual, que a nadie parecía importar mientras publicaba crónicas sociales día tras día, y que solo sostenía yo, sin otro apoyo institucional más allá de las herramientas informáticas para su actualización, no era mío.

A casi una semana de su publicación en la Nube, fue que el post vino a interesar a sus detractores, y ello aconteció por su replicación en el sitio Café Fuerte y en el blog “Cartas desde Cuba”, del corresponsal de la BBC Fernando Ravsberg. En ese instante de escándalo, se me “ofrecieron” dos únicas alternativas: otro post de retractación de mis palabras o el retiro de mi bitácora del post del Olimpo, como a la larga le ha llamado casi todo el mundo. De dos males creo que escogí el menor, pero al tomar la decisión, muchas cosas importantes se fracturaron dentro de mí.

Comencé a preguntarme si de verdad a alguien le interesaba la crítica tantas veces exigida en discursos a los periodistas “aburridos” de mi país. Comencé a dudar y lo peor de todo, comencé a convencerme de que yo no podía cambiar el mundo, que no tenía poder real para ello.

A raíz de todas esas conmociones espirituales, decidí cerrar el blog, a pesar de que las mismas instancias escarmentadoras siempre me alentaron a todo lo contrario y tengo que reconocer también que, a pesar de las incomprensiones respecto a mi opinión particular y mis formas de expresarla, siempre hubo mucho respeto para tratar “el caso”. Pero yo me sentí violentada y, hasta cierto punto, utilizada, y me negué a continuar como si nada hubiese sucedido.

Supongo que esos cuatro meses de mutismo virtual fue el tiempo que necesité para sanar las heridas, para entender lo entendible y negarme a aceptar lo inaceptable, para coger impulso y re-descubrir las cosas por las que valía la pena seguir lloviendo en la Nube. Y así, un día de noviembre volví, sin más conflictos, hasta hoy.

– ¿Qué te hace rescatar Nube de alivio?

Debe ser mi terquedad, la incondicionalidad de mis pocos pero siempre fieles lectores, y la necesidad renaciente de seguir diciendo cosas. Nadie puede callarse para toda la vida, aunque lo intente, aunque se diga a sí mismo que es lo menos complicado, que para qué coger lucha, que no vale la pena, que un frijol no cambia un potaje.

Uno es un ente político, y eso te tira desde adentro, a unas personas más que a otras, pero creo que a todo el mundo, en cierta medida. Y tener un blog en Cuba, tener las herramientas y las oportunidades para construir aunque sea un pedacito de la realidad de tu país, sin mediaciones, o con las mediaciones suprimidas de un modo considerable, eso es una oportunidad a la que no se le puede decir que no, vaya, hasta por vergüenza.

Yo me pongo a pensar en toda la gente increíble con la que tropiezo todos los días, en ese guajiro que se raja el lomo con el Sol para sembrar mi comida; en el doctor que va en bicicleta a su trabajo, sin desayunar, para ayudar a sanar a mi madre; en el maestro que guarda sus apuntes invaluables en un portafolios roído; yo me pongo a pensar en toda esa gente y sus conflictos y sus sueños y sus aspiraciones y sus diarias desavenencias y sus proyectos de vida en perenne trámite… y entonces yo siento que si dejo de decir las cosas, en la Nube o en el periódico en que trabajo, por el simple escollo de que a cierta otra gente no le parezca bien y me frustre un poco de vez en cuando; si yo hago eso y guindo los guantes, entonces yo no valgo nada.

Cuba necesita de muchas pequeñas personitas que, como yo, contemos las pequeñas-grandes historias de la nación y la Internet es como agua para ese chocolate. No aprovecharla, para aquellos que por lo que sea tenemos acceso a ella, es sencillamente un pecado capital.

-¿Cómo dosificas los post de tu vida personal con los post de un marcado servicio público? O sea, ¿hasta dónde determinas el blog y hasta dónde el blog te determina a ti?

Sencillamente no lo hago, nunca he sido buena dosificando. Un blog es como la extensión de tu vida en otro ámbito, es un diario virtual. Entonces, en la Nube hay mucho de intimidad, yo diría que todo es de mi vida. Lo que sucede es que hay personas, sucesos, opiniones, sentimientos, fenómenos cuyo matiz polémico o supra-particular alzan la individualidad que late en tu visión de ellos, y entonces esos post personales terminan siendo “de marcado servicio público”.

Por ejemplo, yo escribo mucho de la migración, de las separaciones familiares o entre amistades, de lo injusto que siento que han sido en esta Isla las políticas migratorias; pero aunque alguien pueda creer que es por placer de criticar un tema sensible, lo hago desde la más honda experiencia, que es la de tener un hogar roto por la migración. Y aunque hablo de mi papá, de mi hermana, de mis amigos universitarios o de la infancia, de todos aquellos que se me han terminado yendo, esos post terminan siempre trascendiendo la individualidad de su génesis, porque alguien los lee y se acuerda de los suyos de afuera o de adentro, y se siente mentado en mis añoranzas o en mis nostalgias.

Es así, en un blog se escribe desde el yo y el mi, desde lo que me duele, me preocupa, me molesta, yo pienso, yo siento, yo creo o no; lo que sucede es que la magia de la ubicuidad virtual termina conectando todo esa particularidad con otros particularidades afines en mil partes del mundo, o con la avidez de receptores que lo que buscan es eso: la vida contada por quienes la sufren y no por quienes la juzgan detrás de un buró.

Por lo demás, la Tunie que escribe la Nube es, inevitablemente, periodista, y entonces muchas veces la subjetividad que desborda en su blog parece un editorial, un comentario crítico o una crónica denunciante. Eso, creo, es un bien necesario.

-¿Es el blog un juego que ha derivado en responsabilidades, una responsabilidad que ha adquirido cierto carácter lúdico, o es, desde el inicio, un cruce de ambas?

Definitivamente, lo último. Si buscan los primeros tres trabajos con que lancé la Nube al ciberespacio, encontrarán algo tan íntimo y solaz como “Piroperos”, un intermesso entre compromiso e intimidad en “Y al prójimo como a ti mismo”, y lo ya abiertamente emparentado con las responsabilidades sagradas de mi oficio, reflejado en “Antídoto”.

No es nada casual. La inauguración de mi blog fue algo que pensé y preparé con tiempo, y desde entonces supe que lo quería así, reflejo de mis necesidades, de mi vida y peripecias, de la gente que amo y que me es luz; pero también muy ligado al ejercicio del criterio, a la denuncia social, a la defensa de las opiniones y los hechos solapados en las prácticas más oficiales del periodismo.

En esas mediaciones ando y escribo, en el cruce de mis aspiraciones con las de esos otros que me rodean en el día a día y a quienes siento que me debo.

-Hay una proliferación de jóvenes blogueros a la que, al menos por estadística, perteneces. ¿Concibes tu blog en sincronía con alguna voz generacional, o es solo cuestión de edades?

El auto-incluirse en etiquetas, grupos, tendencias o generaciones siempre es un riesgo. Corriéndolo, me atrevo a confirmar que sí, me siento parte de “algo” que desde hace ya unos años inflama ciertos circuitos de Cuba.

La juventud que llega a medios laborales cubanos donde existe acceso a Internet- unas veces por moda o embullo, otras por orientación de sus superiores y, por suerte también, por vocación y empeño- va abriéndose paso en el ejercicio de la blogosfera. Conozco blogueros periodistas (los más), arquitectos, maestros, meteorólogos, realizadores audiovisuales, críticos de cine, y de todos ellos, los que no clasifican como jóvenes por edad, al menos lo son de espíritu. O sea, más que una generación de blogueros jóvenes, siento que hay una generación, una oleada de nuevos blogueros.

Como en la viña del Señor, hay de todo. Pero me reconforta sentir en más de dos o tres el mismo latir que yo siento cuando me enfrento a la cuartilla en blanco. Por algunos como Alejo 3399, Súper Cuba, Botellas al Mar, El Microwave, Caimán sin muela, Criatura de Isla, Esquinas, El cine en la calle, Vertientes-Camagüey, micro-CRÓNICAS, Fufú con empellas y otros que ya no son tan pocos, yo siento que sí, que por alguna ramificación soy parte del “algo” difuso, polisémico, intemporal y trepidante que suelen llamar joven blogosfera cubana.

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