Mi contemporáneo Mario Conde

Mario Conde y yo tenemos la misma edad –meses más, meses menos.

Jorge Luis Baños - IPS

Los días más importantes de la vida, es decir, la juventud, los pasamos en el barrio de La Víbora

Los días más importantes de la vida, es decir, la juventud, los pasamos en el barrio de La Víbora, donde hicimos el bachillerato, tuvimos la primera novia de verdad y forjamos alianzas y complicidades que nada, en 37 años de turbulencias varias, ha podido destruir.

Fuimos juntos al Estadio Latinoamericano, compartimos los magros víveres de los campamentos en la escuela al campo, bebimos aguardiente y ron con una dedicación que ahora el organismo resiente, y, por si todo eso no fuera suficiente  para hermanarnos, tenemos gustos musicales comunes, que van de Credence Clearwater a Tito Gómez, pasando por los Beatles, el Benny y un grupo mierdero de rock descafeinado –cubano por más señas– que mejor sería no recordar, aunque igual lo seguimos escuchando.

Pocas cosas suelen ponernos a Mario Conde y a mí al borde de las lágrimas. A saber: que derroten a Industriales en el campeonato nacional de pelota, la pérdida de un amor, un bolero despechado y la muerte de un amigo, que en el caso del Conde puede, también, ser un perro.

Somos lo que somos, pero pudimos ser otra cosa bien distinta, pues los vientos de la Historia –aquí siempre la hemos vivido con mayúscula– nos movieron a su antojo, sin tener en cuenta vocaciones, preferencias y mucho menos nuestras humildes opiniones.

Reaccionamos con mal disimulada violencia ante el abuso de cualquier tipo, las “orientaciones” absurdas y toda manifestación de pretenciosa estupidez. Estamos convencidos de que la justicia poca veces es justa, por eso hacemos lo que podemos, cada uno a su nivel, para enmendarle la plana. Los dos permanecemos en la Isla por empecinada elección.

Aquí tenemos a nuestros muertos, los lugares que en verdad amamos, los colores, sabores y olores que por nada del mundo quisiéramos perder. Ambos hemos tenido que reinventarnos constantemente.

Ambos nos hemos enfrentado al desolador paisaje de una agenda telefónica con el 90% de los nombres tachados, y la hemos repoblado nuevamente. Ambos estamos convencidos de que todo pudo ser mejor, pero también de que cada cosa trascendente que hicimos estuvo decidida por una honda aunque en ocasiones errada convicción, y cuidamos siempre no causar daño ni herir al prójimo a conciencia.

Hemos visto, sin júbilo enfermizo, caer ministros, profetas, generales y hasta dioses. No abrazamos religión alguna, porque nadie ha logrado convencernos  todavía de la idea de la existencia de Dios.

Nada nos gusta más que leer, ya que los libros complementan nuestra inextinguible avidez de otros paisajes, otras comidas, otros rostros, otras fábulas que los que nos han tocado en ¿suerte? Él es célebre; yo no.

Él es un memorioso, yo tampoco.

Surgió a la luz en 1991 en la novela Pasado perfecto, de Leonardo Padura, como detective atípico. Y rápidamente se hizo popular, a la cabeza de los personajes literarios cubanos del Siglo XX y, por lo que veo, de lo que va del XXI, pues anda por ahí, vivito y coleando, buscándosela como puede, combatiendo, añejo on the rock en mano, tanta aterradora sobriedad.

Mario Conde es mi contemporáneo, como lo es de miles de cubanos, estén donde estén, que, con todo derecho, también podrían firmar estas líneas.

Marzo y La Habana del 2011

2 comentarios

  1. Calek Urrutia Prieto

    Hola Leonardo:
    Me aventuro en la osadía de escribirle esta esquela, aun a sabiendas de que su tiempo es tan valioso para crear el aliento con el que vitaliza sus personajes y que de atender todos los mensajes que le deben llegar, no tendría posibilidad de contestar todos y cada uno de ellos.
    Tengo a bien reseñarle que son, Las Cuatro Estaciones, unos de mis libros mas recurrentes en lo que a memoria y sentir se trata.
    También leí fiebre de Caballos y algún que otro artículo que usted ha hecho.
    Quien le escribe, goza del privilegio de conocerle personalmente, aunque estoy seguro que usted no me recuerda.
    Nací y me crié en el reparto Eléctrico, razón por la cual somos relativamente vecinos y muy cercanos coterraneos.
    Además es también un honor sin límites, haber descubierto la Luz en mi madre Logia, Hijos de Luz y Constancia, conducido de la mano de su padre Leonardo Padura, quien hubo de ser mi padrino en esa, al menos para mi, venerada sociedad, en la que compartí con muchos hombres de acaudalada alma, como Salgado, Megret, Ángel Mesa y su antes mencionado padre entre muchos otros.
    Hace algún tiempo, salí de Cuba y hoy me encuentro viviendo en Canadá. Y puedo asegurarle, que aun cuando cambié, el verde de mi tierra por el vacío blanco de estas otras, no son pocos los días en los que como el Conde, cierro los ojos y repaso cuadra a cuadra, la calzada de Diez de Octubre y su prolongación hasta la de Managua, como lo hacía antes, día tras día, desde los sucios vidrios del rumiante que me llevaba en su vientre hasta la facultad de Derecho de la universidad.
    Se que después del caso del asesinato de Forcade mier, le asignó usted, otro caso mas al Conde en: La neblina de ayer, pero no había tenido la dicha hasta ayer de localizar el libro en una tienda on line que se llama Amazón.com y por supuesto que lo compré junto con lo mas reciente de Daína chaviano. La isla de los amores infinitos.

    Me despido de usted, no sin antes felicitarlo por su mas reciente premio Roger Caillois. y deseándole que siga cosechando muchos mas, pues como reza el refrán…¨honor a quien honor merece¨
    Y ademas le agradezco enormemente que me haya dedicado a mí, cubano de los de afuera, como muchos otros, pero cubano, al igual que los de adentro; este éxito suyo.

  2. Yahumila Hidalgo Ceruto

    Hola Padura:Soy seguidora de sus libros y artículos. Gracias por crear a Mario Conde, ese tipo irreverente, sentimentalista, desaliñado y amante de su tierra por sobre todas las cosas, a pesar de los errores, del período especial y la doble moral. Gracias por ese cubano rellollo, amante de la pelota, de la buena comida cubana y abmirador de la cultura e historia y de esta Isla,que aunque a veces nos la machaquen tanto en la escuela y en los medios, es bella y abmirable.Gracias Conde por tus palabras que al leerlas son las de muchos cubanos.

    Gracias Leonardo.

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