El audiovisual, lo policial y las formas de tratamiento

La lengua y las costumbres.

En su autobiografía La historia de mis experimentos con la verdad, Mahatma Gandhi, nos cuenta que las primeras lecciones sobre costumbres británicas que recibió al llegar a Londres fueron: No tocar las cosas de otros, no hacer preguntas a personas que acabamos de conocer, no hablar en voz demasiado alta, y jamás dirigirse a los caballeros diciéndole “sir” mientras se conversa con ellos, tal como en la India, porque solamente los criados y subordinados emplean ese tratamiento.

Cuánta enseñanza podemos sacar, más de un siglo después, de esas lecciones iniciales del joven Gandhi, extrapolándolas, adaptándolas a nuestros contextos. Pero solo vamos a concentrarnos en la última observación, la referida a las formas de tratamiento, un tema de costumbres, educación, cultura y, específicamente, de lingüística.

Las formas de tratamiento son los modos lexicales con que nos dirigimos a nuestros interlocutores, y pueden ser de tipo pronominal: tú, usted, vos; o nominal, cuando se refieren al nombre propio, la profesión, el grado —militar, científico— el parentesco, los apelativos, etcétera.

Qué difícil resulta explicarle a un extranjero que llega por primera vez a Cuba, las formas de tratamiento que se emplean en la isla a nivel popular, cómo se ignora la frontera entre lo formal y lo informal, cómo se mezcla lo popular y lo vulgar en la lengua urbana que atraviesa nuestra sociedad en esta segunda década del siglo xxi.

En ese proceder, una de las cuestiones que más llama la atención es ver cómo se desconocen las normas que tienen que ver con las relaciones de poder y solidaridad entre los hablantes de acuerdo con la situación de habla en que se encuentren: el hogar, la escuela, el centro de trabajo, un mercado, un consultorio médico, o una parada de ómnibus.

Los términos poder y solidaridad fueron introducidos en la sociolingüística desde la década de 1960; el primero de ellos, también llamado de jerarquía, indica una relación de distancia, asimétrica, entre los interlocutores; mientras el segundo, la solidaridad, expresa cercanía, intimidad, confianza, una relación simétrica.

El tema nos inquietó al ver los últimos capítulos que ha transmitido la televisión cubana de la serie policial UNO, porque notamos cierta confusión en las formas de tratamiento en el mencionado audiovisual, y nos resultó incongruente con la institución representada y con el medio donde se produce y difunde la representación. Citaremos ejemplos.

En uno de los capítulos televisados se representa a una banda criminal muy violenta que asalta viviendas ocupadas y ejerce una intimidación extremadamente agresiva sobre las víctimas. Sin embargo, cuando esos criminales son apresados, el oficial encargado de interrogarlos, en varias ocasiones, emplea un tratamiento verbal que no impone la jerarquía que debe imperar de su parte.

Esa práctica a nivel del habla, entre policía y criminal, muestra a los oficiales utilizando una nominación afectiva al interrogar a los delincuentes, como ocurre con el primero de los apresados, el llamado Manolo. En el propio capítulo, el más violento de los criminales llega a dialogar y sonreír desenfadadamente con el oficial que lo interroga.

En un capítulo posterior, uno de los interrogados, que responde al sobrenombre de “El chino”, recibe también ese tratamiento nominal durante el interrogatorio.

Finalmente, en el último capítulo televisado, los oficiales acuden unas veces al tú, y otras al usted, atendiendo al grupo etáreo de los interrogados, mientras que estos últimos son más cuidadosos al dialogar con los policías, quienes proyectan su posición de jerarquía en la interlocución, como corresponde en tales circunstancias.

Curiosamente, ese capítulo se llama “Confianza”, para significar justamente los enormes errores que se cometen cuando se permite que esta —la confianza— vulnere la responsabilidad que debemos guardar en una profesión, en un puesto de trabajo, sin atender al refrán: en la confianza está el peligro.

La cadena de hechos delictivos relatados en “Confianza” se inicia con eventos donde una estafadora establece muy rápidamente, en las empresas previamente escogidas para cometer el delito, una relación de cercanía y familiaridad en el plano de la comunicación con su interlocutora para poder lograr que esta quebrante las normas de control y seguridad.

Las investigaciones realizadas en los últimos años en la sociolingüística han arrojado un aumento del llamado eje de solidaridad —cercanía, intimidad, confianza— y un debilitamiento en el eje de poder —distancia—, como consecuencia del cambio de percepción de las relaciones sociales en las sociedades modernas.

En el caso de Cuba esos cambios fueron muy evidentes a partir de 1959 con el viraje ideológico que impuso la revolución triunfante. Inmediatamente las palabras señor, señora, fueron estigmatizadas, consideradas como propias de la burguesía; mientras que compañero, compañera, pasaron a sustituirlas, como antagonistas, y recibieron el mayor prestigio lingüístico dentro de las formas de tratamiento. Dos dichos resumían esa marca ideológica, esa pugna y definían una postura, a favor o en contra, en las décadas de 1960 y 1970: “Los señores se fueron del país”, y “compañero son los bueyes”.

Muchos años tuvieron que pasar para que las palabras señor y señora recobraran prestigio en las formas del habla, aunque los jóvenes apenas las emplean, en el habla popular mucho menos. Compañero, compañera tampoco es de uso frecuente, ni entre los jóvenes ni en los estratos populares.

La tendencia de la época a la nivelación, a la simetría entre interlocutores en los actos del habla es notoria en la isla, y el empleo de mami, papi, puro, viejo con que somos interpelados en los espacios públicos es la norma cotidiana para una parte de la población. Uno llega a preguntarse si quienes practican esas formas de tratamiento tienen conciencia de cuánto pueden confundir, incluso molestar, a las personas de mayor edad o a los hablantes de otras culturas. Ese es un tema para reflexionar porque, como anotamos antes, tiene que ver con la educación y la cultura del país. (2016)

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