Padura o la memoria

Prólogo de Ciro Bianchi al libro “Entre dos siglos”, compilación de artículo para IPS publicados por Leonardo Padura Fuentes.

Archivo IPS Cuba

Presentación en la oficina de IPS en Cuba del libro

Mucho ha cambiado el periodismo en los últimos años.

El reportaje, el más humano de los géneros, que ofrece la noticia “vestida” y que hace que el lector se sitúe dentro del acontecimiento, ha ido desapareciendo de las páginas donde fue dueño y señor, se relega a las ediciones dominicales o se hace cada vez menos extenso, y pasan por entrevistas meras declaraciones a las que se les inventaron preguntas y que bien pudieran haber ido como una nota simple. Se comenta y se opina en la noticia, con olvido de que el hecho es el hecho y la interpretación viene después y se descubre de pronto que la cualidad más importante de una información no es su veracidad, sino la espectacularidad y el sensacionalismo que posibilitarán venderla mejor. En un intento baldío de competir con la televisión, que muestra el suceso, periódicos y revistas se llenan de fotos cuando deben explicarlo y analizarlo de la manera más profunda posible.

Hoy los directores de los grandes medios no son generalmente periodistas, sino empresarios o políticos. Las escuelas de periodismo, en las que todo el claustro, incluso los profesores de taquigrafía, lo conformaban periodistas en ejercicio, pasaron a ser facultades de comunicación o de comunicación social donde se aprende muy poco de las interioridades del oficio. Aquel redactor jefe, que enseñaba sobre la marcha a los más jóvenes, aun cuando tenga algo que decir anda ahora demasiado apurado siempre para hacerlo. Con la revolución de la electrónica y de las comunicaciones desaparecieron las viejas redacciones y sus salones devinieron “laboratorios asépticos para navegantes solitarios”, y las nuevas tecnologías hacen más fácil ponerse en contacto con alguien que se agazapa en el otro extremo del mundo que conversar con el compañero de mesa. Antes el periodista ligaba a la profesión su vida y ambiciones; era una misión esa que hoy es un empleo más que se puede abandonar en cualquier momento. Los periodistas son ahora comunicadores, aunque esos términos no sean sinónimos, como no lo son tampoco información y comunicación. Comunicar es divertir, interesar, conmover, influir. Informar es razonar, convencer, explicar. La comunicación se dirige a los consumidores, en tanto que la información se ocupa de los ciudadanos, escribió Laurent Joffrin para fundamentar lo que muchos años antes Ernest Hemingway sintetizó en una frase ocurrente: Para enviar mensajes ya está correos, o lo que es lo mismo: Para comunicar está el teléfono.

De esa “deshumanización galopante” de la profesión, que tanto preocupa a figuras como Gabriel García Márquez y Ryszard Kapuscinski, se excluye el periodismo de Leonardo Padura Fuentes. Siendo el narrador exitoso y reconocido que es, el periodismo sigue siendo, sin embargo, otro batiente de su ser, un oficio, dice, que ama, necesita y respeta y que no abandona porque le permite atrapar en el fluir de una vida que pasa el latir de la vida que queda a fin de darle su lugar en la memoria del país.

No otra cosa ha hecho desde que en 1980 se inició en el medio y, sobre todo, a partir de 1983 cuando ingresó como reportero de a pie en el periódico habanero Juventud Rebelde. Fue allí que empezó a escudriñarle las esquinas a la historia, a meterse en sus rincones empolvados y a bucear en trayectorias de personajes perdidos. En ese diario, donde nadie nunca le impuso temas, sino que escribía sobre lo que quería, Padura hizo periodismo como si hiciera literatura y encontró su estilo.

De esa etapa, que se cerrará en 1995, cuando abandona la redacción de La Gaceta de Cuba, en cuyas páginas dejó muchas entrevistas memorables, son sus libros periodísticos El alma en el terreno, que contiene sus diálogos con jugadores de beisbol, la colección de reportajes El viaje más largo, y Los rostros de la salsa, un empeño diverso y coherente a la vez que lo llevó a entrevistar a afamados compositores, cantantes e intérpretes musicales.

Puedo dar fe de lo importante que fueron en la prensa cubana de los 80 los reportajes de Padura; aquella visión suya del tórrido romance de la haitiana Úrsula Lambert y el alemán Cornelio Souchay, su acercamiento a la vida y la muerte del joven proxeneta Alberto Yarini, el Rey, o su incursión en el mundo del tamborero Chano Pozo…Fue precisamente tras la publicación de ese último trabajo que nos conocimos personalmente y recuerdo que en aquella primera conversación Padura me dijo algo que de tanto repetirlo terminé haciendo mío: El destino último de todo lo que uno escribe debe ser el libro. Aludía al periodismo, por supuesto.

No me perderé ahora en una larga disquisición sobre las relaciones entre periodismo y literatura. Hay, es evidente, periodismo y periodismo, periodistas y periodistas. Para algunos es hora ya de que se le reconozca al periodismo su condición de género literario. Alejo Carpentier no establecía distingos entre un periodista, un narrador y un historiador, y Juan Marinello decía que un gran periodista es un gran escritor de dotes específicas. Por ser Padura un escritor entero y verdadero y un periodista siempre eficaz puede abordar la realidad en su contorno evidente y llegar en su vuelo al envés de situaciones y personajes.

Cuánto debe su narrativa al periodismo es asunto que otros deberán dilucidar. Baste decir ahora que ese saber suyo de agarrar al lector desde el inicio y mantenerlo sujeto hasta el final, es una ganancia del periodismo en su narrativa. Fue en el reportaje donde el escritor aprendió a valerse de ese gancho y a tender los necesarios puentes de entendimiento que hacen que quien lo lee no quede perdido en las páginas de sus novelas

El periodismo, afirmaba Vázquez Montalbán, crea adicción. Los que creían a Leonardo Padura Fuentes perdido para el periodismo tras su salida de La Gaceta de Cuba se equivocaron de calle. Durante los diez años transcurridos desde entonces, él, que se aplica sobre sus libros de domingo a domingo y es el más disciplinado de los escritores cubanos, puede apartarse de la novela en la que trabaja para seguir haciéndolo. Lo ha hecho durante todo ese tiempo en la revista Cultura y Sociedad, de IPS, y este libro es prueba de ello.

Los que le exigían una y otra vez una nueva colección de reportajes como la de El viaje más largo y otras entrevistas con peloteros y músicos, hallarán temas afines en estas crónicas escritas entre dos siglos y otros temas más porque sólo el cronista, y no el reportero, al decir de Graham Greene, puede permitirse el lujo de creer en Dios.

Si para sus reportajes de ayer se refugió en la historia, donde los conflictos son más evidentes y se puede trabajar con una visión conflictiva de hechos y personajes, en las crónicas que siguen Padura se mete de lleno en su realidad –artística y social– cotidiana. Lo hace desde dentro, con una honestidad a toda prueba y rescata el lado más humano del periodismo. Con una visión aguda, pero amorosa y cálida que quiere razonar, convencer, explicar y, sobre todo, ayudar a pensar y que quedará como una memoria de este tiempo “arduo y cambiante” que vivimos y como expresión de lo mejor del periodismo de esta época.

Santa Amalia, 17 de octubre, 2005

Un comentario

  1. mercedes rodiguez garcia

    Ciro, saludos, soy la profe Mercedes,la amiga de Susadny, Ahora le pido un favor: soy profesora titular adjunta de la Universidad Central de Las Villas. Imparto la asignatura de Periodismo Investigativo en la carrera de Periodismo. Tengo varias tutorías sobre este tema, en Cuba. Me interesaría contactar con Padura para algunas ideas al respecto y su experiencia, si lo ha practicado o utilizado sus herramientas y técnicas para la Literatura. ¿Pudiera hacerle llegar mi interés? Mi nombre: Mercedes Rodríguez García, soy periodista en activo del periódico Vanguardia, de Santa Clara, desde hace 39 años.
    Muchas gracias.

    Mercedes
    http://lateclaconcafe.blogia.com

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.