Cien imágenes de Cuba

Antología fotográfica en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Ernesto Javier Fernández Zalacaín: Todos vecinos quieren ir al cielo, 2017

Foto: IPS_Cuba

La imagen sin límites. Exposición antológica de la fotografía cubana, es el título de la muestra excepcional que exhibe el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), en la que se ofrece un recorrido, desde los orígenes hasta nuestros días, por el arte fotográfico en la isla.

Según expresa su curador, Rafael Acosta de Arriba, La imagen sin límites pretende hacer coincidir, simultáneamente, dos fenómenos: fotografía e historia, mediante el despliegue de un conjunto de imágenes de autores representativos de la evolución de la fotografía en Cuba.

“No nos proponemos tejer una historia de Cuba desde las imágenes, sino de marcar hitos, tendencias, rupturas y continuidades en la evolución de la fotografía insular, y en ese propósito los artistas más representativos son esenciales”, señala Acosta en el catálogo.

Ernesto Fernàndez: Martí, Plaza Cívica, 1957

Foto: IPS_Cuba

Justamente los textos del catálogo nos posibilitan una lectura de los avatares en torno a ese género de las artes visuales en suelo cubano. Así podemos conocer que la fotografía llegó a la isla muy temprano, en 1840 (tercer país en el mundo) y floreció con rapidez desde el siglo XIX. Pero también nos enteramos de algunos sucesos que han repercutido negativamente en el coleccionismo y en la exhibición de imágenes fotográficas en Bellas Artes.

En detallado artículo, Niurka D. Fanego, jefa del departamento de Colecciones y Curaduría del MNBA, hace una síntesis histórica de la colección fotográfica en la institucion referida, nacida en 1913. Desde entonces, y durante ocho décadas, el Museo Nacional estuvo atesorando ese archivo de imágenes que comenzó a forjarse en 1910.

Sin embargo, al crearse la Fototeca de Cuba (FC), en 1986, el MNBA “debió ceder[le] la casi totalidad de sus fondos fotográficos, o al menos una parte altamente sensible de lo mejor en colección”, apunta Fanego, y señala que en la FC “no se observaron las políticas más adecuadas de resguardo del patrimonio fotográfico”. Como consecuencia, sostiene la especialista, “se coartó un proceso que hasta hoy lastra la proyección de la institución con dicho lenguaje”.

Entre otros efectos, aquella infeliz cesión hizo inviable la presencia histórica de la fotografía en el MNBA. Por eso, abunda Fanego, “en la actualidad, algunos autores aparecen en las salas cubanas, pero de modo muy puntual, sin que podamos reflejar nuestra perspectiva sobre la altura de la creación fotográfica en el propio decursar de las artes visuales cubanas”.

A su vez, Jorge Antonio Fernández Torres, actual director del MNBA, aludiendo a esos eventos, escribió: “Los desenlaces, condicionados por los avatares de la política cultural cubana de cada momento, han generado un vacío indiscutible en nuestras colecciones con la visible fractura que significa narrar la historia del arte de cualquier país con la ausencia de la fotografía”.

Al quedar huérfano de su tesoro fotográfico en 1986, el MNBA recomenzó su colección, a partir de entonces, privilegiando la fotografía artística, según Fernández, quien adelanta una posible negociación con la Fototeca de Cuba para trabajar en un futuro diseño museológico que implique la presencia del arte fotográfico en las salas de Bellas Artes; aunque, acota, es algo que llevará tiempo. Por lo pronto, ya tienen en sus manos la investigación desarrollada por Rafael Acosta para la exposición. Es un buen empujón.

Julio López Berestein: Estudio sobre Degas. Alicia Alonso, 1943

Foto: IPS_Cuba

La exposición por dentro

La imagen sin límites está conformada por 100 fotografías pertenecientes a 50 artistas del lente (a dos obras per cápita). Al parecer, el reducido espacio expositivo condicionó la muestra. De cualquier forma, el 100 es un buen número y permite una mirada atenta, detallada.

De acuerdo con el catálogo, la exposición está estructurada en cinco secciones: a) Comienzo de la fotografía en la isla (finales del siglo XIX e inicios del XX); b) La República (1902-1959). Con el Club Fotográfico de Cuba como epicentro; c) Los sesenta, la épica y los setenta; d) El cambio y el arribo de lo posmoderno; e) Siglo XXI, hibridación de los códigos visuales internacionales.

El comienzo de la fotografía en la isla aparece representado por dos obras del español José Gómez de la Carrera, ambas relacionadas con la guerra de 1895 y de notable valor histórico-social. Curiosamente la contienda bélica está ausente en ellas porque los soldados (en el campo) posan distendidos para la cámara, y la tropa que marcha hacia el campo desde la estación de Villanueva aparece rodeada de una multitud que la despide como si fuera un evento social.

Las seis décadas del período republicano están cubiertas por dos decenas de piezas que abarcan el desnudo, el retrato de figuras célebres (en diferentes planos, acciones y actitudes), la abstracción, la ciudad, las manifestaciones estudiantiles, lo folclórico, la arquitectura, la personificación de los espacios, y esa joya inclasificable de Ernesto Fernández que trasciende su tiempo (1957): el Martí de la Plaza Cívica.

En los sesenta y los setenta, la épica, las figuras políticas, los brigadistas, los macheteros, los constructores, los desfiles, las concentraciones, dominaron la escena, pero el curador se las arregla para brindar una representación que sintetiza esos temas y desborda las circunstancias.

Los períodos que van desde los ochenta hasta la actualidad ocupan la mitad de la muestra y, en algunos casos, son borrosas, porosas, las fronteras entre el arribo a lo posmoderno y su continuidad, la hibridación de los códigos visuales.

La posmodernidad, como es sabido, llegó tarde aquí, pero las artes visuales estuvieron en la vanguardia, la acercaron y representaron. Durante la década de 1980, las entonces llamadas artes plásticas conmocionaron las estructuras artísticas y culturales de una manera que no ha vuelto a repetirse en la isla. Con su accionar, jóvenes pintores, escultores, grabadores, dibujantes, fotógrafos, refrescaron el aire que necesita la creación, amordazada en la década anterior. Justamente una de sus muestras más explosivas, en Bellas Artes, se llamó Suave y fresco.

Joaquìn Blez, s.t, 1928

Foto: IPS_Cuba

A partir de entonces, los artistas visuales cubanos dieron el salto necesario para colocarse en su tiempo universal. Por tanto, es entendible la empatía del curador de La imagen sin límites con las últimas cuatro décadas de arte fotográfico. En el medio centenar de piezas que las representan están presentes los múltiples códigos y formas que son comunes a la fotografía en el orbe, incluyendo la manipulación digital. Esas obras comparten también tópicos de interés global, pero prestan especial atención a temas, asuntos y motivos locales.

En el artículo bajo su firma en el catálogo, Rafael Acosta menciona la muestra titulada La Fotografía en Cuba. Exposición retrospectiva, que ocupara el Museo Nacional en 1983. Y señala tres aspectos que diferencian aquella exposición de esta: a) el amplio espacio a su disposición (todo el edificio del MNBA), lo cual permitió albergar siete centenares de obras; b) la insuficiencia de información en el catálogo; c) los treinta y cinco años transcurridos entre una muestra y la otra, un espacio temporal donde se inscribieron los nuevos actores que cambiaron la historia de la fotografía insular.

Agregaremos una observación respecto a la exposición de 1983. El catálogo de aquella muestra contenía nueve ilustraciones. Una de ellas era el famoso desnudo de Joaquín Blez. Parece que uno de los curadores sintió pudor (¿o temor?) al incluir esa obra y escribió lo siguiente: “¿[n]o es el conjunto de la obra de Blez paradigma de una cosmovisión aristocratizante y evasiva que, pese a su elevada calidad artística —lo que, entre otras cosas, lo hace recuperable para el patrimonio de nuestra cultura socialista— no tiene ni un solo punto de contacto con la convulsa realidad en que se desenvolvió?”.

Solo hace 35 años se decían esas cosas. Cuánto debemos agradecer a los artistas visuales que irrumpieron con su energía irreverente para cambiar la historia, para derribar los muros impuestos a la creación, para hacer posible una imagen sin límites. (2018)

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