Coincidencias y milagros de la poesía improvisada

Vitalidad y presencia de la décima en Cuba.

Foto: Tomada de Portal de la Tv cubana

Uno de los programas más añejos y populares de la televisión cubana, Palmas y Cañas, cumple en este octubre 55 años de fundado. Apenas lo acabo de descubrir porque no lo veo con frecuencia, aunque admiro su persistencia y su propósito: mantener un espacio semanal para la música campesina.

No sabemos la teleaudiencia actual de ese programa, cuyo lema es “donde nace lo cubano”, pero en otros tiempos fue muy seguido; en su escenario han estado las principales figuras de la poesía repentista y el punto cubano. Sostener esa tradición, contra viento y marea, es no solo loable, sino tan necesario como mantener encendida la pasión por el béisbol.

Los poetas repentistas, también llamados improvisadores, le dan seguimiento a un tema bajo el cual van improvisando sus versos, generalmente en controversia con otro cantor o declamador. La más utilizada de las formas poéticas en el repentismo es la décima espinela: diez versos octosílabos encadenados con rima consonante.

Cuando se menciona a esa estrofa siempre viene a nuestra mente el bardo tunero Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé (1829-1862), cuyo libro, Rumores del Hórmigo (1857), es el texto más querido de los decimistas cubanos. En una edición que rebasa el medio siglo, su prologuista, José Muñiz Vergara, decía: “Ningún libro publicado en Cuba ha sido más popular”.

El Cucalambé no solo es el icono central de la décima cubana, sino que su figura está envuelta en la leyenda y el misterio porque desapareció, sin dejar huellas, en 1862, y nunca más se supo de él.

Nápoles Fajardo obtuvo el reconocimiento académico por sus aportes a la poesía cubana: el hallazgo de una voz definitivamente popular, en su modo más profundo; y su cubanización de la décima, a la que despojó de todo acento español e imprimió un sello inconfundible de cubanidad.¹ Véase un ejemplo:

“Por la deliciosa orilla/ Que el Cauto baña en su giro/ Iba montado un guajiro/ Sobre una yegua rosilla:/ Una enjalma era su silla/ Trabajada en Jibacoa,/ De flexible guajacoa/ Llevaba en la mano un fuete/ Y puesto al cinto un machete/ De allá de Guanabacoa”.

Cuatro poetas nacidos en el primer cuarto del siglo siguiente, también alcanzaron fama como decimistas. Tres de ellos la conquistaron en la improvisación, y el cuarto la obtuvo tanto en la oralidad como en la escritura.

Justo Vega (1909-1993)y Adolfo Alfonso (1924-2012) fueron la pareja de repentistas más populares de la radio y la televisión cubanas. Sus polémicas en verso contaban con miles de seguidores en ambos medios. Ellos estuvieron entre los fundadores de Palmas y Cañas y allí cantaron por más de 25 años. Sus personalidades se complementaban, eran ideales para la controversia: Justo siempre serio, y Adolfo risueño y bromista.

José Fernández Díaz (1908-1979), el célebre autor de La Guantanamera, compuso boleros, guarachas, sones, guaguancós, y guajiras, el género donde nació esa obra que ha sido mundialmente difundida. Pero muchísimo antes de esa internacionalización, Joseíto ya gozaba de gran popularidad en Cuba. Con el estribillo “Mi divina guajira,/ guajira guantanamera”, él hizo famoso un programa que narraba los sucesos de cada jornada en la emisora CMQ radio. La expresión narrativa que utilizaba era la décima en forma de seguidilla, una historia contada en estrofas encadenadas.

El último de estos cuatro grandes es Jesús Orta Ruiz, El Indio Naborí, escritor y periodista a quien le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura en 1995. Orta Ruiz (1922-2005) es el más significativo autor cubano en el cultivo de la décima escrita, pero también compartió escenarios con los repentistas en guateques y otras fiestas campesinas.

Continuador aventajado de El Cucalambé, El IndioNaborí supo conjugar la décima criolla y guajira con la expresión más culta de la poesía. En su lenguaje se integran lo culto y lo popular:

“Brota el verso campesino/ solo, como por encanto/ y van naciéndole al canto/ espuelas de gallo fino./ Pedro embiste a Celestino,/ Juan quiere a los dos vencer;/ goza el bohío con ser/ la valla de aquel combate,/ ¡y en el fondo… el acicate/ de unos ojos de mujer!” (CANTURÍA)

Más acá en el tiempo, la décima, tanto escrita como declamada o cantada por los repentistas, se mantiene viva y actuante en la Isla. Precisamente en Victoria de las Tunas, la tierra donde naciera Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, se celebra, anualmente, una fiesta en la que durante una semana la espinela es reina: la Jornada Cucalambeana. En esos días, el canto y la danza, el zapateo y el punto cubano, invaden la ciudad oriental.

Hace una década, pude constatar la fuerza, el arraigo de esas celebraciones en Las Tunas y pude conocer de cerca a Tomasita Quiala, la emperatriz del repentismo en Cuba.

Tomasita Quiala nació en Banes, Holguín, en 1961, pero desde muy joven llegó a La Habana para estudiar en una escuela para ciegos. Estar privada de la visión no la ha limitado en su desarrollo artístico.

Ver actuar a Tomasita en una controversia poética es algo que difícilmente se olvida. Su personalidad, agilidad mental, memoria, conocimiento de la lengua y la poesía en español, cultura, dominio de las estructuras en la décima y el punto, hacen de ella una improvisadora excepcional.

Nacido en la misma zona habanera que Naborí, pero cuatro décadas después, Alexis Díaz Pimienta (San Miguel del Padrón, 1966) también fue repentista antes de hacer carrera en la poesía, el cuento y la novela, géneros donde tiene una copiosa obra.

Las virtudes antes señaladas a Tomasita igualmente están presentes en Alexis. Quien no lo haya visto cantar una seguidilla se ha perdido un espectáculo único. Díaz Pimienta es además un profundo investigador de la espinela y un animador incansable de la cultura en España y América Latina.

Aunque los medios de difusión no siempre lo reflejen adecuadamente y muchos piensen que el repentismo y el punto son cosas de viejos, la décima –escrita y cantada– tiene cultivadores y seguidores en todos los grupos etáreos a lo largo y ancho del país. Como el son y el béisbol, ella está afincada en la identidad cubana. (2017)

¹Historia de la literatura cubana, t1: 279-280. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2002.

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