Conrado Marrero, una leyenda del siglo XX

Memorias de su memoria.

La muerte de Conrado Marrero, dos días antes de cumplir 103 años, sitúa ahora su leyenda en otra dimensión, en la eternidad, donde debe seguir hablando de béisbol y mascando tabaco. Al evocarlo, trataremos uno de sus grandes dones: la memoria.

En varias oportunidades sostuve largas conversaciones –el término entrevista es inexacto– con El Premier de los lanzadores cubanos y lo que más me impresionó, en esos encuentros, fue su memoria, su capacidad para recordar sucesos de muchos años atrás y organizarlos de manera coherente en una narración.

Estoy convencido de que ese talento, su excepcional memoria, fue uno de los recursos que más le ayudó en su larga carrera como lanzador, en tanto era capaz de recordar los pitcheos realizados a cada bateador enfrentado y todas las circunstancias que rodearon cada duelo. En 2002, cuando ya Marrero tenía 91 años, me hizo estas anécdotas:

“Una vez yo le tiré una recta en zona buena en dos strikes sin bolas a Stephens, el cuarto bate del Boston, que no le tiró y el umpire se la cantó; entonces él le dijo a Grasso [el catcher]: ‘¿ese es un nuevo lanzamiento de Marrero?’ Pero eso yo lo hacía una vez y por lo menos en dos años no lo repetía con el mismo bateador, para que se le olvidara.

“A Gus Zernial, el cuarto bate del Filadelfia, que daba unos batazos tremendos, se lo hice dos veces. La primera vez con bases llenas y dos outs. Estaba en dos strikes porque había conectado dos fouls; entonces le tiré una rectica por el medio y la vio pasar sin tirarle. Cuando el umpire levantó el brazo él no lo podía creer. Me estuvo mirando con odio por mucho rato. Bueno, salió a cubrir en el leftfield y seguía mirándome. Al cabo del tiempo le repetí la receta y volví a poncharlo”.

Marrero era capaz de recordar, más de medio siglo después de haberlos visto, cómo se paraban en el cajón de bateo los grandes peloteros de su época. Igualmente recordaba cuáles eran sus lanzamientos preferidos y cómo eran sus conductas en el home plate. Cuando le pregunté cómo bateaba Ted Williams, esta fue su respuesta:

“Separado del home, pero más bien en el cajón de alante. Como era un hombre alto, le daba a la bola como dos cuartas antes de llegar a home, no la dejaba llegar. De la rodilla hasta los hombros, todo lo que pasara por ahí, le hacía swing. Pero si era mala, no le tiraba. Tenía un concepto tremendo de la bola buena. Siempre le iba. No esperaba el conteo. Ni con tres bolas dejaba pasar la buena”.

“–Y usted, ¿cómo le lanzaba?”

“–Yo trataba de llevarlo a tres y dos. Muchas veces le lancé alto, más bien pegado, porque a los lanzamientos afuera, si eran malos, no les tiraba, y si estaban en la zona de strike los conectaba bien porque tenía brazos largos y no permitía que se alejaran. Pero uno siempre no está igual. Unas veces yo lo dominé y otras él me bateó.”

Mientras, de Mickey Mantle, dijo lo siguiente:

“–Mickey Mantle a la zurda era golfeador de bola y a la derecha bateaba sobre lo alto. Así que, cuando bateaba a la derecha, tú te podías defender pitcheándole bajo, pero a la zurda no, porque golfeaba y daba unos batazos enormes. Pero yo tuve suerte con él lanzándole arriba. Por cierto, una vez me tocó la bola con dos strikes. Yo le tiré una nackle que rompió bárbaro y tocó. Él era tan rápido que cuando tocaba casi siempre se embasaba, porque quién le iba a jugar alante. Era muy bueno tocando. Tocaba con dos strikes y no fallaba.”

Al preguntarle si enfrentó a Joe DiMaggio, me respondió:

“–Sí, dos veces. Una vez le di la base por bolas y la otra se ponchó. Pero ya él no estaba bien. Porque cuando él era pelotero, era la perfección. El más perfecto pelotero que había. Todo lo hacía bien. Bateaba bien, corría bien, tiraba bien y fildeando ni se diga.”

La memoria de Marrero era tan asombrosa que, dos meses antes de su centenario, le pregunté si recordaba su niñez y me respondió: “Sí, me acuerdo que yo estaba en cueros, en medio del campo, y la gente gritaba: mira, ahí va Rosillo, ahí va el avión de Rosillo, entonces miré para el cielo, pero no lo vi”. El famoso vuelo de Domingo Rosillo fue el 17 de mayo de 1913. Un mes antes Conrado Marrero había cumplido dos años.

A los 100 años, Conrado Marrero era capaz de evocar los nombres y apellidos de todas las maestras que había tenido, una de las cuales, Rosenda Burguet, “una señora alta y presumida”, le dijo que era muy bueno en aritmética, pero le advirtió que decir las lecciones de memoria no era leer.

Cuál es el misterio que rodeaba tal capacidad de memoria a un hombre que solo alcanzó la enseñanza primaria y que estuvo obligado a realizar labores agrícolas desde la niñez temprana hasta la juventud, que no hizo otra cosa en la vida que no fuera trabajar duramente, jugar béisbol y enseñarlo.

Definitivamente, ese enigma se fue con él, pero a mí no me cabe duda de que Conrado Marrero fue un hombre de una inteligencia privilegiada, que se objetivó en una especialidad deportiva, pero que, cambiando los contextos, hubiera sido también un profesional brillante en otras disciplinas, como la investigación histórica, por citar un ejemplo.

Otra cualidad suya, ligada a la buena memoria, era su talento para narrar anécdotas. Marrero nunca perdía el hilo narrativo. A los 101 años, cuando lo interrogué por última vez, seguía siendo coherente en su relato. Podía interrumpirlo unos segundos, pero no lo abandonaba, siempre lo llevaba hasta el final.

¿Y qué decir de su longevidad?, ¿cómo se explica una vida tan larga en un hombre que comenzó a laborar desde muy niño y se mantuvo activo, enseñando béisbol, hasta la noventa años?

Evidentemente, Conrado Marrero fue mucho más que un pelotero excepcional y su leyenda trasciende el universo deportivo. Tal vez de él pueda decirse lo que escribió un periodista del New York Times, en 1969, sobre Joe DiMaggio: “No es por los récords que lo recordaremos” (2014)

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.