El cáncer, la esperanza y la voluntad

El legado de Terry Fox.

Con su actitud, Terry Fox mostró que el cáncer no debía ocultarse.

Foto: Tomada de nmnoticias.ca

Como ha sucedido en los últimos veinte años, el pasado 17 de marzo se corrió en La Habana el Maratón por la Esperanza Terry Fox, un recorrido simbólico de tres kilómetros por varias avenidas del centro de la ciudad, con arranque y meta frente al Capitolio. Esta gesta, que es internacional desde 1999, tiene en Cuba al país con mayor participación después de Canadá, porque la carrera se amplifica en diversas localidades del resto de la Isla.

Recordemos que Terrance Stanley (Terry) Fox (1977-1980) fue un joven canadiense apasionado por la práctica deportiva, a quien le amputaron una pierna como consecuencia de un osteosarcoma y en esas condiciones —con una prótesis— inició una empresa descomunal: atravesar Canadá de Océano a Océano (del Atlántico al Pacífico) al ritmo de una maratón diaria (42 km) con el propósito de movilizar conciencias y recaudar fondos para las investigaciones sobre el cáncer.

Aunque no pudo llegar a la meta final, recorrió 5 373 km en 143 jornadas y su objetivo, a largo plazo, fue sobrepasado ampliamente en todos los campos. Un año después de su muerte tuvo lugar la primera carrera TerryFox en Canadá, la cual, en las primeras seis ediciones, recaudó más de 20 millones de dólares canadienses. En 1988 se estableció la Fundación Terry Fox, que asumió la organización de la carrera y la distribución de los fondos.

Pero el legado de Terry Fox va mucho más allá de la hazaña deportiva. A partir de su ejemplo, muchas cosas se transformaron en la percepción del cáncer por la sociedad y entre los propios enfermos. Con su actitud mostró que el cáncer no debía ocultarse, que quienes lo sufrían no debían avergonzarse.

Su mensaje fue muy fuerte también para los discapacitados. El atleta paralímpico Rick Hansen comentó que Fox retó a la sociedad a centrarse en las capacidades más que en las discapacidades, y lo que era visto como una limitación, se convirtió en una gran oportunidad. Las personas discapacitadas comenzaron a ver las cosas de una forma diferente. Comenzaron a sentir mucho orgullo.

Justamente una mujer discapacitada, que hizo el recorrido en silla de ruedas, fue la primera persona con que conversamos en el último maratón de La Habana: María de los Angeles Ávila, quien se desempeña como vicepresidenta de la Asociación Cubana de Limitados Físico-Motrores (ACLIFIM). Ella nos dijo: “Participar en este recorrido es muy importante para las personas con discapacidad, porque es una carrera por la vida, una carrera por la esperanza, donde todos estamos incluidos”.

A su vez, Nieves Adriana Mitjans, coordinadora de la dirección nacional de la ACLIFIM, manifestó: “Para las personas con discapacida físico-motor, esto representa un punto de crecimiento, de esperanza, pero sobre todo de inclusión, y eso es algo que buscamos de manera permanente”.

En la carrera Terry Fox no hay competencia y los participantes pueden optar por correr, caminar, o realizar su recorrido en un medio de transporte. Esas normas la estableció el propio Fox. Entre los maratonistas vemos representados a todos los grupos etáreos y una amplia diversidad social.

Desde que comenzaron los maratones en Cuba, siempre han estado presentes profesionales de la medicina, y en especial del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR), más conocido como hospital Oncológico. Con varios de ellos conversamos, antes y después de la carrera.

El doctor Nélido González, jefe del servicio de cabeza y cuello del INOR, nos expresó que “participar en el maratón es una  manera de promocionar las acciones de lucha contra el cáncer, y del cambio en los estilos de vida. Mucha gente de nuestro hospital participa, tanto médicos como pacientes que estén en condiciones de hacerlo.

“Esta carrera es muy útil para sensibilizar a la sociedad. En este momento el cáncer es la segunda causa de muerte en el país, y en los próximos años se espera que aumente tanto la incidencia como la mortalidad. Antes se pensaba que el cáncer era una enfermedad propia de países desarrollados, pero ya se sabe que no, que es una epidemia para los países subdesarrolados, los cuales no tienen la infraestructura necesaria, ni los medicamentos; una epidemia muy difícil de controlar si no tomamos medidas desde el punto de vista de la promoción en la educación de la salud.

“Una vez que la enfermedad ya está diagnosticada, el ejercicio físico viene a ser un complemento de acuerdo con el estadío en que se encuentre. Hay pacientes que quizás no puedan hacer un ejercicio físico intenso, o moderado, pero para los pacientes con enfermedades que ya están controladas, el ejercicio puede contribuir a su rehabilitación. Claro, no de manera indiscriminada, sino bajo supervisión y orientación profesional”.

Por su parte, el doctor Elías Gracia, jefe del servicio de medicina oncológica del INOR, dice que “participar en la carrera es una manera de respaldar a los pacientes con cáncer, de mostrarles sensibilidad y decirles que como médico también estás con ellos. Aquí vienen a correr pacientes, sobrevivientes de cáncer, colegas… ”

Y enfatiza en que realizar ejercicios físicos es una forma de mantener el cuerpo saludable, no solo como parte del programa de control de cáncer, sino para lograr un estado de salud adecuado.

Por último, a la doctora María del Carmen Llanta, jefa de la sección de psico oncología y trabajo social del INOR, también presente en la carrera, le pedimos una reflexión sobre el valor de la esperanza, desde el punto de vista psicológico, para los pacientes con cáncer, y nos refirió:

“La esperanza es una construcción psicológica que estimula a tener conductas positivas relacionadas con los objetivos que se trazan, con los planes y proyectos; la esperanza tiene que ver con metas y expectativas hacia el futuro, pero tiene que tener un contenido concreto y alcanzable, porque si no se convierte en ilusión, que lejos de ayudar, entorpece el afrontamiento de la enfermedad y sus tratamientos.

“Se suele decir que la esperanza es lo último que se pierde; nosotros decimos que la esperanza es lo que no se pierde incluso hasta el final de la vida, porque sostiene y ayuda”.

Hace algo más de cuarenta años, en 1977, la escritora norteamericana Susan Sontag escribió un largo ensayo para desemascarar las metáforas bajo las cuales se ocultaban algunas enfermedades, entre ellas  el cáncer. Precisamente ese año a Terry Fox le amputaron la pierna y dos años después comenzó su carrera hacia la inmortalidad. Con su actitud, con su influencia, el cáncer fue perdiendo esa capa de misterio y estigma que lo rodeaba. Ojalá, en un futuro no muy distante, también deje de ser un enigma para la ciencia. Cuando eso suceda, allí estará el espíritu de Terry Fox. Mientras tanto, su carrera no cesa. (2018)

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