El ocaso de las librerías

¿Los libros no están de moda?

La Moderna Poesía, a la entrada de la calle Obispo.

Foto: Tomada de Cubaliteria

Si la extinción de la gran mayoría de los cines en La Habana es un hecho, el ocaso de las librerías también lo es aunque se manifieste de manera distinta. Solo que las salas de exhibición cinematográfica han quedado confinadas en El Vedado, mientras que las librerías siguen presentes por toda la ciudad, pero, salvo raras excepciones, son una ilusión, espectros de lo que fueron.

Medio siglo atrás, rememorando sus años juveniles, Guillermo Cabrera Infante escribió: “Bajamos por Obispo, flanqueados por librerías […] y caminábamos entre libros”, denotando la presencia constante de unas y otros en ese tramo inquieto y populoso de La Habana Vieja. ¿Podría ahora decir lo mismo el autor de La Habana para un infante difunto?

Definitivamente no. A la entrada de Obispo lo que vemos son las puertas tapiadas de La Moderna Poesía, en espera de esas remodelaciones que pueden tardar siglos. De todas formas, la insigne librería que fue ya no existía; sus anaqueles cobijaban libros cuyos precios en divisa los hacían inaccesibles para los bolsillos del ciudadano común y su enorme espacio era un desierto.

Al frente, la Cervantes desaprovecha el sitio de privilegio donde está ubicada: es un abigarrado depósito de libros y revistas, una mezcla heterodoxa de géneros y editoriales de muy diverso alcance y perfil, en la cual resulta difícil orientarse; por ejemplo, en un anaquel que dice contener novedades, las fechas de publicación señalan otra cosa. Esa librería, una de las dos en la capital destinadas a la venta de títulos de las editoriales provinciales, pudiera hacer de esa función una marca distintiva, darle una personalidad, mas no es así.

A continuación de la Cervantes, La Internacional, bajo la administración de Artex, dejó de ser una librería; ahora es una tienda de objetos múltiples. En un pasado no tan remoto, cuando pertenecía a Ediciones Cubanas, en sus estantes podíamos ver una buena cantidad de enciclopedias y libros importados. Recuerdo haber visto lujosas, caras ediciones de Aguilar, pero también las biografías de Jack Kerouac, Jackson Pollock y Georgia O´Keeffe, editadas por Circe, que podían adquirirse a precios de remate.

En fin, el tramo inicial de la calle Obispo perdió esa distinción que adquirió muchos años atrás y se convirtió en la antesala de un bazar y corredor para turistas a la caza de lo folclórico.

Afortunadamente, en los predios de Obispo, varias cuadras más allá, está la librería Fayad Jamís, la de mejor funcionamiento y la más surtida en la capital. En sus mesas y anaqueles, no solo encontramos la mayor variedad de libros y revistas, sino que todo está organizado con esmero.

Sin embargo, lo más importante de esa librería, es que mantiene la facultad de ser un centro de cultura, un sitio de intercambio y socialización entre autores, editores, libreros y lectores. No por gusto su administrador lleva 20 años allí y conserva el sentido de orgullo y amor por la profesión, algo muy raro en estos tiempos.

La librería Fayad Jamís, la de mejor funcionamiento y la más surtida en la capital.

Foto: Tomada de Cubaliteria

No es el único librero en La Habana con tal persistencia, los/las hay con muchos más años que se mantienen en esa labor contra viento y marea, solo que no han tenido la suerte de estar en la librería que administra directamente el Instituto Cubano del Libro. Eso le da ciertas ventajas a la FayadJamís.

No muy distante de Obispo, próxima a la Plaza Vieja, en la calle Amargura, está la librería de Ediciones Boloña, un espacio de lujo destinado a la venta de los libros de ese sello de la Oficina del Historiador de la Ciudad, pero aunque la oferta es atractiva y la venta en moneda nacional, hay desconocimiento de la existencia del sitio y eso limita la afluencia de clientes.

La mayor red de librerías en el país está bajo la tutela de los centros provinciales del libro y la literatura (CPLL), una estructura creada en fecha nada propicia: 1990, justo en el preámbulo de las crisis. La idea era buena porque suponía dotar de mayores herramientas culturales a una empresa que hasta entonces había tenido, básicamente, una función comercial, mas nació en el momento incorrecto, en la encrucijada de dos épocas.

En la Fayad Jamís encontramos la mayor variedad de libros y revistas, además organizadas con esmero.

Foto: Tomada de Cubaliteria

Algunas librerías de La Habana pasaron a ser administradas por la empresa Artex, del Ministerio de Cultura, lo cual no supuso un avance cultural, sino que agregaron otros productos a la venta y cambiaron la forma de pago: de moneda nacional a divisas. Entre ellas, la más activa y con mejor funcionamiento es la Rubén Martínez Villena, en Prado, frente al Capitolio. Aun cuando lo que más vende son mochilas, carteras, o artículos de papelería, los libros siguen teniendo en su salón una presencia digna.

Otra cara de la moneda, en las librerías de Artex, es la que presenta la Fernando Ortiz, en L y 27, igualmente un lugar de privilegio minado por el aburrimiento. Allí han puesto en práctica una rara técnica de marketing: algunos anaqueles tienen etiquetas tales como “merma”, o “lento movimiento”, y los precios, en lugar de aparecer en los libros, están situados en el propio estante, como si fueran artículos de ferretería.

Sin embargo, ese procedimiento conlleva algo “novedoso” porque los libros bajo esas categorías sufren una baja de precios que puede llegar a ser considerable, una práctica inusual en el país. Y como esa mercancia no tiene fecha de vencimiento, como la mayonesa o la leche en polvo, es acertado ese proceder. Lo que pasa es que muy pocos compradores nacionales entran alli, por tanto no se enteran de las rebajas.

A escasa distancia de la Fernando Ortiz, bajando por la calle 25 en dirección a Infanta, la librería Centenario del Apóstol, perteneciente al CPLL, también ofrece rebajas, pero a diferencia de la primera, tiene un movimiento constante de público, es una de las más dinámicas de la ciudad, con una oferta muy variada y un servicio que hace honor a la tradición.

La muerte de las salas de cine y el ocaso de las librerías tiene una causa fundamental: el tiempo actual, que, en el caso de Cuba, siempre tiene otras lecturas, otras aristas. Globalmente, ambos espacios culturales han tenido que reinventarse, que redefinirse en esta época de venta por Internet, plataformas de distribución, libros electrónicos, y otras novedades introducidas por la tecnología.

En la Isla, todo tiene que ver con la realidad económico-social. Ante la deprimida economía de las personas, la compra de libros pasa a un plano muy secundario. Entre comprar un libro o una pizza apenas hay alternativa. (2018)

3 comentarios

  1. Odet

    Los libros siguen estando de moda, lo que no está de moda es la ineficiencia de algunas instituciones culturales.

  2. Oscar Saavedra

    Soy mexicano, bibliotecario de profesión, lector asiduo, fan de Leonardo y su producción literaria y amante de Cuba y de su gente. Y me entristece también que tanto las salas de cine, pero sobre todo las bibliotecas y las librerías estén en peligro de extinción en Cuba y en el resto del mundo.
    Desafortunadamente, en la Cuba de hoy, en lugar de destinar el tiempo libre al privilegio de leer, han proliferado los sitios con acceso Wi-Fi, en cuyos parques públicos, por ejemplo, se abarrotan cientos de jóvenes de ambos sexos hasta muy entrada la madrugada, seguramente navegando por Internet (a pesar de que es el servicio de acceso a Internet más costoso del mundo actual) y entretenidos en la comunicación impersonal de las mal llamadas redes sociales, que son en realidad antisociales.
    Saludos cordiales

  3. Enrique Pineda Barnet

    Por supuesto ausencia no siempre quiere decir olvido, quiere decir arrogancia, decir vetar. Hay aves que no tienen nido, pues vuelan libres y no vuelven más.

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