Horatio Rubens, antes y después

Un artífice de las relaciones Estados Unidos-Cuba.

En uno de los extremos del pueblo de Mariel, sobre una apreciable elevación, se levanta una construcción singular. El inmueble, de un eclecticismo más bien delirante, muestra en su exterior lo mismo arcos y columnas calcados de palacios moriscos que torrecillas de castillos medievales. Los más viejos de la zona recuerdan que por muchos años radicó allí la Academia Naval, pero quizá ninguno sabe que tal edificio fue construido como residencia del jurista y hombre de negocios norteamericano Horatio Seymour Rubens (1869-1941) uno de los más singulares artífices de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Su peculiar ejecutoria merecería ser más recordada por estos días, cuando ambas naciones reanudan sus nexos diplomáticos, interrumpidos desde 1961.

Rubens había nacido en New York, donde fue educado y en 1891 la Universidad de Columbia le expidió el título de Doctor en Leyes. Sin embargo, su aprendizaje mayor lo realizaría a partir de entonces, al ingresar en el bufete del jurista y político Elihu Root. De la mano de esta figura hábil y sagaz accedió a importantes contactos en el mundo financiero, legislativo y militar. Luego, el prominente miembro del Partido Republicano llegó a ser Secretario de la Guerra del Presidente McKinley (1899-1903) y Secretario de Estado de Theodore Roosevelt (1904-1909) y Horatio se mantuvo muy cerca de él, aunque nunca pretendiera hacer una abierta carrera política, pues prefirió orientarse al ejercicio del derecho internacional y a participar en sustanciosos proyectos económicos.

Sus primeros nexos con Cuba surgieron en 1893, cuando José Martí contacta con él, a través de Gonzalo de Quesada, su antiguo condiscípulo en Columbia, para que sirviera como defensor de los tabaqueros cubanos que habían ido a la huelga en Cayo Hueso y a quienes los patrones desplazaron valiéndose de rompehuelgas españoles. Rubens resolvió con celeridad y brillantez el asunto y eso le valió que en 1895 fuera nombrado Abogado Consultor General de la Junta Revolucionaria Cubana. Desde esta posición, en la que se mantuvo hasta 1898, estrechó relaciones no solo con Quesada, sino con el nuevo Delegado del Partido Revolucionario Cubano, Tomás Estrada Palma, así como con prominentes figuras militares como Máximo Gómez. Por sus servicios a la insurrección no solo se le concedió el Voto de Gracia de la Junta Revolucionaria sino que se le otorgó de manera honorífica el cargo de Coronel de Ejército Libertador, cuando él ya tenía un grado equivalente en el ejército norteamericano.

La labor del joven abogado iba mucho más de sus atribuciones legales. Se ha podido documentar que fue él quien arrendó los barcos “Lagonda” y “Baracoa” para la fracasada expedición de Fernandina, también sirvió de contacto entre el Partido y los principales órganos de prensa norteamericanos, así como con algunos políticos relevantes y con medios diplomáticos y financieros. Mantenía además una red de corresponsales cubanos emigrados en diversos puntos del mundo y en las propias filas mambisas. Asimismo debía defender a los patriotas detenidos por organizar expediciones armadas a la isla, entre ellos Carlos Roloff y los hermanos Carrillo. En una carta que dirige uno de sus corresponsales, Edmund Frederich, al Coronel Pedro Aguilera Kindelán, miembro del estado mayor de Antonio Maceo, este dice de Rubens que es “nominalmente el Asesor Legal de la Junta Cubana pero en realidad el cerebro del Partido aquí”.

Es indudable que el abogado no trabajaba solo en las obligaciones de su cargo. En 1898, después de haber acopiado muchísima información sobre las diversas posibilidades de separar a Cuba de España, fuera por un pacto, por la compra de la isla o por la intervención de Estados Unidos en la guerra, se decide, indudablemente junto con el círculo de Root, por esta última opción.

En su copiosa papelería, conservada en el Museo Provincial de Camagüey, hay un borrador de la traducción al inglés de la carta de Dupuy de Lome, embajador de España en Washington dirigida al político José Canalejas. Hay que recordar que esta misiva fue misteriosamente filtrada a la prensa, para hacer de los juicios despectivos contra el presidente Mac Kinley un elemento que movilizara a la opinión pública para reclamar la guerra contra España. Se hace evidente que el borrador, de puño y letra de Horatio, fue traducido a toda velocidad para divulgarlo enseguida y en el dorso aparecen las señas del Vicecónsul de Austria-Hungría como posible destinatario de una copia.

Poco después de la firma del Tratado de París, el 10 de diciembre de 1898, por el que la isla queda ocupada por los Estados Unidos, Rubens visita a Cuba por primera vez. Por entonces se debate con fuerza el futuro del país, hay un fuerte grupo de presión, encabezado por el gobernador Leonardo Wood, que reclama abiertamente la anexión, mientras que un ala más “liberal” de los círculos de poder norteamericanos prefiere conceder la independencia después de garantizar un gobierno aliado en ella, pues parecía preferible tenerla como un socio comercial y no como un territorio que incorporar y atender en el seno de la Unión.

Se sabe que Horatio llegaba como parte de una avanzada de los hombres de negocios que procuraban ser los pioneros en invertir en Cuba, de hecho, hay constancia de que venía representando los intereses del poderoso clan Astor. A la vez, supo también trabajar en su propio interés y se vinculó a la naciente empresa Cuba Railroad Company que con capital norteño construía la estructura vial entre Santa Clara y Santiago de Cuba, lo que no impidió que se convirtiera en Consultor del Gobierno de Ocupación y participara en la Comisión Revisora de Códigos y Leyes de Cuba en 1901. Además, se encargó personalmente de apoyar y financiar la campaña de Tomás Estrada Palma, candidato presidencial favorito de Estados Unidos. Se conserva la carta que le dirige en noviembre de 1901 una especie de sargento político llamado Donato Soto en la que le garantiza que ha trabajado junto a Gonzalo de Quesada y el coronel Manuel Lazo en Pinar del Río y que puede contar “con casi todos los votos de esa provincia”.

La primera actuación importante de Rubens en la isla fue la concertación del empréstito por 35 millones de dólares para licenciar al Ejército Libertador. La concesión fue otorgada a la Casa Speyer, gracias a los buenos oficios de Root, por entonces Secretario de la Guerra, pero también abogado de esa firma y mentor de Horatio. No sería la última vez que éste quedara vinculado a tales gestiones financieras, pues entre 1903 y 1904, durante el gobierno de Estrada Palma, conduce las gestiones para un nuevo préstamo concedido por la misma firma.

El jurista, que hasta 1905 acostumbraba a hospedarse en el Hotel Telégrafo, frente al Parque Central, decide construir una suntuosa villa en el Mariel que al año siguiente estaba muy adelantada. El Fígaro del 9 de septiembre de 1906 se hace eco de lo lujoso del palacio que imita en algunas de sus partes a la Alhambra de Granada. Aseguran que hasta la fecha ha costado alrededor de 150 000 pesos y que harán falta otros tantos para concluirlo y amueblarlo. Se conservan en sus fondos no solo las facturas que hacen estimar el costo total de la inversión en 350 000 pesos, sino los croquis para la ambientación y la relación de muebles que debieron comprarse en Europa o tallarse en Cuba, como sucede con el aparador vajillero creado por los ebanistas franceses Lefevre y Saint Just en La Habana, pieza absolutamente excepcional que hoy se exhibe en el Museo Provincial de Camagüey.

El disfrute de tamaña obra, que hace pensar en el palacio de Xanadú, edificado por el magnate del filme El ciudadano Kane, estuvo amargado por la inestable situación política cubana: la fraudulenta reelección de Estrada Palma y la consiguiente revolución liberal conocida como Guerrita de Agosto, a la que siguió una segunda intervención norteamericana que Rubens rechazó hasta por escrito, por la abierta corrupción de Magoon y sus secuaces.

Ya en 1906 aparece el jurista relacionado con un próspero hombre de negocios, el coronel José Miguel Tarafa. Durante años ambos estarán vinculados en negocios como la industria azucarera, la construcción del Ferrocarril del Norte y en diversas empresas financieras. Esto no obsta para que intervenga de modo bastante directo en la política cubana. Se conserva una carta del general Mario García Menocal, del 7 de septiembre de 1912, en que le pide abiertamente apoyo para su campaña presidencial. Años después, en 1921, durante la crisis económica conocida como “Las Vacas Flacas”, Rubens lucha contra la Ley Fordney que gravaba con fuertes tarifas arancelarias el azúcar cubano en el mercado de Estados Unidos.

En 1925, cuando la Cuba Railroad Company y el Ferrocarril del Norte se unen en los Ferrocarriles Consolidados, Horatio es nombrado Presidente. Su mandato resultó memorable por lo moderno de su estrategia: favoreció el nombramiento de dirigentes cubanos para los altos cargos de la empresa; creó comisiones de delegados patronales y obreros para resolver los conflictos laborales; instituyó un conjunto de becas para familiares de trabajadores de sueldo modesto, para facilitar su acceso a diversos centros de enseñanza, no solo media y de oficios sino también de rango universitario.

En sus últimos años, el empresario residía de nuevo en New York y solo visitaba la isla una vez por año. La villa del Mariel fue donada a la República. Los Ferrocarriles Consolidados conservaron parte del mobiliario y el local fue destinado por el Estado a la Academia Naval. Cada una de las visitas a La Habana, Santiago de Cuba, Camagüey, le valían homenajes de los Consejos de Veteranos o de los Ayuntamientos. Fue muy celebrada la publicación en 1932 de su libro Liberty-The Story of Cuba, un testimonio personal de sus vínculos con Martí y la guerra independentista.

Sin embargo, tras la caída de Machado – presidente con el que mantuvo también buenas relaciones- ha cesado la República de “generales y doctores”, los actores políticos son otros y el papel de Horatio es absolutamente simbólico. Uno de sus últimos viajes a Cuba fue en 1938, cuando se hospedó en el Hotel Nacional. Tres años después, el 3 de abril de 1941 falleció en New York, a los 72 años de edad.

Aunque nunca desempeñó un cargo diplomático, será preciso, cuando se escriba con imparcialidad la historia de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, considerar a Horatio Rubens como un singular artífice de esos nexos, su actuación, no totalmente libre de objeciones éticas, tiene muchos rasgos modernos y es un indudable precedente para la actual revisión de tales vínculos. (2015).

Un comentario

  1. Arq. Beatriz del Cueto

    Estimado Dr. Méndez Martínez
    He leido con mucho interés su artículo sobre el enigmático Horatio Rubens. Como arquitecta especializada en conservación me interesa encontrar los datos para el diseño y edificación del Palacio Rubens en Mariel, en particular quienes fueron los arquitectos, diseñadores, maestros de obra y datos relacionados. Estos documentos al igual podrán encontrarse en el Museo Provincial de Camaguey? Mi investigación me ha llevado a varios archivos en Estados Unidos y Cuba sin lograr encontrar estos datos. Pude visitar la propiedad y quedé maravillada con su estado de preservación a pesar de contar con 111 años desde su construcción. Le agradecería su orientación al respecto.
    Atentamente,
    Arq. Beatriz del Cueto

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