La resurrección del Vedado Tennis Club

Un museo para el béisbol cubano.

Durante los días 7 y 8 de noviembre de 2014 participé en un evento singular: el Coloquio Nacional “Museo y Salón de la Fama del béisbol cubano”, celebrado en el Salón Adolfo Luque del Estadio Latinoamericano. Lo debatido y acordado allí hizo una marca en el deporte nacional, pero todavía es una historia en marcha de la que falta por concretarse lo más importante.

En los días señalados, los doce miembros del autodenominado Grupo de Entusiastas por la refundación del Salón de la Fama del béisbol cubano, liderado por el cineasta Ian Padrón, e integrado, además, por historiadores y periodistas deportivos, presentó ante un nutrido conjunto de colegas de varias provincias el proyecto elaborado para terminar con más de medio siglo de injusto olvido.

Como estaba previsto en el proyecto aprobado, en la segunda jornada del Coloquio fueron elegidos los diez nuevos miembros del refundado Salón de la Fama (cinco de la época 1864-1961 y cinco de 1962 hasta el presente), los cuales fueron exaltados durante el Juego de las Estrellas de la Serie Nacional el pasado diciembre, como debe seguir aconteciendo cada año. Pero, ¿dónde colocar las placas de los exaltados?

También ese lugar fue muy bien pensado, y aprobado, en el Coloquio: el Salón de la Fama debía estar en un museo consagrado al béisbol, y para albergar a esa institución existía un sitio ideal en La Habana: el Círculo Social “José Antonio Echevarría”, el espacio que fuera, hasta 1959, el Vedado Tennis Club (VTC).

La proposición del VTC para hospedar al referido museo se fundamenta en la historia de esa sociedad, en las bondades de la instalación, y en su ventajosa ubicación en la capital cubana, como su posición céntrica, con excelentes y rápidos viales para llegar allí: Malecón, Línea, Calzada.

La historia del VTC arranca en 1902, el propio año del nacimiento de la República, y doce años más tarde, en 1914, el equipo de béisbol que lo representa, los marqueses del Vedado Tennis Club, conquistaron el primer campeonato en la estrenada Liga Nacional de Béisbol Amateur. Ese galardón lo mantuvieron durante las dos temporadas siguientes y lo alcanzaron nuevamente en 1925 para prolongarlo hasta 1928. Fue el único tetracampeón de la liga y su dinastía solo puede compararse con la del Hershey: solamente ellos dos lograron coronarse en siete ocasiones.

El VTC fue un símbolo para el deporte en Cuba durante seis décadas, pero, ¿qué ha pasado con la edificación?, ¿en qué estado se encuentra?, ¿será adecuada para ubicar allí el museo?

Esas interrogantes se las formulamos al arquitecto Enrique Pérez Castillo, profesor de la Facultad de arquitectura de la CUJAE, quien es una autoridad en lo que a restauración se refiere; en su currículo aparecen, entre otros, los proyectos del Museo Hemingway, el Museo del Che, el Museo Servando Cabrera y el Museo Farmacéutico. En 2007 le fue conferido el Premio Nacional de Conservación y Restauración de Monumentos.

El profesor Enrique Pérez fue justamente la persona a la que acudió Ian Padrón para que valorara el área construida, hiciera un diagnóstico y le dijera si el edificio era salvable. Según este arquitecto, “en el edificio hubo un derrumbe parcial; hay varios espacios que nosotros llaman crujía –los espacios de carga entre una pared y otra– de las cuales se desplomó una. Pero esa es una prueba de campo física de que el entrepiso resiste, porque resistió todo el peso que le cayó encima. Y la restauración es muy fácil, porque hoy en día se sustituyen esos elementos por otros, duraderos y de fácil montaje. Por otra parte, la reparación del edificio no es capital, sino parcial y muy puntual. El diagnóstico es que el edificio es salvable por medio de una reparación menor”.

Pero las obras para restaurar el VTC y convertirlo en Museo del Béisbol no han comenzado porque la instalación aun es una empresa del Ministerio del Turismo, por tanto, aclara el profesor, “nosotros estamos haciendo el proyecto como un ejercicio docente. Será el trabajo de finalización de curso de alumnos de la facultad de arquitectura. Todavía falta lo que llamamos una línea de deseo: deben decirnos todo lo que quieren que se haga en ese espacio y cómo lo quieren”. Y agrega: “Esto todavía no es un proyecto ejecutivo. Hubiera estado más adelantado si ya nos hubieran permitido comenzar a actuar en el lugar. Nosotros tuvimos los planos originales hace apenas una semana. Pero no estamos esperando sentados, sino trabajando. Ahora mismo los estudiantes están digitalizando los planos”.

Enrique nos explicó que, para la ejecución de las obras, “la doctora Mabel Matamoros, especialista en urbanismo, trabajaría de afuera hacia adentro, se ocuparía de todas la áreas exteriores, mientras que yo tendría a mi cargo la restauración del inmueble, con estudiantes de arquitectura y de ingeniería, asesorados por sus profesores”.

De acuerdo con el criterio del arquitecto, esta idea de adecuar el VTC al Museo del Béisbol llega en el momento correcto, porque “en esta área del Vedado se está aplicando un buen concepto de urbanismo: la antigua fábrica de aceites El Cocinero sirve de instalación para el proyecto La Fábrica de Arte, del músico y realizador X Alfonso. Ahí se rescató un sitio socialmente conflictivo que ahora es aprovechado por los jóvenes. Igualmente se rescató el puente de hierro, un símbolo de la ciudad. Más adelante se sumará la fábrica de ómnibus Girón, enclavada en Línea y 18, propuesta para convertirse en un centro de arte. Ya se construyó allí un pequeño teatro para niños. En fin, que se viene haciendo un estudio muy consecuente en toda esta área, que puede ser coronado con el Museo del Béisbol y el Salón de la Fama”.

Por último, el proyectista agrega que el VTC es ideal, desde el punto de vista técnico-constructivo y espacial, para lo que se ha propuesto. Y señala que él ha comentado con los estudiantes que este proyecto puede ser una arrancada bien arriba en su vida profesional: “nuestro proyecto tiene la intención de rescatar la edificación principal y el resto de las áreas deportivas para que resurjan con todas sus funciones. La idea es que sea una institución muy activa, deportiva y culturalmente”.

Qué duda cabe que radicar el Museo y Salón de la Fama del béisbol cubano en el Círculo Social “José Antonio Echevarría”, tal como lo concibe el proyecto de los profesores y alumnos de la Facultad de Arquitectura de la CUJAE, tal como lo soñó el Grupo de Entusiastas, es una idea que merece levantar el vuelo, por el bien del deporte y de la nación cubana. (2014)

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