La tumba de Cervantes, una interrogante abierta

Investigan posibles restos del escritor español.

Foto: diseño de webmaster de IPS-Cuba

Casi 400 años después de la muerte de uno de los escritores en lengua española más estudiados y reconocidos de todos los tiempos, Don Miguel de Cervantes Saavedra, el equipo multidisciplinario encargado de la identificación de sus restos no ha podido ofrecer un resultado definitivo, por lo que la investigación continúa abierta.

El dilatado y complejo proceso comenzó a materializarse en 2014, con la búsqueda del lugar exacto del enterramiento, según han informado medios de prensa en España. Se conocía que tras su muerte ocurrida el 23 de abril de 1616, y por deseo expreso del propio Cervantes, su cuerpo había sido sepultado en el Convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid, aunque se ignoraba si los restos habían sido desplazados cuando la antigua iglesia fue trasladada tiempo después hacia otro sitio, dentro de los límites del Convento.

Por qué escogió Cervantes el Convento de las Trinitarias como lugar de su enterramiento, se explica en parte por la propia trayectoria de este hombre que tuvo una vida bastante inquieta antes de sentarse a escribir los libros que inmortalizarían su nombre. Quizá porque la Orden Trinitaria u Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos, según su nombre original, fue la que gestionó su rescate y logró reunir la suma de 500 ducados de oro exigidos para su liberación de una cárcel en Argel, donde estuvo recluido durante cinco años. El rescate se realizó con éxito el 19 de septiembre de 1580 y, quién sabe si por pura coincidencia, años después Cervantes fijaría su última residencia en un barrio vecino al Convento de las Trinitarias, donde además estaba internada Isabel de Saavedra, su hija natural.

Pero no fue hasta 1870 que se tuvo mayor certeza de que los restos de Cervantes descansaban en el Convento, a partir de una investigación realizada por el entonces director de la Real Academia de la Lengua Española, Mariano Roca de Togores, Marqués de Molins. En la memoria que recoge el resultado de esta pesquisa bajo el título La sepultura de Miguel de Cervantes, asegura el Marqués:

“En cuanto á los restos de Cervantes, una cosa hay demostrada: que no han salido del Convento que él vio fundar, y en donde mandó que se enterrasen (…) He hecho, no obstante, cumpliendo vuestro encargo, estas averiguaciones, y en ellas he adquirido el pleno convencimiento de que allí fue sepultado, y que de allí no ha sido removido.” (1)

Y fue a partir de esta convicción y de los datos aportados por historiadores y estudiosos que se decidió iniciar todo este proceso de búsqueda, en cuyo origen estuvo el deseo de que la tumba del escritor fuera debidamente identificada. A partir de entonces se ha hablado incluso de la posibilidad de habilitar condiciones especiales para que el túmulo pueda recibir las visitas de un público interesado, aunque todavía no se ha definido nada al respecto.

Los trabajos encaminados a determinar la ubicación actual de los restos de Cervantes comenzaron haciendo uso de un georradar que permitió realizar una especie de mapa del suelo para precisar el lugar del enterramiento. En una segunda etapa se realizaron las excavaciones, poniendo especial cuidado en no afectar la estructura del Convento que ha sido declarado monumento protegido, Bien de Interés Cultural. Las expectativas aumentaron cuando salió a la luz un antiguo féretro con la inscripción M.C. sobre su tapa y finalmente fue posible comenzar los estudios que permitirían confirmar (o no), la trascendencia del hallazgo.

Según han informado medios de prensa españoles, al frente de este equipo multidisciplinario ha estado el experimentado forense Francisco Etxeberria, que realizó la exhumación de personas asesinadas durante la Guerra Civil española, y el análisis de los restos del presidente chileno Salvador Allende, entre otros importantes trabajos.

Los especialistas esperaban identificar a Cervantes por una serie de indicios probatorios, en particular las secuelas de varias heridas recibidas en 1571, durante la Batalla de Lepanto en la que participó el futuro escritor como miembro de la Armada española. Pero las expectativas abiertas con el descubrimiento del ataúd se deshicieron poco después, cuando se supo que los huesos encontrados pertenecían a varias personas, incluso jóvenes. No obstante los estudios continuaron y en un nuevo informe presentado el 17 de marzo de 2015, los expertos anunciaron la posibilidad de que algunos de los fragmentos de huesos encontrados pertenecieran al escritor, aunque hasta el momento nadie se ha atrevido a confirmarlo con absoluta certeza, debido al alto deterioro de las muestras y a que estaban mezcladas con restos de enterramientos posteriores.

Desde un inicio los científicos descartaron el empleo de las pruebas de ADN y, según se ha dicho, será necesario recurrir a costosos estudios en laboratorios especializados para obtener resultados definitivos, por lo cual todavía habrá que esperar un tiempo para conocer si los restos encontrados corresponden o no con los del autor de uno de los libros más célebres en nuestra lengua y de la historia de la literatura, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Pero aún cuando no se pudiera dilucidar con certeza si los antiguos restos corresponden a Don Miguel, o no fuera posible abrir al público la cripta donde supuestamente fueron depositados sus restos, para los verdaderos admiradores de su obra bastaría simplemente con revisitar cada tanto las inmortales páginas escritas por Cervantes. Quizá ese sería el mejor homenaje que le habría gustado recibir al gran escritor, considerado por muchos el creador de la novela moderna y de algunos de los personajes más conocidos e imprescindibles en la historia de la literatura universal, como su inefable caballero Don Quijote y su fiel escudero Sancho Panza.

A más de un siglo de distancia concuerdo con el Marqués de Molins cuando se refería en su memoria al lugar, todavía por precisar, donde supuestamente descansan los restos de Cervantes en el Convento de las Trinitarias Descalzas:

“Por mi parte, lo confieso, me basta saber que están allí; no me importa descubrir en qué rincón. Duerme Cervantes con los que esperaron como él; guardan su sueño las que creen como él; están en su compañía las que amaron y padecieron como él.
O ¿acaso un edificio de pocas varas cuadradas será demasiado monumento para un hombre que llena el mundo con su fama? “(2)

 

Citas (1) y (2): La sepultura de Miguel de Cervantes. Memoria escrita por encargo de la Academia española y leída a la misma por su director el marqués de Molins (1870) pp. 145-146], reproducida por el sitio Historia Urbana de Madrid.

 

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