Cuba en El Mundo hace cien años

Crímenes, deportes, incendios, robos y hurtos menores elevados a la categoría de noticias, y muchos, muchísimos anuncios, llenaban las páginas del periódico El Mundo hace cien años.

Tomado de Ecured

El Mundo fue uno de los diarios de mayor permanencia en la prensa cubana

Un ejemplar del periódico El Mundo correspondiente a enero de 1910 nos mostró los hechos que fueron importantes –según ese diario– en Cuba en los primeros quince días del año y nos proporcionó un paseo lectivo por el periodismo en los inicios de la República que nos deparó algunas sorpresas.

El Mundo, uno de los diarios de mayor permanencia en la prensa cubana, era por esa fecha apenas un conglomerado de anuncios y noticias en doce páginas que aún no constituían un carácter, una personalidad periodística como sí lo fue más avanzado el siglo. Sin embargo, la naturaleza de los hechos resaltados no cambió tanto.

En cuatro ocasiones, durante esa quincena, el deporte acaparó la primera plana del diario: el béisbol (dos veces), el boxeo y el fútbol. Sobresale por sus dimensiones la crónica del célebre periodista Víctor Muñoz sobre un partido de béisbol entre los clubes Almendares y Fé, celebrado el domingo 2 de enero en el Almendares Park. Los detalles del juego son relatados en tres columnas presididas por una caricatura firmada por Massaguer que expresa la paliza sufrida por el Fé. Aparece, además, la relación (line up) de los jugadores de ambos equipos en la que destacan los almendaristas Armando Marsans y Rafael Almeida, figuras históricas en ese deporte.

Una lectura de la crónica de Muñoz sobre el juego revela algunos términos cuyo significado ahora se nos dificulta. Véanse dos oraciones: “El Almendares hizo su primera carrera por dos terapéuticos y dos flíes. El autor de la penetración fue Cabañas”. Complicada metáfora que nos deja en China o en Babia, vaya usted a saber si los batazos “terapéuticos” fueron conexiones de hit (incogible, inatrapable) y si la “penetración” se le adjudica al que anota la carrera o a quien la impulsa.

En su libro Béisbol. Términos y anécdotas, Rogelio Letusé, al referirse a la uniformidad en el argot deportivo, dice que “En el deporte existe una suerte de código relacionado con el hecho de que la terminología o fraseología básica utilizada en el mismo parte de la lengua nativa de aquel que lo concibió o hizo el reglamento para dicha actividad” y señala –en cuanto al béisbol– que en Cuba esta ha sido una directriz casi inviolable, “exceptuando a Víctor Muñoz, creativo periodista que introdujo los términos ‘serpentinero’ para referirse al ‘lanzador’ y ‘laboratorio’ como gráfica de un ‘error defensivo’ ya que la pelota que burlaba a un jardinero izquierdo en los terrenos donde hoy se erige la Terminal de Ómnibus Nacionales iba a parar a un laboratorio contiguo al campo de juego”. (Se trata, igualmente, del Almendares Park.)

Otro suceso elevado a la categoría de acontecimiento relevante fue el incendio del edificio de los Fosos Municipales, situado en la calle Campanario, entre Carmen y Rastro. “El fuego de anoche” dice un titular del primero de enero. La construcción de madera ardió la última noche de 1909 y en el siniestro se achicharraron cerca de doscientos animales entre caballos, mulos, chivos y perros; nueve vehículos de transporte; maquinarias y enseres de trabajo. En las tareas de salvamento participaron bomberos, policías y vecinos que sufrieron quemaduras y lesiones. Paradójicamente, días antes se había denunciado que existían irregularidades en la instalación y el propio día 31 un capitán de la policía, de apellido Pacheco, inspeccionó el local, pero declaró que todo estaba bien. Unas horas más tarde se desató el incendio. Curiosamente, el custodio de los Fosos, al detectar el incendio llamó a los bomberos y desapareció de la escena. Fue encontrado horas después en un café de la esquina.

También ocupó espacio en la primera página del periódico, en el mes de enero, la puesta en vigor de la Ley que autorizaba las peleas de gallos, un asunto muy debatido en los primeros años republicanos.

Pero el evento de mayor seguimiento por esos días, el que acaparó más titulares, fue el caso del español Andrés Fonticoba, a quien se incriminó como ejecutor de un asesinato cometido en Matanzas siete años atrás. El Mundo envió a esa ciudad al periodista Lorenzana para reportar diariamente el proceso judicial y el reportero se introdujo en la trama tomando partido por el acusado.

Lo que singularizó el caso Fonticoba fue la extradición del sujeto desde México porque, según la policía secreta cubana, él era en realidad Manuel Fernández Carpintero, el asesino de Agapito Ubiaga, cuyo cuerpo fue trucidado, metido en un saco y echado al río San Juan, donde apareció en septiembre de 1903, provocando una saga de reportajes. Ahora, el crimen de Matanzas salió de nuevo a flote.

Andrés Fonticoba estaba trabajando en unas minas de Veracruz cuando fue “identificado” como asesino prófugo y padeció encierro en diferentes cárceles del estado mexicano, durante varios meses, antes de ser enviado a Cuba. Una vez en la Isla, declaró que estaba tranquilo porque al fin podría demostrar su inocencia, en tanto él no era la persona que decían. Alegó que había llegado aquí procedente de la península en 1901, que realizó algunos trabajos en La Habana y marchó a Veracruz al año siguiente, por tanto nunca estuvo en Matanzas. Pero al observarse la lista de inmigrantes a bordo del barco en que arribó al puerto habanero, su nombre no figuraba en la misma.

Durante diez días Andrés Fonticoba fue confrontado con cuarenta y nueve testigos, personas que conocieron bien a Manuel Fernández Carpintero, y ninguno lo identificó como tal. Peritos calígrafos cotejaron cartas escritas por el supuesto asesino y no coincidía la letra con la de Fonticoba.

A medida que transcurría el proceso y pasaban los días, el reportero de El Mundo se manifestaba con mayor vehemencia para que soltaran al acusado. Sus reportes, que la mayoría de las veces aparecieron en primera plana, eran encabezados por titulares que decían: “Error policial”.

Un argumento de mucho peso a favor de Fonticoba fue la declaración del doctor Juan Antolín García, dueño de una farmacia donde aquel trabajó en La Habana; igualmente la comprobación de que había ingresado a Cuba en 1901 con un nombre cambiado para evadir la Quinta (servicio militar) en España. Se supo, además, que Fernández Carpintero arribó al año siguiente.

Finalmente Andrés Fonticoba fue liberado de la acusación de asesinato. Por su parte, el periodista Lorenzana, luego de dos semanas de seguimiento noticioso, remató el último reporte con una jugada que Víctor Muñoz describiría como espectacular. Según Lorenzana, al interceptar a Fonticoba cuando salió de la audiencia, vio que este vestía unas ropas muy pobres mientras llevaba un bulto bajo el brazo y, pensando que era una muda de ropa de mejor clase, le preguntó por qué no se cambiaba, a lo cual respondió el recién liberado que en ese bulto guardaba una reliquia: todos los ejemplares de El Mundo publicados desde que él desembarcara en La Habana. Allí, dijo, desde el inicio, había una fundada duda de que el extraditado de México no era la persona que cometió el horrendo crimen, no era Manuel Fernández Carpintero. Solo le faltó a Lorenzana poner en boca de Fonticoba: “tú eres mi héroe”, pero eso ya era demasiado.

Crímenes, deportes, incendios, robos y hurtos menores elevados a la categoría de noticias, y muchos, muchísimos anuncios, llenaban las páginas del periódico El Mundo hace cien años. Cuánto ha evolucionado el periodismo desde entonces, pero algunas cosas apenas han cambiado.

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