La epopeya de Remedios

En San Juan de los Remedios se celebraró un “juicio” a Lucifer en el curso de 24 años.

Jorge Luis Baños - IPS

Un fuerte sentido de pertenencia, de identidad, sostuvo a estos hombres y mujeres de Remedios, hace más de 300 años, que enfrentaron a todos los poderes (civiles, religiosos, reales)

La extraña y abigarrada contienda librada en San Juan de los Remedios, en la región central de Cuba, entre 1672 y 1696, tuvo un rosario de acontecimientos insólitos cuya mención, más de tres siglos después, suena a leyenda, a historia apócrifa; sin embargo, aquellos «sucesos» constan en autorizadas fuentes documentales. Leer esos textos es tocar el delirio.

Y el delirio tuvo un nombre, el del cura párroco de Remedios, José González de la Cruz. La obstinación de aquel sacerdote repleto de poderes religiosos (Beneficiado, Cura Rector de la Parroquial, Vicario, Juez Eclesiástico, Juez Apostólico, Real Delegado de la Santa Cruzada, Comisario del Santo Oficio de la Inquisición), pero ambicioso de mayores beneficios económicos, terrenales; y la especial coyuntura de la época, de la colonia, de la Corona Española, unidos a otros contextos, dieron lugar a lo que Fernando Ortiz llamó una pelea cubana contra los demonios.

En el curso de 24 años, los remedianos conocieron de un «juicio» a Lucifer; de un sorteo con participación de Dios; del desmembramiento de la villa por parte de algunas familias que siguieron los designios de González de la Cruz y de otros, cuyo paradero fue el hato de Antonio Díaz, sitio donde se fundó la ciudad de Santa Clara (en 1689) y desde el cual salieron los hombres que destruyeron Remedios el 12 de enero de 1691, una acción bárbara que, a la larga, se volvió contra los agresores y no doblegó la voluntad de los residentes de abandonar su terruño hacia el nuevo emplazamiento. Finalmente, la persistencia de los vecinos en su asiento original los premió y en 1696 le fueron devueltas todas sus facultades de cuerpo capitular a San Juan de los Remedios del Cayo, la octava villa fundada en Cuba.

Entre los documentos que dan fe de aquellos sucesos, está el «Acta notarial de las declaraciones y juramento de Lucifer» (4 de septiembre de 1682), tomada por el notario público Bartolomé del Castillo, donde, entre otras bellezas, se dice: «Yo Lucifer Juro a Dios todo Poderoso y a la Santísima Virgen María, a San Miguel y a todos los santos del Cielo, y a vos que ovedeceré en todo lo que me han de mandar los Ministros de Dios en su nombre para honra suya y livertad de esta criatura: Y si por ventura quebrantare este Juramento quiero que Satanás sea mi mayor contrario, y que acrecienten más mis penas 70 veces más de lo que padezco. Amén Jesús» (sic).

Existe también otra pieza singular, la «Certificación Nacional de requerimiento sortiario al Santísimo Sacramento» –igualmente legitimada por el mismo notario–; es decir, el acto de magia celestial, donde el P. González de la Cruz, en Santa Misa, hizo descender al Altísimo Señor para que eligiera el mejor sitio para el asentamiento de Remedios, entre cuatro posibles, escritos en papelitos. El mandato de su Divina Majestad recibido por esta vía y por intermedio de un niño, no fue otro, por supuesto, que el hato del Copey, propiedad del cura González. Allí se expresa: «…Y haviendose dicho la Misa y una Plática que hizo el señor Beneficiado [P. González] al Evangelio, en que exhortó al Pueblo pidieran al Señor lo que más conviniera para el servicio de Dios Nuestro Señor, asi revestido como estava abrió el Sagrario y puesto de rodillas ante el Santisimo Sacramento, comenzó el Himno del Espíritu Santo con la oración y haviendo acabado se lebantó y cogiendo una tachuela [taza] de Plata que estaba sobre una mesa inmediata a el Altar, llamó a un niño llamado Leonardo de edad de 4 años; Y estando las Cédulas [los papelitos] referidas en la dicha tachuela para ver adonde el Señor era servido se pusiera la Población de esta Villa, o si era del servicio de su Divina Magestad el que se quedara en este sitio y parage adonde oy se mantiene y escortando al dicho Niño, metió la mano el Niño y sacó un papelito y se lo dio al Sr. Beneficiado y dicho Señor Beneficiado Dixo: Santa María de Guadalupe, que es el sitio y parage del Hato del Copei; llamándome a mi el presente Notario en presencia del todo el concurso me entregó la Cédula y Doy Fe decía la dicha Cédula: Santa María de Guadalupe y me pidio le diera testimonio de lo que avia pasado que es según y como certificado…» (sic). No dice el notario si el P. González saludó al público después de concluido el número. ¡Tremendo número!

De mucho interés resulta, igualmente, el documento nombrado «Alegato de las matronas de Remedios» (9 de octubre de 1692). Se trata de una carta enviada al Obispo Diego Evelino de Compostela por un grupo de mujeres de la villa. Allí cuentan las penurias por las que están pasando: «… nos hallamos en este lugar, patria nuestra, tan desconsoladas, con tantos disgustos, penalidades y calamidades, que aseguramos a V. S. Illma., que segun el desconsuelo y penas que nos asisten, que no sabemos si estamos en este mundo o en el otro, por causa de la acelerada y rigurosa sentencia que há pocos días llegó a nuestra Villa, en que se manda con toda presteza salgamos de ella, desamparando y dejando perdidas nuestras pobres casas y nuestras pobres haciendas de campo y labranzas, que hemos estado manteniendo con tantos trabajos en tantos tiempos, para tener con que sustentarnos…» (sic).

Un fuerte sentido de pertenencia, de identidad, sostuvo a estos hombres y mujeres de Remedios, hace más de 300 años, que enfrentaron a todos los poderes (civiles, religiosos, reales), en un desafío por mantenerse en el sitio donde nacieron y desarrollaron sus vidas. Ellos escribieron una página memorable, aunque en su trama están presentes elementos diversos de tragedia, comedia, magia (blanca y negra), brujería, con tintes del absurdo, del grotesco; de manera que por momentos parece una farsa. Pero, para quienes la vivieron, fue una epopeya.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.