Al final del camino

El envejecimiento de la población cubana: estado y pronóstico.

Jorge Luis Baños - IPS

En Cuba, la insuficiencia financiera no es un mal que soporten solamente los ancianos jubilados, pero son ellos quienes la sufren con mayor rigor

¿Cuál es la situación general de los cubanos más desprotegidos en la tercera edad?, ¿qué les ofrecen las instituciones?, ¿qué problemas confrontan, cómo ven sus vidas y cuáles son las perspectivas desde las proyecciones actuales de una población cada vez más envejecida?

Con esos presupuestos temáticos los realizadores Diddier Santos y Yaima Pardo construyen el documental, Al final del camino, donde muestran un doloroso rostro de la sociedad, y descubren una senda vital cuyo tramo último sobrecoge al espectador y al futuro caminante.

El documental es un género que ha hecho aportes significativos a la cinematografía cubana en los últimos años con la contribución de los realizadores más jóvenes, beneficiados por las facilidades de producción que brindan las nuevas tecnologías.

Por la muestra del concurso anual de Nuevos Realizadores, bajo el auspicio del ICAIC, han desfilado obras inquietantes, socialmente incisivas o estéticamente atrevidas y, en todo caso, culturalmente enriquecedoras en tanto maneras distintas de mirar el país. Al final del camino ganó este año dos premios en ese concurso, el del Centro Memorial Martin Luther King y el de la Fundación Brownston.

Desafortunadamente, muchas de estas obras, aún conquistando premios y recibiendo elogiosas críticas, no han llegado a los circuitos de distribución comercial, pero su impronta ha quedado, son referencias para otros realizadores y están en la memoria de profesores y críticos.

Al final del camino está realizado con el método tradicional de la encuesta, sus exploraciones no son estéticas sino de antropología social y aquí cala hondo, llega lejos. La muestra tomada es amplia y significativa dentro del universo que investiga. Los encuestados son actores de la trama o están comprometidos con ella en diferentes niveles, son sujetos que conocen bien el camino.

¿Adónde acude un anciano cuyos recursos financieros son insuficientes para alimentarse, o cuya vivienda no le brinda abrigo seguro, o cuya salud está quebrantada y se encuentra solo, o, en el peor de los casos, lo afronta todo a la vez? Vayamos por partes.

En Cuba, la insuficiencia financiera no es un mal que soporten solamente los ancianos jubilados, pero son ellos quienes la sufren con mayor rigor. Si el salario no alcanza para cubrir las necesidades, muchísimo menos alcanzan las pensiones, refiere un entrevistado.

Los ancianos interrogados en el documental, que llegaron a la jubilación en disímiles oficios y profesiones, trabajaron una buena parte de su vida, pagaron su cuota para el retiro y ahora enfrentan la miseria económica. “Yo le aporté más al estado que lo que ahora recibo”, dice uno de ellos.

Los realizadores del documental despliegan una estructura sencilla y funcional con un prólogo, secciones dedicadas a los tres problemas esenciales que sufren los ancianos más desprotegidos ­–soledad, alimentación y vivienda– y un segmento final conclusivo. En cada tramo los actores del relato aportan nuevos argumentos a la tesis en desarrollo: las crecientes dificultades de una población cada vez más envejecida.

Los realizadores de esta obra no establecen un debate entre los actores de la trama, no quieren hacer un balance de los puntos de vista, como fue usual en el documental social cubano y como aún estilan los reporteros de los medios oficiales. Aquí los puntos de vista, aunque vienen desde fuentes diversas, se apoyan entre sí.

Como se dijo antes, la amplitud y profundidad de la muestra refuerzan la legitimidad del documento expuesto. El problema no solo es correctamente interrogado, también las respuestas vienen de las personas y los sitios correctos.

Entonces, ¿cuáles son los lugares hacia donde pueden ir los ancianos cuya economía no les permite alimentarse adecuadamente, o aquellos que la soledad se les vuelve insoportable, o quienes no poseen vivienda?

La cámara registra testimonios e imágenes en los hogares de ancianos y las casas de abuelos. Intervienen los ancianos y directoras que hacen todo lo posible por ellos, pero los recursos con que cuentan son insuficientes.

Según la directora de la Casa de Abuelos del municipio Plaza, “falta apoyo institucional. Esto no debe ser solo del Ministerio de Salud Pública”. Mientras, la directora del Hogar de Ancianos “24 de febrero” refiere: “Los hogares de ancianos no entran en la Batalla de Ideas. No tenemos nada. No me alcanza lo que me dan para nada”.

Otras muy diferentes son las imágenes y los testimonios en las llamadas viviendas protegidas en La Habana Vieja, un proyecto de la Oficina del Historiador de la Ciudad que brinda hospedaje en condiciones dignas para los ancianos que reciben estos beneficios, pero cuyo alcance poblacional es muy limitado.

Contrastivos, a favor de los ancianos, son también los testimonios filmados en instituciones religiosas: el Hogar de Ancianos Santovenia, en el Cerro, y la Parroquia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, del municipio Diez de Octubre. En este último sitio, el Padre Jesús María Lusarreta expone que su divisa es “que los pobres tengan por amor lo que los ricos tienen por dinero”.

Luego, cabe preguntarse: ¿Este es un problema solo de falta de recursos o falta conciencia sobre la magnitud del problema?

Para el demógrafo Ernesto Chávez, los tomadores de decisiones no tienen conciencia plena de todos los cambios que va a provocar el desarrollo perspectivo del envejecimiento en Cuba, y da un pronóstico como si este fuera un proceso metereológico: “Ahora estamos en fase de tormenta tropical, pero entre 20, 25 años será un huracán, y entre 30, 35 años ya ese huracán será de gran intensidad”.

Dice Miguel Coyula, especialista del Grupo de Desarrollo Integral de la Capital que, “aunque el discurso político de la sociedad es que el anciano se merece una vida digna y protegida, en realidad eso no ocurre porque hay problemas materiales que lo impiden, pero también hay problemas conceptuales”.

Y señala este reconocido arquitecto: “hay que ir al futuro y venir para acá, considerar a las personas de la tercera edad como un componente más de la sociedad, un componente muy importante porque, de no cambiar la tendencia, Cuba será uno de los países más envejecidos del mundo, y hay que pensar en esos términos, de país envejecido”.

Ojalá que Al final del camino logre alcanzar diversos, amplios canales de exhibición y llegue a la mayor cantidad de públicos posibles, incluyendo a los decisores. Los vientos de la tormenta baten cada vez con más fuerza.

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