Amores perros y otros amores

Trato y maltrato animal.

Una perra callejera en La Habana.

Foto: Tomada de Radio Rebelde

A duras penas el auto esquivó al perro, o el perro esquivó al auto, no sé muy bien, pero el can estuvo a punto de ser atropellado. Era evidente que nunca había cruzado la avenida y estaba en apuros. Mi vecina lo vio en tal situación y decidió auxiliarlo. Con el perrito en brazos llegó a su casa para ofrecerle un refugio temporal hasta que aparecieran sus dueños.

Los dueños del cánido no aparecieron y expiró la temporalidad del amparo; por tanto la vecina necesitaba quien se hiciera cargo del animalito. Solo que cualquiera no podría ser, sino alguien que realmente fuera capaz de cuidarlo adecuadamente; alguien que le diera protección y amor.

Yo lo había visto llegar a la vivienda, temeroso y desconfiado, con la cola entre las paticas traseras, y había observado su rápida adaptación en el hogar de tránsito, donde ya jugaba y parecía feliz. No era justo tronchar su felicidad, abandonarlo nuevamente; entonces intervine para buscarle un hogar de adopción.

Afortunadamente ya yo conocía a la persona correcta para esos menesteres, aunque no imaginé toda la bondad que era capaz de dar. Cuando le llevé el perrito a Lucía –la persona de marras– en la Universidad de La Habana, aseguré que nuestro pequeño amigo no quedara desamparado.

Lucía es una, entre muchas personas en Cuba, que entregan mucho tiempo de su vida para proteger a los animales sin amparo. A grandes rasgos ella me cuenta en qué consiste su ayuda:

“Desde que llegué a la Universidad de La Habana, en 2005, he salvado a una buena cantidad de animales que me han traído. Yo los auxilio para que se puedan desparasitar, vacunar y esterilizar. La esterilización evita la reproducción innecesaria, la cual acarrea miles de situaciones desagradables.

“Después viene otra faena ardua: buscarles un hogar, una familia para quienes el animal no sea una carga o un juguete para los niños, que tengan una actitud responsable ante su salud y alimentación.

“Una ayuda importante, en todos estos asuntos, la he recibido de CeDA (Cubanos en defensa de los animales) porque me han facilitado medicamentos, lugares de tránsito y puesto solicitudes de adopción en las redes sociales. Ellos trabajan incansablemente por los más indefensos.

“Mi labor incluye, si es necesario, la confección de solapines para los perros y gatos sin dueños que viven en centros de trabajo u otros lugares. El solapín los identifica e informa, además, si están vacunados y esterilizados.

“Mi aporte es nada comparado con personas de mayor edad y más tiempo en el ejercicio de protectores. Pero he podido socorrer a los que me llegan y encontrarles un espacio para vivir, para que estén alimentados, para que se puedan guarecer, para que sirvan de compañía y reciban amor.

Personas como Lucía contrastan con aquellas que representan los antivalores que tanto dañan a la sociedad, esas para quienes el maltrato a los animales forma parte de lo cotidiano. Al respecto le preguntamos a la protectora, cuáles eran los casos que había visto con mayor frecuencia.

“Los casos más frecuentes de maltrato son golpizas porque el animalito se hizo pis donde no debía, o porque el dueño viene de mal humor y lo descarga sobre su mascota. Se ha sabido de personas que han matado a golpes a su perro. Otro maltrato habitual es el abandono de cachorros, porque la perra parió y hay que deshacerse de ellos, a veces junto con la propia madre.

Claro que también abundan los poseedores de mascotas sin conciencia de la conducta a seguir en cuanto a alimentación, salud, modo de vida, socialización. Así lo comenta Lucía:

“Creo que el desconocimiento sobre el manejo de las mascotas, sus necesidades, y su elemental atención para una vida normal y saludable dentro de lo posible, es un factor determinante en el comportamiento de la mayoría de los que maltratan. Es que la cultura incluye conocer la naturaleza y sus criaturas. Cuando se conocen, entonces se respetan, pues se sabe de su papel en la misma.

Avanzar en ese conocimiento es vital, mas es medular la implementación de una Ley de Protección Animal, algo que hasta ahora ha sido una quimera en la iIsla. Para conseguirla han trabajado instituciones no gubernamentales como Aniplant y el Consejo Científico Veterinario, pero también lo han hecho grupos como PAC (Protección de Animales de la Ciudad) y proyectos socioculturales como CeDA (Cubanos en Defensa de los Animales) sin resultados definitivos.

La carencia de legislación brinda un marco de impunidad a quienes maltratan y agreden a perros, gallos, caballos, gatos, aves; actos salvajes que avergüenzan a la sociedad en su conjunto, que denigran al ser humano.

Está bien estudiada y documentada la relación entre el maltrato animal y la violencia contra las personas, sobre todo contra mujeres y niños. Por otra parte, el maltratador, no pocas veces, ha estado inmerso en una cadena de abusos cuya historia puede venir desde la niñez. Nació y creció dentro de un círculo de maltratos en el hogar (contra su madre, contra él, contra su perro), quedó atrapado en el mismo, y una vez adulto reproduce ese patrón de violencia.

Pero una sociedad civilizada no debiera permitir esas conductas, no debiera brindar impunidad a su reproducción. Debiera tener leyes que las sancionen y educar a sus ciudadanos en el respeto a todas las formas de vida.

En América Latina, varios países han promulgado leyes contra el maltrato animal. Costa Rica ilegalizó las peleas de gallos desde 1922 e incluyó el maltrato animal en su Código Penal. En México, desde 2013, entró en vigor la Ley contra el maltrato animal, la cual estipula que las personas que maltraten algún animal doméstico o silvestre podrían ser castigadas con penas de hasta 4 años de cárcel.

En Cuba seguimos esperando por la legislación que detenga el maltrato animal, pero hasta tanto no suceda, quienes sienten en su corazón y en su conciencia cada abuso cometido, se movilizan y actúan para brindar protección y amor. (2017)

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