Arte digital en Cuba

Legitimación, expansión y destino en la isla.

Tomado del sitio de Arte digital en Cuba

Las posibilidades de creación que brinda la tecnología digital son visibles cuando se observan las obras realizadas y cualquier prejuicio a priori es desterrado

El reciente noviembre habanero registró otra edición, la oncena, del Salón y Coloquio de Arte Digital en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. Y bien, ¿qué representa eso?, ¿qué implicaciones tiene para la vida cultural cubana?, se preguntarán algunos.

Haber alcanzado esa cifra (11 en el mes 11 del 2011) tiene una significación numerológica que sobrepasa este comentario; pero en términos de permanencia en el calendario cultural de la capital es una marca digna de atención.

La institución que dirige el poeta y cineasta Víctor Casaus comenzó estas lides en 1999 cuando el término arte digital, en la isla, podría resultar extraño, sospechoso, hasta hereje. Doce años después muchas cosas se han modificado y aunque, incluso en el campo artístico persiste alguna resistencia para admitir su validez, para no pocos creadores su legitimidad es un hecho.

También es un hecho que el Centro Pablo tiene el mérito de ser pionero y haber alentado todos estos años esta manera de hacer arte a través de la tecnología binaria, abrir un espacio de visibilidad para los artistas y de confrontación entre ellos mismos junto a críticos y teóricos.

El Salón de Arte Digital se conforma con las obras que obtuvieron premios y menciones en el concurso previamente convocado al efecto; nutre el salón, además, una selección de obras del jurado.

Los tres primeros salones solo convocaron al Premio en Obra impresa, pero desde el IV Salón se incluye, además, Obra audiovisual, con lo cual el universo creativo se amplió hasta la imagen en movimiento, una consecuencia natural del desarrollo tecnológico.

Las posibilidades de creación que brinda la tecnología digital son visibles cuando se observan las obras realizadas y cualquier prejuicio a priori es desterrado. La representación visual se enriquece enormemente. El artista tiene a su disposición una herramienta muy poderosa para actuar y desarrollar sus ideas.

Una de los temas a debate para refutar la carta de identidad de esta forma de crear es que, para algunos, no se trata de un arte, sino solo de un soporte de la obra. El pintor Ángel Alonso, entusiasta reincidente en los salones y coloquios desde 2002, argumenta en un artículo presentado al coloquio anterior que: “la opinión de que es solo un soporte se desvanece si observamos que cada género de las artes visuales está determinado por el material utilizado. Dentro del grabado, por ejemplo, una xilografía es una xilografía precisamente porque se ha trabajado sobre una madera, una litografía obedece a una piedra y así sucesivamente. De lo que se deduce que el soporte nunca ha sido mudo, sino que es uno de los condicionamientos más importantes para lograr un resultado cualquiera y uno de los contenidos intrínsecos de la obra de arte”.

Para Alonso, “independientemente de que se le llame ‘nuevos medios’ o ‘Arte Digital’, de lo que se trata, en todo caso, es de una revolución de la imagen que puede incluso llegar a transformar las funciones básicas del arte tal como lo conocemos hoy y no simplemente de un medio más”.

Precisamente este creador moderó, en el Coloquio, un debate nominado “La creación digital, perspectiva desde el audiovisual y sus relaciones con las artes visuales contemporáneas”, junto a un panel conformado por los realizadores Pavel Giroud y Celia y Yunior (sic), y el crítico Gustavo Arcos.

Según Giroud, vivimos momentos en que conceptos como cine y video-creación pertenecen al pasado porque esta es la era del arte y la narrativa transmediática, y refirió que para los artistas de la isla “el conflicto es encontrar las vías para integrarse a estas plataformas desde una obvia precariedad tecnológica y una impertinente voluntad de aislarnos”. Luego, su pregunta, “¿cómo dejar tu testamento en una era donde el papel, la tinta, el celuloide y las cintas de audio y sonido no son suficientes?”, tiene un sello inquietante.

Para Arcos, asistimos a una transformación total del lenguaje cinematográfico atendiendo a las nuevas formas y espacios de producción, distribución o exhibición, los nuevos soportes y formatos o la mezcla de géneros y estilos narrativos aportados por el amplio acceso que tienen en el mundo de hoy aquellos que se interesan por este arte.

Arcos señaló que las nuevas tecnologías han disparado la creación audiovisual y ha emergido una generación distinta, con otras referencias, con otra formación porque su relación mayor es con las tecnologías, la cual marca todos los procesos de creación, producción y consumo.

A esta generación pertenecen Celia y Yunior, quienes han podido expresarse en el audiovisual por la facilidad que brindan las tecnologías para crear y difundir la realización a una mayor velocidad; realizaciones que la gente consume –dice Celia– sin preguntar de qué se trata en cuanto a género o soporte; información que la gente comparte –dice Yunior– de CD en CD, de memoria en memoria, sin atender demasiado a la pérdida de calidad visual y sonora.

Para poner de relieve la importancia que ha adquirido la tecnología binaria en la creación y producción cinematográfica, Pavel Giroud puso el ejemplo de los premios del Sundace este año, otorgados íntegramente a proyectos digitales en los que converge todo el universo mediático.

En ese sentido –el mundo de los conectados–, Giroud mencionó lo rezagados que están los artistas de la isla en este campo por la precariedad de la conexión cubana a internet y las limitaciones de la misma. Y se preguntó por el futuro del arte cubano si esas circunstancias no se modifican aceleradamente.

Una muestra del reconocimiento de estos salones es que la revista Arte Cubano le ha dedicado sendos dossiers en 2002 y 2011. El primero, “para presentar, esclarecer y justipreciar las posibilidades de creación que se le abrían a nuestro ámbito artístico; este segundo [2011] busca valorar y recapitular sobre lo hecho hasta hoy y su importancia para la cultura visual nacional”, dijo el crítico Jorge R. Bermúdez, al presentar la revista en el Coloquio.

El arte creado con la tecnología digital tiene entre su arsenal de creadores, en mayoría, a las últimas generaciones, las cuales incorporan a la computadora a sus vidas como algo natural y el mouse es una extensión de sus manos, de manera que la producción cultural surgida de esa tecnología no se cuestiona, se utiliza, se consume. Pero, ¿y la brecha tecnológica, y el destino de los no conectados?

Esa inquietud no es nueva. Está formulada hace bastante tiempo en el campo académico y en Cuba siempre está en la agenda de artistas y profesionales de todas las especialidades.

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