Carilda también es Cuba

Mujer en rebeldía contra los prejuicios que nunca estuvo atada a fórmulas ni a modas, su obra poética apeló a todos los recursos vanguardistas y hasta coloquiales para mantenerla siempre atenta a su tiempo.

La destacada poetisa falleció este 29 de agosto, a los 96 años de edad.

Foto: Tomada de Radio Bayamo

Extrañaré aquellas interminables llamadas telefónicas que de La Habana a Matanzas y viceversa, sosteníamos Carilda Oliver Labra y yo con esa amistad entrañable que nos unió, gracias a nuestra pasión por la poesía.

Ahora que no escucharé más su voz porque dicen que la muerte vino a buscarla a sus 96 luminosos años, tengo que acudir a sus libros para que ella vuelva intacta con ese sentido de la libertad y la autenticidad que fueron los aspectos más remarcables de su vida y de su obra.

Carilda Oliver Labra nos dejó todo ese tiempo del que hablaba Eliseo Diego pero, sobre todo, sus lecciones de vida y de creación que son un legado inapreciable para la literatura hispanoamericana.

Carilda Oliver Labra también fue cariñosamente llamada en Cuba como “la novia de Matanzas”.

Foto: Tomada de De mi Cuba

Calificada por algunos como neorromántica, algo que le irritaba, y con muchísima razón, pues su obra apeló a todos los recursos vanguardistas y hasta coloquiales para mantenerla siempre atenta a su tiempo, sin perder un ápice de lo que era, es decir, de lo que es: una mujer en rebeldía contra todos los prejuicios, un ser humano con una sensibilidad especial que nunca estuvo atada a fórmulas ni a modas.

Excelente sonetista, quizás fue en esta difícil estrofa donde puso todo su talento sin dejarse arrastrar por las rimas fáciles ni por las exigencias de una estrofa en la que también encontró, paradójicamente, una forma de ser libre, a su manera educada y discreta, pues aunque algunos le achaquen una vida desordenada, Carilda era mujer de su casa y sus amores, y fue siempre fiel a los hombres que la acompañaron.

Mi primer recuerdo de ella se remonta a principios de los años ochenta. Asistía yo a un encuentro de talleres literarios en Varadero y allí ella hizo su aparición, revolviéndolo todo con su belleza y esa sonrisa perenne que estallaba, a veces, en rotundas y contagiosas carcajadas.

Me concedió el beneficio de su atención y, desde entonces, todo en ella fueron elogios inmerecidos hacia mi persona y agradecimientos que no tenían razón de ser cada vez que yo escribía sobre alguno de sus libros. Y fueron muchas las veces en las que dediqué mis esfuerzos a descifrar a esa poeta injustamente encasillada como erótica.

Cierto que Carilda Oliver Labra era una maestra de la poesía amorosa pero no pueden olvidarse sus muchísimos textos dedicados a denunciar o a elogiar el mundo circundante. Sus preocupaciones sociales fueron tan profundas como sus versos líricos en los que exaltaba la relación física y espiritual de la pareja humana.

Carilda en conversación con el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro.

Foto: Tomada de Radio Cadena Agramonte

Ahora que ya no está entre nosotros podremos valorar mejor el legado que nos deja en relación con su literatura.

Particularmente recordaré siempre sus frases sentenciosas, sus consejos, esa modestia que la hacía parecer una mujer común cuando era realmente extraordinaria.

Nada más difícil que despedir a esta amiga lírica y desordenada que como el hermano Miguel a César Vallejo nos hará siempre una falta sin fondo.

Vivió una larga vida pero yo hubiera querido que se quedara un poco más, tal vez me hubiera gustado pedir el imposible de que nunca muriera.

Y en cierto modo así será. Carilda también es Cuba. Y sus poemas imperecederos y su menos conocida, pero de igual modo importante, prosa, nos la devolverán por intermedio de ese reino de papel en que fue absoluta soberana y tan, tan fiel a sí misma que cuesta trabajo compararla con alguien más auténtico. (2018)

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