Colección G: el libro cubano como un hecho cultural integral

El Centro de Formación literaria Onelio Jorge Cardoso y su editorial Cajachina proponen una nueva manera de hacer libros.

Legna Rodríguez

Foto: Caimán Barbudo

A pesar de los detractores que pudiera tener el Centro de Formación Literaria cubano Onelio Jorge Cardoso, a estas alturas resulta innegable la renovación que ha realizado en la literatura del país en cuanto a visibilizar y dejar hacer a los jóvenes escritores.

Ahora, desde noviembre de 2014, la nueva colección que nos propone su editorial Cajachina, bajo la nominación de G, comienza a entregarnos libros donde diseño, edición, contracubiertas y tipografías reúnen a bisoños especialistas de diversas manifestaciones para publicar volúmenes también desafiantes con la tradición que, seguramente, también causarán sus “ruidos” a lectores convencionales o pacatos.

Así sucedió, por ejemplo, con  No sabe/No contesta, de Legna Rodríguez. Según cuenta el director de la Colección G, el también joven crítico Gilberto Padilla, la obra estuvo nueve meses en la imprenta a causa de que algunos allí se negaban a publicar un volumen que calificaban de “pornográfico”.

En realidad, el libro, que agrupa quince relatos, es un homenaje a escritores que la autora admira y de los que se siente deudora y el cuento que provocó los resquemores aludía a la poética de Charles Bukowsky, quien, como se sabe, cultivó una literatura de lo escatológico que Rodríguez parodió adueñándose de sus ambientes sórdidos, marcadamente sexuales y en el que proliferan las “malas palabras”, todo esto en un intento a todas luces logrado de  “noquear” al receptor.

En la presentación del libro de Rodríguez, Padilla se quejó de la poca atención que se presta fuera de las fronteras de la Isla a la obra de los más recientes autores cubanos.

Eso, dijo, no pasa con otros países donde escritores menores de 40 años aparecen como mayoría en los catálogos de las grandes editoriales. “La literatura cubana que se promueve más allá de nuestras fronteras, se ha quedado anclada en autores de más de sesenta años”, expresó.

Esta colección G, todavía casi desconocida por el público, pretende hacer coincidir lo mejor de la literatura de los jóvenes con lo mejor del diseño y las artes plásticas de creadores de poca edad,

De esta manera, el libro de Legna Rodríguez se apoya en el vanguardista diseño y composición de Michelle MiyaresHollande y un dibujo de contracubierta de la ya reconocida y talentosa Mabel Poblet.

Anteriores libros de la Colección G abarcan incluso a pintores que no residen en Cuba y lo mismo ocurrirá con los libros que se encuentran en proceso editorial, entre ellos uno del talentoso Osdany Morales con dos noveletas reunidas en un volumen bajo el título Toomuchinformation.

Según declaró Gilberto Padilla, su propósito como director de la Colección G es publicar narrativa cubana contemporánea y se expande a romper con la precariedad de la factura prevaleciente en las editoriales cubanas y tratar de reunir un corpus literario nacional en que el lugar donde residen los autores no sea lo más importante.

Hay que admitir que lo que comenzó en 1998 siendo un taller y después se convirtió en el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso con el apoyo del Ministerio de Cultura de Cuba, ha sobrepasado su misión de ofrecer a los mejores talentos del país los conocimientos teóricos, técnicos y la experiencia práctica para afrontar el oficio de la literatura con el rigor necesario.

Desde su creación por Eduardo Heras León, Ivonne Galeano y Francisco López Sacha provocó la suspicacia de algunos que sostenían que no era posible hacer”una escuela de escritores” y albergaban dudas sobre el grado de influencia que, desde el punto de vista estético impondría supuestamente la institución.

Sin embargo, la vida ha demostrado que los más audaces y talentosos jóvenes que emergen hoy en la literatura cubana proceden de sus aulas.
Todos son diferentes y el grado de libertad tanto temática como estilística es tan grande que llega a asustar a algunos, sentados todavía en las cómodas poltronas del realismo y las sintaxis tradicionales.

Esta nueva colección de Cajachina asombrará por lo osado de sus proposiciones, tanto desde el punto de vista temático como de la factura de unos libros que dentro de sus páginas se atreven a jugar contra todas las normas de la edición y la diagramación y no paran mientes en hacer lo que les viene en ganas.

Además de su editorial, que publica también la revista trimestral El Cuentero, el Centro convoca el Premio César Galeano para los egresados y con carácter anual y ofrece cinco becas de creación al año para proyectos de libros que después, si su calidad lo amerita son publicados por Cajachina.

Por si fuera poco la institución ofrece, junto a su curso de técnicas narrativas, uno de guiones para cine y televisión. Posee además una sala de computación con acceso a Internet, una biblioteca y una videoteca.

Nadie debería asustarse de que los jóvenes tengan su propia concepción de la y del como un hecho cultural integral. Ellos están escribiendo su propia historia y a todos debería alegrarnos que las instituciones los ayuden. Sin cortapisas ni reparos. (2016)

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