¿Cuándo llegará?

Cineastas proponen nueva Ley de cine.

Es muy probable que el VIII Congreso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), celebrado los días 11 y 12 de abril, se convierta en un evento histórico, aunque no precisamente debido a la trascendencia de los acuerdos aprobados por sus delegados. Entre todas las reuniones efectuadas hasta la fecha esta será recordada en particular por las discusiones que generó la propuesta presentada por un grupo de cineastas sobre la creación de una nueva Ley de Cine cubano, y la tibia recepción entre los dirigentes del cónclave, que no consideraron la iniciativa como una prioridad.

De acuerdo con la Agencia de Noticias Prensa Latina, los promotores de la Ley solicitaron que el respaldo de los participantes a esta legislación fuera recogido en el dictamen de la comisión Cultura y Medios “pero los redactores del texto lo consideraron innecesario”. Por su parte el escritor Abel Prieto, exministro de Cultura y asesor del Presidente de Cuba, tampoco creyó “prudente forzarle esta prioridad a un país con una agenda legislativa tan tensa”.

A pesar de las argumentaciones a favor del proyecto, entre las que se destacó la intervención de la cineasta Rebeca Chávez, al subrayar la necesidad de crear un instrumento legal mucho más ajustado a las “nuevas realidades y circunstancias” que hoy caracterizan al sector, y en consonancia con las transformaciones que se promueven en la isla, lo cierto es que los resultados de la cita defraudaron las expectativas de los cineastas en cuanto al respaldo que esperaban encontrar en la más importante reunión de los artistas cubanos.

Como recordaron algunos delegados, la ley vigente sobre la producción cinematográfica fue emitida en marzo de 1959 y con ella se establecía la creación del Instituto Cubano de Arte e Industrias Cinematográficas (ICAIC), que desde entonces ha liderado la producción audiovisual en el país. Pero en opinión de muchos cineastas, tanto jóvenes como veteranos, la que otrora fue una de las instituciones culturales más importantes en Cuba, necesita cambios urgentes que le permitan adoptar esquemas de producción más dinámicos y eficientes, así como apoyar y fomentar la inclusión de formas de hacer diferentes.

Desde inicios del pasado año un grupo representativo de cineastas de varias generaciones había empezado a discutir y concertar ideas sobre la necesidad evidente de introducir cambios en las concepciones de dirección de ese organismo de indiscutible liderazgo cultural. En una entrevista concedida recientemente a la revista Progreso semanal, el reconocido director Fernando Pérez resaltaba el hecho de que durante el primer encuentro, realizado el 4 de mayo de 2013, coincidieron por primera vez en un mismo espacio cineastas de larga trayectoria de trabajo en el ICAIC y jóvenes que nunca habían tenido relaciones con la institución. Y ese hecho inédito de confrontación de ideas, de reconocimiento de inquietudes y necesidades comunes de todas esas generaciones con criterios, experiencias, y hasta concepciones estéticas diferenciadas, fue en sí mismo sumamente valioso y enriquecedor.

A lo largo de casi un año se mantuvieron las reuniones, que incluso involucraron a la dirección del Instituto de cine y a diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular. El 29 de marzo de 2014, pocos días antes del inicio del VIII Congreso de la UNEAC, los cineastas se dieron cita en el Centro Cultural Cinematográfico “Fresa y Chocolate”. Allí los miembros del llamado g-20 (integrado por representantes escogidos por sus colegas), entregaron a los convocados el documento para el “Diagnóstico y las políticas para la transformación del cine cubano y del ICAIC”, sobre el que habían trabajado en los últimos meses. Asimismo se informó que la dirección de este organismo y la del Ministerio de Cultura harían llegar este documento -“donde están reflejadas la mayoría de las aspiraciones de los cineastas”-, al Gobierno cubano, y en concreto, a la comisión encargada de implementar los Lineamientos para la política económica aprobados en el VI Congreso del Partido.

Sin embargo, para sorpresa de muchos, la propuesta de Ley no recibió el espaldarazo esperado en la cita de los artistas, por lo que todo parece indicar que la iniciativa avanzará cuesta arriba en el proceso aprobatorio que ahora queda en manos del Ministerio de Cultura, en tanto es el organismo encargado de solicitar a la Asamblea Nacional la consideración del proyecto.
Si finalmente fuera aprobado y se empezara a trabajar en una nueva legislación, sería imprescindible tomar como punto de partida la propuesta ya presentada por los cineastas, pensada y elaborada con el consenso de muchos, insistió Fernando Pérez en la citada entrevista publicada en Progreso Semanal. En opinión de quien es considerado uno de los directores más importantes del cine cubano de todos los tiempos, “esto no puede quedarse como algo provisional”, en tanto “forma parte de un horizonte mayor” que permitiría “establecer las bases del audiovisual cubano”, aunque aclaró que el sentido de esta Ley no sería “controlar”, sino “regular” el desarrollo del sector.

A pesar de los obstáculos a vencer, es importante recordar que los cineastas cubanos ya tienen alguna experiencia en este tipo de reclamos y en la mayoría de los casos han sabido llevar sus demandas a feliz término. Así lo probaron cuando en 1991 impidieron que el ICAIC se fusionara con el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), a raíz de los sucesos relacionados con la película Alicia en el pueblo de maravillas, y que concluyeron con el retorno de Alfredo Guevara a la dirección del organismo y la derogación del acuerdo del Consejo de Estado que sancionaba la desaparición del ICAIC.

En aquellos momentos de crisis interna, fue quizá la unidad que supo mantener el gremio el principal factor que los llevó a lograr su objetivo. Pero lo que muchos se preguntarán ahora es cuánto más habrá que insistir y esperar para alcanzar la meta propuesta y si, una vez aprobada la Ley, esta sabrá ajustarse a las demandas de los cineastas, o sucederá como en otros casos, en que lo alcanzado queda todavía lejos de satisfacer los intereses y expectativas puestos en ella.

La industria cinematográfica encierra en sí una dicotomía que al parecer hace mucho más difícil la toma de decisiones por parte del gobierno sobre su posible transformación. De hecho, tan importante como el aspecto ideo-estético de la obra audiovisual, es su vertiente productiva. Pero la necesidad de un cambio estructural que influya en ambos sentidos ya se ha hecho muy evidente con la eclosión de obras realizadas al margen de la industria por jóvenes creadores (y por otros que ya no son tan jóvenes), y productoras independientes, que son responsables de una buena parte de los materiales audiovisuales producidos en los últimos años, y que exhiben una calidad que incluso les ha permitido competir y ganar premios en festivales internacionales. Es evidente entonces que cuando los cineastas aspiran a la aprobación de una nueva Ley de cine, están pidiendo en realidad que se reconozca y se oficialice algo que es necesario y que de alguna forma ya ha empezado a funcionar en la práctica.

Para solo poner un ejemplo de los temas a resolver por esta posible legislación, la propuesta presentada por el g-20 se plantea la posibilidad de utilizar la plataforma de la Ley de Cooperativas no agropecuarias como sostén jurídico para las productoras que ya trabajan de forma independiente, lo que no excluye el estudio de otras formas más adecuadas al medio audiovisual.
Por todo lo antes dicho intuyo que la gran pregunta que hoy se hacen los cineastas cubanos encierra en sí una segunda incógnita: ¿Cuándo (y en que términos) llegará la Ley de cine cubano? (2014)

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