Diáspora en crisis

Migrantes cubanos.

La crisis humanitaria, diplomática y política que ha creado la presencia de cerca de 4.000 migrantes de Cuba varados en la frontera costarricense-nicaragüense en su larga marcha desde Ecuador, Venezuela y Colombia hacia los pasos fronterizos con Estados Unidos en el norte de México, el casi un millar de isleños en la frontera entre Colombia y Panamá, y las aglomeraciones de decenas de personas ante la sede diplomática de Ecuador en La Habana a raíz del anuncio de que se comenzaría a exigir visado para viajar a ese país han puesto en evidencia, otra vez, algunas cuestiones que conocemos de sobra, pero que vale la pena recordar.

Mucho se ha hablado de que el origen de un problema que ahora se ha tornado más visible y dramático radica en el hecho de que esos migrantes, por ser de nacionalidad cubana, tienen la posibilidad de atravesar las exigentes casillas migratorias estadounidenses e ingresar en el país con un estatus especial, gracias a la Ley de Ajuste Cubano que les garantiza acogida, beneficios, permiso de trabajo y un relativamente rápido disfrute de la residencia norteamericana, tan difícil (o imposible) de obtener para otros migrantes del continente latinoamericano. Ley que, recientemente, Washington anunció que mantendrá vigente.

Esta legislación, que ciertamente estimula la emigración cubana hacia Estados Unidos, ha sido una enconada manzana de discordia en las relaciones entre los dos países. Pero ocurre que en los últimos dos años, al modificarse las regulaciones migratorias internas de Cuba, la Ley de Ajuste ha adquirido un nuevo matiz, antes impensable: el de quienes van a Estados Unidos a obtener su residencia sin perder por ello el derecho de regresar libremente a Cuba antes de los dos años de su salida de la isla. De esta forma, migrantes cubanos estrictamente económicos pueden alcanzar el beneficio de residir y trabajar en Estados Unidos, alcanzando resultados económicos muy difíciles de lograr enCuba y luego vuelven de manera temporal al país de origen con medios para mejorar sus condiciones de vida e, incluso, montar con el dinero ganado en el norte un pequeño negocio familiar. Esta nueva posibilidad despolitiza considerablemente la salida de ciudadanos cubanos hacia Estados Unidos, pero a la vez la alienta, como forma de solución de problemas económicos de otra forma muy difícil de resolver.

También se ha hablado de que el intento de realizar esa aventura económica es una alternativa complicada y peligrosa, casi tanto como lo fue la de los viajes clandestinos que los cubanos han realizado por años y en diversos medios, a través del ahora muy controlado Estrecho de la Florida. El hecho de partir de un país suramericano, atravesar toda Centroamérica y luego México ha provocado diversas tragedias en las que se han visto envueltas las mafias dedicadas al tráfico humano practicado por esta ruta y al cual se han visto sumados migrantes de esta nación caribeña. Se habla de que el periplo cuesta al viajero unos 10.000 dólares y que los peligros de estafa y extorción, incluso por autoridades de esos países, puede afectar o impedir la realización del proyecto, además de poner en peligro la integridad física del migrante. No obstante, miles de cubanos prefieren correr el riesgo y lanzarse en busca de otro destino.

Mientras se siguen acumulando migrantes en la frontera tico-nica, como posible búsqueda de soluciones diplomáticas y prácticas a la crisis, el gobierno de Ecuador ha vuelto a exigir un visado a los cubanos que pretendían viajar a ese país para establecerse allí, para realizar algún negocio en poco tiempo (importación de mercancías hacia Cuba) o para hacer trampolín hacia el norte. La inmediata protesta de cientos de personas ante la sede diplomática de Quito en La Habana demostró que, a pesar de la crisis actual, otros muchos cubanos pretendían (o pretenden) emprender el periplo hacia Estados Unidos por la vía ya transitada por sus compatriotas retenidos en Centroamérica, tan accidentada y actualmente en plena crisis.

Mientras tanto, el gobierno de Ecuador anunció que el proceso de obtención de visados será expedito, casi formal, y así parece haber sido para quienes tenían ya comprados sus billetes aéreos hacia aquel país. Al mismo tiempo Costa Rica sigue recibiendo viajeros cubanos y el gobierno de Nicaragua, luego de altercados más o menos violentos ocurridos cuando explotó la crisis, mantiene su negativa a dejarlos atravesar su territorio rumbo a Guatemala o el Salvador, las siguientes escalas del viaje hacia el destino escogido. Paralelamente las condiciones de esos emigrantes ya varados en Costa Rica se hace tensa, se mantiene la difícil situación humanitaria (lo mismo ocurre en la frontera entre Panamá y Colombia) y la solución a su drama sigue sin aparecer.

Junto a todo lo anterior hay que sumar, como factor desencadenante, la voluntad de decenas de miles de personas en Cuba de procurar una solución para sus problemas vitales fuera del país de origen. Es cierto que desde el nacimiento de la nación cubana la búsqueda de una vida mejor ha movido a los isleños hacia diversos destinos, con preferencia por Estados Unidos, donde las condiciones económicas siempre han sido más favorables. Con motivaciones políticas o con esperanzas económicas (o con una mezcla de ambas) en las últimas décadas este movimiento migratorio no se ha detenido y, en determinados momentos se ha hecho crítico, como ahora mismo ocurre –otra vez por la confluencia de algunas de las razones antes apuntadas.

Solo que en la actualidad, cuando las condiciones económicas cubanas debían apuntar hacia una mejoría luego de haber atravesado la dilatada crisis comenzada con el llamado Período Especial, la opción de la migración no parece detenerse sino, por el contrario, acrecentarse. Pero ahora, para migrar como los viajeros detenidos en la frontera nicaragüense o para pretender hacerlo, como los cubanos desesperados ante la embajada de Quito en La Habana, resulta necesaria una importante inversión cuyo capital muchas veces se obtiene con el remate de todo lo que el migrante tiene para vender (casa, auto, otros bienes) o depende de la ayuda de algún familiar antes emigrado y en condiciones de financiar la travesía del que sale en busca de otra vida.

Y es que la falta de expectativas es un motor demasiado poderoso del cual se habla menos. Junto a ello, la casi imposible creación de un proyecto de futuro cuando poco se sabe del futuro ni de cuándo llegará. Y, por supuesto, el peso de la realidad de un presente en el que cada día se sufre un incremento de los costos de la vida (vean los precios que hoy alcanza la carne de cerdo, la malanga, el tomate y las cifras que adornan los productos en las tiendas recaudadoras de divisa), mientras que el salario, la piedra angular de una mejoría o cambio de condiciones de la vida cotidiana, sigue siendo insuficiente para alcanzar un bienestar satisfactorio.

La fuga de talentos de Cuba en una época fue noticia en territorios como el deportivo. La noticia, hoy en día, es que en una semana no se haya fugado otro deportista hacia destinos que no son solo Estados Unidos, aunque ese país sea la meta. El equipo cubano de beisbol es la prueba patente de esa realidad que, de momento, no parece posible detener. Lo mismo ocurre en el sector de la Salud Pública, lo cual ha provocado que el gobierno cubano, ante una situación que se torna crítica, haya decidido volver a controlar la salida al exterior de personal médico, de una forma bastante cercana a la existente antes de la reforma migratoria de 2013.

La crisis creada ahora en Centro y Suramérica tendrá alguna solución, que esperamos sea satisfactoria y rápida (aunque de momento no lo parece), para el bien de esos compatriotas. Pero esa solución será un remedio y no una cura mientras cada una de las condiciones antes anotadas siga actuando en la realidad. Y, por supuesto, el impulso mayor a la migración y la dramática y costosa pérdida de jóvenes y de talentos dependerá sobre todo de que al fin se apruebe la llamada asignatura pendiente de la sociedad cubana: su capacidad de eficiencia económica. Mientras tanto, se cerrará un salidero,  pero por otro lado explotará uno nuevo. (2015)

 

Un comentario

  1. Ismael León Almeida

    Finalmente una opinión respetable, con sentido de la historia y, sobre todo, con el más preciso sentido de la realidad de nuestro país. Internet esta llena de “cubanologos” y de solidarios amantes nuestros (de una u otra tendencia) que no tienen la menor idea de este pais. Uno llega a tener que los cinco mil que andan buscando solucion a sus problemas en los trillos centroamericanos no tenian voz. En realidad la tenian, lo que faltaba es quien la usara.

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