El libro digital cubano: una batalla contra la tradición

La falta de una infraestructura tecnológica y los prejuicios analógicos parecen ser las causas del poco desarrollo del e-book en la Isla.

La carencia de soportes tecnológicos afecta múltiples áreas en Cuba.

El periodista y narrador cubano Rafael Grillo se define como “un trabajador por cuenta propia del mundo digital”.

En 2001 fundó el proyecto literario Isliada por la razón fundamental de que “la literatura cubana estaba fuera del pastel editorial internacional que era la no difusión adecuada por las nuevas vías digitales de sus autores y sus libros”.

Para que tengas idea con un ejemplo simple, me dice, si en Cuba las editoriales producen libros casi exclusivamente para el mercado intrafronteras, solo para nuestras librerías, ¿cómo el lector universal va a poder leer directamente lo que escriben los cubanos? ¿Cómo a estas alturas puede alguien creer que hoy puede bastar la reseña o el comentario crítico o el cuentecito o poema aislado que publican nuestras revistas culturales, por demás muy buenas en papel pero bastante malas en su versión digital?

Sin embargo, según Enrique Pérez Díaz, asesor del presidente del Instituto Cubano del Libro (ICL), desde 2012 que se inició el proyecto digital en algunas de las editoriales de esa institución “ya se ha ido alcanzando una producción más estable y consolidada en sellos como Nuevo Milenio, Arte y Literatura o Gente Nueva y se ha ido estabilizando un catálogo en ese formato a partir de sus fondos editoriales tradicionales”.

Otra modalidad de comercialización, añade, aparte de la vía on-line ha sido que en las ferias internacionales se ofrecen discos recopilatorios que cuentan con selecciones de texto y tienen que ver entre sí como libros sobre deportes, cocina, policiacos, historia, fantasías infantiles o discos dedicados a determinados autores como Leonardo Padura o Daniel Chavarría.

Pero lo cierto es que se habla poco en la Isla sobre este tipo de soporte y que no es frecuente encontrar lectores de libros digitales cubanos tal vez porque, como afirma Pérez Díaz, muchos no tienen en el país acceso a adquirir PC, tablets, readers o celulares con posibilidades de cargar e-books.

Sin embargo admite que una de las razones que impide que haya más producción de libros digitales en Cuba “podría ser la falta de tradición en el trabajo con estos soportes pues a veces la tradición de lo impreso pesa demasiado sobre lo nuevo y las editoriales deben asumir esto como una producción alternativa”.

Rafael Grillo es más cáustico en sus respuestas. “Si las editoriales cubanas, expresa, le estuvieran dando a esto la importancia que requiere, si trabajaran en esa línea con ahínco y hubieran desarrollado un catálogo amplio y lo distribuyeran con acierto no me estarían invitando siempre a mí para hablar en todos lados: la televisión, la radio, los paneles, los encuentros con editores norteamericanos en la Feria, ¿no te parece?”.

Además de Isliada existe otro proyecto independiente en la oriental provincia de Santiago de Cuba, Claustrofobias. Fue fundado por el escritor y promotor cultural Yunier Riquenes.

Precisamente en la recién finalizada edición de la Feria Internacional del Libro en La Habana se anunció por parte de Claustrofobias la elaboración de una multimedia con doscientos títulos que próximamente comenzará a recorrer las escuelas del país.

También la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, posee una valiosa colección digital surgida en el año 2000 que tiene el propósito de reunir la obra escrita de autores cubanos entre los siglos XVII y XIX.

Coincido con Rafael Grillo en afirmar que no es secreto que en todo lo digital, no solo en el libro, Cuba ha llevado retraso respecto a otras partes del mundo. No todas las partes, siempre las hay peores.

Pero en cuanto al libro en sí, opina el fundador de Isliada, no solo están las dificultades económicas, la no oferta de dispositivos y softwares para los libros digitales sino que falta una alfabetización de la población en este tema que es hoy tan o más urgente y necesaria que aprender a leer, escribir y saber la historia de Cuba.

A esto se sumaría la cierta resistencia de las instituciones encargadas de promover la lectura y editar libros para aceptar la existencia (o coexistencia) con el libro digital, según Grillo totalmente absurda “porque como no me canso de decir en todas partes hoy todos los libros son digitales, porque nacen así”.

Por su parte, Enrique Pérez Díaz opina que en un país bloqueado en tantos renglones, a veces incluso hasta por la propia inercia que produce el haber asumido durante tanto tiempo la realidad de ese mismo bloqueo que hace tan costosa la producción, comercialización y visibilización del libro impreso, el desarrollo del libro digital más que alternativa puede significar una vía inmejorable de comunicar no solo contenidos literarios sino incluso educativos, académicos.

Hay mucho camino por andar todavía, concluye Pérez Díaz, pero el hecho de que, al menos, estemos al tanto de lo que nos falta puede ser un acicate para que nos tracemos metas más ambiciosas para el futuro, decididos a no volvernos atrás en este todavía largo y apasionante camino. (2017)

Un comentario

  1. Marino Feliz

    Hola:
    Me gustó mucho el enfoque de este trabajo y añoro ver más producciones digitales de libros, algo en lo que realmente no hemos quedado atrás pero existen infinitas posibilidades de ser aprovechadas. Felicidades a La Esquina… por retomar este tema.

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