El libro en Cuba

Desde el comienzo de la revolución el libro ha sido parte fundamental de la cultura de los cubanos pese a la disminución del hábito de leer de los últimos años.

Foto: Archivo IPS-Cuba

Pese a la disminución del hábito de la lectura en los últimos años, el libro ha sido y es en Cuba un objeto cultural puesto en manos de la población desde que en una alocución de los primeros años del triunfo revolucionario Fidel Castro pronunció la famosa frase: no le decimos al pueblo cree sino lee.

Esta voluntad fue llevada a vías de hecho en 1961 con la creación de la Imprenta Nacional. Al frente de ella se nombró al escritor Alejo Carpentier lo que significaba una garantía para la divulgación en Cuba de lo mejor de la literatura universal y nacional.

Tanto es así que el primer libro editado por esa institución fue el gran monumento de la literatura en español Don Quijote de la Mancha que tuvo una tirada masiva y cuyo precio era solo de cuarenta centavos, algo insólito en un mundo donde la industria editorial siempre ha sido costosa y solo asequible para los que pueden darse el lujo de comprar en una librería a veces obras que no tienen la calidad necesaria.

Clásicos de todas partes del mundo, incluidos los grandes autores norteamericanos y ejemplares de escritores cubanos que tenían que pagar las ediciones de su bolsillo antes de la creación de la Imprenta, estuvieron al alcance de un pueblo que ese mismo 1961 había realizado una gran campaña de alfabetización y se había declarado el primer territorio libre de analfabetismo en América.

Todavía circulan en manos de los libreros que realizan la gestión privada de venta de libros de uso aquellos primeros ejemplares que fueron el símbolo del gran movimiento editorial que existía en la isla antes de la llegada del período especial en la década de los noventa.

La creación a finales de los sesenta del Instituto Cubano del Libro (ICL) fue un paso importante para la publicación de libros en Cuba al crear editoriales especializadas como Arte y Literatura, para la producción universal y Letras Cubanas para la nacional.

Apareció también Gente Nueva dedicada a la literatura infantil, sello al que se le concede en Cuba una gran importancia dada su función de acercar el libro a los niños y jóvenes para desarrollar en ellos el placer y la necesidad de leer.

Fuera del ICL existen otras casas editoras como Unión, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y el Fondo Editorial Casa de las Américas perteneciente a la institución homónima y especializada en difundir la obra de los más grandes autores del continente.

Después de la crisis que sobrevino en la industria editorial cubana en los noventa, se crearon también las ediciones territoriales, de manera que cada provincia cubana cuenta con una o más editoriales dedicadas fundamentalmente a difundir el quehacer de los escritores locales pero que, con el tiempo, publican desde los cubanos consagrados residentes en la isla hasta algunos que no viven aquí pero merecen por su calidad ser conocidos en su país de origen.

Es cierto que en los últimos veinte años los libros han aumentado sus precios al tiempo de que la llegada de nuevas tecnologías ha provocado una disminución en el hábito de la lectura, especialmente entre los jóvenes, hecho que las autoridades cubanas tratan de superar acudiendo a numerosas iniciativas como las del libro digital.

No obstante, cada año, en febrero, cuando se realiza la Feria Internacional del Libro en todo el país con la presencia de numerosas editoriales de todo el mundo, las sedes de dicho evento son por momentos incapaces de contener la gran avalancha de público que asiste a ellas, lo que demuestra que no todo está perdido.

Algo similar ocurre con los tradicionales Sábado del Libro que se celebran semanalmente en el Centro Histórico de la capital y al que también acuden numerosos habaneros en busca de las novedades que allí presentan las editoriales cubanas.

En el país existen unas 330 librerías y un gran número de libreros privados que ponen en manos del consumidor libros viejos que ya no existen en las redes estatales.

La ausencia en estas últimas de libros de grandes clásicos cubanos es una de las limitaciones de la gestión editorial en el país.

Autores como Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Dulce María Loynaz y otros más recientes como Leonardo Padura y Pedro Juan Gutiérrez, aparecen solo en ocasiones especiales y es un reclamo de la población que sus libros estén siempre en las librerías cubanas.

No obstante el aumento de los precios de los últimos años, el libro sigue siendo en Cuba relativamente barato si se le compara con otros (casi todos) países del mundo.

Concursos literarios contribuyen al descubrimiento y publicación de nuevos autores aunque es todavía muy insuficiente la promoción y la aparición de reseñas críticas en los medios masivos de difusión.

Algunas editoriales se han convertido en empresas independientes lo que las obliga al autofinanciamiento y constituye un peligro para que el libro continúe siendo en Cuba más que una mercancía un objeto de conocimiento y enriquecimiento espiritual. Esperemos que haya alguna forma de evitarlo. (2017)

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