Festival de La Habana: cuarenta años defendiendo el cine latinoamericano

Uno de sus retos es intentar que las nuevas generaciones se interesen por el cine que se hace en la región.

El Festival muestra al espectador cubano y a los visitantes que se reúnen todos los diciembres en La Habana, un espectro de lo que en términos de producción está ocurriendo en muchas partes del mundo.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Con una larga historia que resume el quehacer que, desde los famosos festivales de Viña del Mar ha tenido el cine de América Latina, el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana cumplirá, en diciembre próximo, cuarenta años desafiando las nuevas tecnologías y los nuevos públicos. Esta vez, estará dedicado a la figura del director cubano Tomás Gutiérrez Alea.

Aunque, sin dudas, este evento consiguió dar relevancia a una cinematografía cuya distribución se vio y se ve entorpecida por los grandes monopolios de la industria internacional, principalmente estadounidense, no es menos cierto que una buena parte de la juventud, al menos la cubana, apenas lo conoce porque sus formas de apreciar el séptimo arte se alejan de la gran pantalla y se limitan a la información que las nuevas tecnologías les ofrecen.

Desde este punto de vista se hace necesario buscar formas más creativas para que la masiva asistencia que tradicionalmente se vio en las salas cubanas para disfrutar del cine de nuestra región, no siga decreciendo como lo ha hecho en los últimos años y conquiste a ese nuevo público de jóvenes que merece y necesita conocer una producción que debería ser tan cercana a ellos como lo fue a las generaciones precedentes.

Ha sido una justa y excelente idea dedicar esta edición a Tomás Gutiérrez Alea. La vigencia de este aguzado creador y la excelente factura de sus películas pudiera ser un punto de partida para que las nuevas generaciones se acerquen al cine latinoamericano.

La concurrencia cada día mayor de realizadores y obras que participan en el concurso por los premios Corales, revela que los jóvenes cineastas de este continente, y los más experimentados también, valoran altamente el impulso que el Festival ha dado a una cinematografía cuyos contenidos y formas de realización han variado con respecto a la de los fundadores, pero que continúa su búsqueda incesante por reflejar la realidad de una parte del mundo donde la creación no está todavía totalmente enajenada por las fórmulas al estilo hollywoodense.

Por otra parte, el Festival no solo presenta el cine de la región sino que también, cada día más, muestra al espectador cubano y a los visitantes que se reúnen todos los diciembres en La Habana, un espectro de lo que en términos de producción está ocurriendo en muchas partes del mundo, incluyendo cinematografías prácticamente desconocidas, algunas de las cuales padecen los mismos problemas que las latinoamericanas, si se trata de difusión.

El reto entonces para el Festival de La Habana es hacer que el público más joven no se conforme con recibir pasivamente lo que guardan en sus discos duros, sino que tengan la posibilidad de elegir, en un mundo donde la globalización marca pautas, muchas veces, alejadas de la calidad, en un intento por homogeneizar el gusto de los receptores.

La 40 edición del festival estará dedicada a la figura del director cubano Tomás Gutiérrez Alea.

Foto: Tomada de Radio Cadena Agramonte

Empezar porque ellos aprecien lo más cercano: el cine de la región, es una necesidad si no queremos que los jóvenes, y otros que no lo son tanto, se transformen en simples consumidores de lo que la industria del ocio les ofrece.

Este diciembre habría que encontrar soluciones para que la población cubana más joven acuda a las salas de cine donde se proyectan las películas en competencia y las muestras del cine internacional, y lo comparen con lo que están acostumbrados a ver en las pantallas de sus computadoras.

De todos modos, siempre habrá quienes asistan y participen activamente y hasta se conviertan en jurados espontáneos en esa suerte de maratón donde históricamente ha prevalecido la calidad y los contenidos cargados de valiosos significados.

El cine latinoamericano está vivo y prueba de ello son los múltiples reconocimientos que ha obtenido en festivales de todo el mundo. La Habana, sin embargo, parece que continúa siendo el mejor termómetro para directores que han manifestado que valoran a los Corales por encima de muchos otros trofeos obtenidos en Europa y hasta en los propios Estados Unidos. (2018)

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