Fijador

Coyunturas y campañas con las que se desvanece el perfume.

Archivo IPS Cuba

La ausencia de fijador se ha convertido, pues, en un mal social extendido en la vida cotidiana del país

Cuando un cubano alaba las cualidades de un determinado perfume, por lo general la primera bondad de la esencia que destaca es, por supuesto, el olor. Pero, de inmediato, suele apoyar la satisfacción olfativa que le ha provocado el perfume con una segunda valoración: si tiene o no fijador. Es decir, si permanece o si se desvanece.

El concepto de “fijador”, es decir, la capacidad de permanencia de algo, ha sufrido en la isla una resemantización muy generosa, pues se ha convertido en una condición con la cual se evalúan los más diversos hechos de la realidad social y su constancia o pérdida de ella. Lamentablemente, sobre todo cuando se trata de fenómenos que de alguna manera resultan beneficiosos para los ciudadanos, las personas siempre se preguntan si tal mejoría tendrá o no “fijador”, pues lo más común, según lo ha demostrado la experiencia, resulta que no lo tenga y su bondad se desvanezca en un tiempo más o menos breve.

La ausencia de fijador se ha convertido, pues, en un mal social extendido en la vida cotidiana del país. Cada vez que se anuncia, digamos, la apertura de un atractivo y útil servicio –gastronómico, social, de esparcimiento-, o la llegada al mercado de un determinado producto, el cubano sabe que si desea disfrutarlo debe hacerlo mientras todavía esté “caliente” . Con el enfriamiento de la normalidad las bondades de la oferta, opción o producto de desvanecen, pues le falta el necesario fijador.

No es difícil, para los que hemos vivido todos estos años en Cuba, saber que esta falta de fijador se debe casi siempre al origen del fenómeno que se analice. Por lo general, la posibilidad de acceder a esa nueva oferta, opción o producto casi siempre ha sido parte de una campaña oficial, empeñada en promover su nacimiento y maravillas. Lo más terrible es que en la gama muy amplia de los fenómenos sin fijador pueden estar desde una línea de hamburguesas o de restaurantes vegetarianos (muy pronto degradados y luego esfumados) hasta una política informativa, nacidas, unas, otras, y las del medio, al calor de una idea o de una necesidad política que, luego del entusiasmo inicial, cae en la inercia que muchas veces conduce a su deterioro o paralización.

En un tiempo en el que tantos cambios y de tan diversa índole están llegado a la sociedad y la vida cubanas, el éxito o el fracaso de los intentos de transformación del país dependerán en mucho del fijador que hayan decidido añadirle sus gestores y, sobre todo, del que le aporten día a día los responsables de su existencia.

La experiencia vivida a lo largo de la década de 1990 con políticas económicas como la de legalizar el trabajo por cuenta propia, muy pronto reveló su carácter coyuntural y su falta de fijador. De los miles de personas que en los días extremos del período especial optaron por esta modalidad laboral, muy limitada pero real, pocos pudieron sobrevivir unos pocos años después debido a que obviamente el gobierno había utilizado esa política como una vía de escape de la presión social pero que, una vez recuperada una mínima capacidad económica, se le asfixió con un proceso de restricciones capaz de llevar el trabajo por cuenta propia a una expresión mínima.

La actual reanimación de esa actividad, al parecer, esta vez viene apoyada por un fijador que busca su permanencia como una solución arraigada. Tras la apertura de nuevas actividades y el anuncio de las facilidades legales para su realización, se han dado pasos para alentarla, que van desde una revisión de los impuestos hasta toda una campaña política y de prensa destinada de desatanizar una forma de trabajo que por años cargó con la condena oficial que llegó a calificar a sus practicantes de “merolicos”, “macetas” y otros apelativos más peligrosos.

En la nueva coyuntura han sido (o deberían ser) los trabajadores por cuenta propia quienes más alto levanten las banderas del fijador. La notable afluencia de personas hacia esa opción laboral y de vida ha traído a la realidad cubana un ingrediente por muchos años olvidado en virtud de la monopólica posición del estado: me refiero a la competencia. La gran cantidad de servicios gastronómicos privados que hoy existen, por ejemplo, solo sobrevivirán con una inteligente nivelación de la calidad-precio de sus ofertas y, por supuesto, con el fijador que posea la calidad inicial conferida a sus productos y servicios, en competencia con muchos otros.

Pero sobre todo las actividades del Estado y el gobierno deben aspirar a la reanimación del fijador. No resulta consecuente que hoy se emprendan obras necesarias y costosas y poco después todo lo invertido pierda su efectividad por falta del necesario fijador para conservar los niveles de calidad alcanzados. ¿O vale la pena crear toda una nueva red de tuberías de acueductos para que al final el agua se desperdicie por falta de llaves de paso? ¿O que se realice la reparación total de una avenida y a los pocos días las tapas del alcantarillado ya se hayan caído de su sitio? ¿O que se pinte un edificio que, dos aguaceros más tarde, vuelve a un estado casi similar al que tuvo antes de la inversión de recursos y mano de obra? Resulta obvio que en los casos de los servicios privados es muy fácil encontrar la solución social para una falta de fijador –dejar de utilizarlo, siempre que se pueda. Pero en el caso de la amplísima esfera de todo aquello que administra y controla el Estado es más difícil, aunque no imposible, encontrar al responsable de una deficiente permanencia de lo que costó el esfuerzo y el dinero no solo del Estado, sino de todos los cubanos que con impuestos directos, indirectos, trabajo y recursos del país de todos (que en un sistema socialista administra el Estado), somos quienes pagamos las inversiones en acueductos, alcantarillas, pintura y salarios de los ejemplos arriba citados, como también todos pagamos los servicios médicos y de salud (muchas veces afectados también ellos por la falta de fijador… o, si no, vean hoy muchos de los policlínicos reconstruidos hace 5, 7 años cuando se pretendió descentralizar la atención médica en el país).

Quizás lo que más ha contribuido a la falta de fijador en los servicios, productos y opciones sociales y económicas ha sido su origen como campañas más o menos efectistas, generadas por el Estado y gobierno y promovidas por la prensa. Solo una conciencia de que todo en la sociedad y la economía no funciona por campañas, sino más bien por factibilidad, perseverancia y fijador, podría desterrar los entusiasmos y cultivar las permanencias. Porque únicamente si le ponemos fijador a todo lo que se haga, el país podrá disfrutar de manera real y no coyuntural de lo bueno que el país produce, crea, ofrece a sus ciudadanos.

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