¿Fútbol contra béisbol, o fútbol más béisbol?

Lo que ocurre y lo que se ve…

Archivo IPS Cuba

Si Cuba quiere seguir en la élite del béisbol, debe abrir los espacios, cambiar muchas cosas

Quien se tome un tiempo para realizar una búsqueda en internet, encontrará varias encuestas para sondear opiniones sobre popularidad y jerarquía en los deportes: cuál de ellos es el rey, o el más seguido, o el más apasionante.

Las respuestas varían de acuerdo con la procedencia del que responde, pero hay dos deportes que aventajan al resto y se disputan la supremacía, el béisbol y el fútbol. Ahora esa polémica, con otros ingredientes, llegó a los medios y a la esfera pública en Cuba donde todo es más complicado, entre otras causas, por la baja conectividad a la red que hay en la Isla. Aquí el tema está en la calle con “valores agregados”, propios del contexto.

Hace ya un buen rato que la televisión cubana le abrió un espacio al fútbol internacional en su programación deportiva; desde la década de los ochenta, hasta donde recordamos, se transmiten partidos de la Copa Mundial, pero últimamente se ha incrementado sustancialmente la cobertura. El empujón mediático ha hecho crecer exponencialmente la afición futbolística en el país y también ha levantado ronchas, comentarios diversos. ¿Por qué el fútbol de élite sí y otros deportes no?, cuestionan muchos.

Lo que hace diferente a esta polémica en la Isla es la falta de opciones del aficionado local para acceder, en su televisor, a la liga deportiva deseada. La televisora estatal decide qué juegos transmite, qué deportes beneficia y cuáles silencia.

Actualmente, el televidente (y el radioyente) cubano está actualizado sobre las principales ligas de fútbol en el mundo como también puede conocer las incidencias de los más importantes torneos de tenis, de manera que no solo Lio Messi y Cristiano Ronaldo son archiconocidos y venerados, sino igualmente Rafael Nadal y Roger Federer tienen su afición y es bueno que así sea. Pero…

Los comentarios que circulan en las calles, en las peñas de los parques y las esquinas de los barrios, señalan, con toda la fuerza de la lógica, que si el béisbol es el deporte nacional en Cuba, sus millones de aficionados en la isla debieran de tener la oportunidad de ver en sus telerreceptores, también, a los Cardenales, los Medias Rojas, los Yankees, los Angelinos, los Filis, los Marlins, los clubes de la mejor liga de béisbol del mundo.

El espeso silencio de los medios oficiales cubanos en torno a la Major League Baseball (MLB) comenzó a ceder después del primer Clásico Mundial de ese deporte, efectuado en 2006 y, en estos momentos, el discurso de los mismos no es homogéneo; mientras las publicaciones impresas siguen ignorando los eventos de la MLB, las digitales exhiben otra conducta. Lo mismo sucede en las emisoras de radio: las provinciales se muestran más abiertas al tema que las nacionales. En la referida polémica algunos han puesto el dedo en esta llaga.

La exhibición, por la televisión cubana –en tiempo real o con pocas horas de diferencia– de los últimos partidos del clásico Real Madrid-Barcelona y de los juegos de cuartos de final de la Liga de Campeones de la UEFA, a los que seguramente se sumarán los enfrentamientos de semifinales y la final, son una ganancia que agradecen los amantes del deporte.

Por esos hechos, los aficionados al fútbol están de plácemes y se ha abierto una expectativa para el resto de la afición deportiva. En este tren también puede montarse, en el futuro, digamos, el clásico de octubre de la MLB cuya temporada acaba de comenzar con señalado protagonismo para un cubano: Yoenis Céspedes.

El exitoso debut de Céspedes en los dos juegos inaugurales de la MLB en Japón lo catapultó a los titulares de la prensa deportiva en todo el mundo, salvo en su país, donde una contingencia trajo su nombre de vuelta: fue imposible soslayarlo porque él poseía el récord (compartido) de 33 jonrones para una serie nacional, ahora superado por su ex compañero en el equipo Granma, Alfredo Despaigne, nuevo rey de los cuadrangulares.

Como refieren otros periodistas, como reflejan los números, el fútbol se ha impuesto mediáticamente de manera arrasadora en todas partes. Es algo bien estudiado por los jerarcas de la mercadotecnia y del espectáculo. Los medios cubanos no han hecho más que sumarse a un fenómeno global.

Pero en el caso de Cuba el tema es más complicado. En otros ámbitos, el televidente puede elegir, por estos días, entre un partido de fútbol de la liga española, o un juego de básquet de la NBA, o un desafío de béisbol en la MLB, mientras acá, al no existir esas opciones, lo que se pone se impone (en su doble lectura).

¿Quién asegura que esa enorme cantidad de niños y jóvenes que siguen al Barcelona, o al Madrid, o al Milán, y que patean balones en sus barrios, no quisieran imitar a Albert Pujols, si pudieran ver la MLB?, ¿y acaso eso no es bueno para mantener alta la tradición de ese deporte en el país?

Porque lo cierto es que, entre las últimas generaciones de cubanos, la afición al fútbol ha ido desplazando al béisbol. Cada vez se ven menos “pitenes” en los barrios y más niños corriendo tras un balón. El resultado es un debilitamiento en la cantera de ese deporte.

Como muchos han advertido, si Cuba quiere seguir en la élite del béisbol, debe abrir los espacios, cambiar muchas cosas, no solo en las estructuras de la serie nacional. Y en cuanto de pasión se trata: si el jonrón de Tabares con las bases llenas contra Granma conmocionó a La Habana y el cuadrangular 34 de Despaigne levantó a Granma, el vuelacercas de Yoenis Céspedes en Japón (de haberse visto) debió emocionar a Cuba entera.

Está muy bien ver a Messi y a Cristiano, pero los cubanos, además, desean poder admirar a Mark Teixeira, Robinson Cano, Justin Verlander, Félix Hernández, y, por supuesto, a Yunel Escobar, Kendry Morales, Aroldis Chapman y Alexei Ramírez; como también a LeBron James, Dwyane Wade y Kobe Bryant. Bienvenida la Liga de las Estrellas, la Premier, el Calcio y la Champion, pero igualmente las otras.

Vea además:

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Un comentario

  1. Lourdes Gómez

    Michelena, cuánto tiempo! Un saludo desde Madrid, Lourdes Gómez

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