Karla Suárez: “Soy una mujer que siempre ha defendido los derechos de las mujeres”

La escritora cubana, que reside en Portugal, fue la ganadora absoluta del Premio Hispanoamericano de Cuento Julio Cortázar en su XVIII edición, de 2019.

Karla Suárez

Foto: Endrys Correa Vaillant

A Karla Suárez la conozco hace mucho. He sido su editora y también una de sus más fervientes lectoras. No me asombró que obtuviera el Premio de Cuentos Julio Cortázar. Ella acumula galardones muy codiciados: el Premio Lengua de Trapo en España por su novela Silencios en 1999, el Carbet del Caribe en ese mismo año y el Gran Premio del Libro Insular en Francia por su novela Habana año cero en 2012.

La encontré en la ceremonia de premiación del Cortázar y le pedí esta entrevista. Me la respondió vía correo electrónico desde Lisboa, ciudad en la que se siente muy a gusto y no piensa abandonar por el momento.

Sometemos entonces a los lectores este diálogo con esta mujer sencilla y complicada al mismo tiempo, viajera inveterada y amiga en la que se puede confiar.

Siendo una escritora muy bien colocada en el mercado internacional ¿qué te motivó a enviar tu cuento al Premio Cortázar?

Son varias razones. Se trata de un premio internacional, pero que se entrega en Cuba y a mí me interesa mucho ser conocida y leída en mi país. Además, los concursos siguen siendo una vía para publicar cuentos, un género que —como sabemos— no es un muy fácil de publicar. Por último y ya esto es específico de este premio, Julio Cortázar es un autor muy importante en mi vida, que contribuyó mucho a mi formación como persona y como escritora, tener un premio que lleva su nombre me hace muy feliz.

¿De qué trata el relato premiado?

El cuento se llama “Un pañuelo” y su título viene de la frase: el mundo es un pañuelo, que usamos cuando queremos expresar que el mundo a veces no es tan grande como parece. En mi historia, Mariana, una cubana que vive en Roma y ha ido a Nueva York a participar en un congreso, se monta en un taxi rumbo al aeropuerto para regresar ya a casa. Mariana tiene una serie de preocupaciones personales. Nueva York es una ciudad enorme, pero luego de un corto intercambio de palabras con el taxista, descubre que este también es cubano. El mundo es un pañuelo, se dicen ambos. Toda la historia sucede a lo largo de ese viaje hacia el aeropuerto y ahí, envueltos en una conversación que, sorpresivamente, va subiendo de tono, ambos descubren que el mundo puede ser un pañuelo o no. Es una historia tragicómica, como la vida.

¿Escribes con conciencia de género?

Escribo las historias que se me ocurren. Yo empecé a escribir de niña y cuando lo hacía, lo único que existía para mí era ese mundo de ficción que me gustaba crear. Ahora sigo de algún modo siendo así. Claro, ahora hay temas que me interesan particularmente y en determinados momentos. Pero, de manera general, escribo desde lo que soy, desde mi experiencia personal, soy mujer y soy un montón de cosas, soy cubana, soy extranjera, soy ingeniero electrónico, soy músico, soy de mediana edad, soy escritora.

A mí me interesaban ciertas temáticas generales: la familia, la emigración, el Periodo Especial y la guerra de Angola. Y estas temáticas las desarrollé en cada una de mis novelas: Silencios, La viajera, Habana año cero y El hijo del héroe.

¿Te consideras feminista?

Si fuera la jovencita que fui te hubiera respondido que sí, sin pensarlo dos veces. Pero, para ser sincera, hay muchas cosas en el feminismo de estos tiempos que yo no entiendo muy bien. Por ejemplo, no entiendo esa tendencia a ciertos cambios en el lenguaje porque me parece que más que ayudar a la igualdad, ese discurso nos desvía de los verdaderos problemas. Por eso, prefiero salirme de las clasificaciones que, además, no suelen gustarme demasiado. Soy una mujer que siempre ha defendido los derechos de las mujeres, que ha escrito sobre ello y que lo seguirá haciendo. Eso soy.

¿Cuál es entre la novela y el cuento tu género favorito?

Los dos géneros me gustan. Son distintos. Hay historias que piden un cuento y otras que, por su complejidad, necesitan ser desarrolladas en una novela. A estas alturas de mi carrera me siento cómoda en ambos géneros y sigo desarrollándolos a la par. Casi siempre ando escribiendo una novela, en cada una demoro años pero, entre medias, me nacen cuentos. Yo creo que esa es una de las características del cuento, que nacen casi solos. Al menos es algo que a mí me sucede, a veces estoy pensando en otra cosa y, de repente, me doy cuenta de que hay un cuento que está pidiendo que lo escriba. Ellos aparecen, yo noto su presencia y me tengo que sentar a escribir, suelo terminarlos de una sentada. Ya luego me toca trabajarlos, por supuesto, pero la historia nace ya casi completa. En estos tiempos, a nivel comercial, la novela tiene una cierta ventaja en relación con el cuento. Es difícil publicar libros de cuentos, pero no será eso lo que corte esta pulsación. Yo sigo con ambos. Cada historia pide su género literario.

¿Es difícil para una mujer colocar su obra en Cuba y más allá de sus fronteras?

Creo que en estos momentos, en general, es difícil colocar la obra en las editoriales. No puedo decirte que tenga que ver con ser mujer o ser cubano o ser latinoamericano o no ser joven o cualquier otra razón particular. Sinceramente yo no conozco las razones. El mercado editorial sigue siendo un gran misterio para mí y lo peor es que lo es también para muchos profesionales que conozco, editores o agentes, que llevan muchos más años que yo en este oficio. El asunto es que en estos momentos, de manera general, es complicado colocar la obra porque muchas editoriales ya no están apostando por la obra de un autor, lo hacen por los libros, cada libro es un hecho independiente.

Cuba ¿está presente en tu obra? ¿Por qué?

Sí, Cuba está presente. Yo tenía un proyecto de cuatro novelas, “mi sinfonía cubana” me gusta llamarle. Cuatro novelas en las que intenté reconstruir de algún modo parte del mundo en el que yo crecí. Y digo parte porque es imposible que una novela refleje a tantos millones de habitantes. Nosotros nos movemos en espacios pequeños, frecuentando círculos determinados y aunque muchas cosas relacionadas con las historias vividas por el país nos tocan a todos, se necesitan montones de novelas para poder reconstruir el todo. A mí me interesaban ciertas temáticas generales: la familia, la emigración, el Periodo Especial y la guerra de Angola. Y estas temáticas las desarrollé en cada una de mis novelas: Silencios, La viajera, Habana año cero y El hijo del héroe. Aunque cada novela es una historia independiente con protagonistas distintos todas tienen puntos en común. Hay personajes secundarios de unas que aparecen en otras. Hay escenas que salen en dos novelas pero vistas desde el punto de vista de los protagonistas de cada novela. Para mí es como si ese mundo existiera y yo estuviera por ahí, porque yo también aparezco de pasada (hay una muchacha de pelo rizado que estudia ingeniería y que pasa de cuando en cuando, como pasaba Hitchcock por sus películas). Y hay un objeto que se mueve de novela en novela, porque pasa de mano en mano: una mochila de la guerra de Angola. Estos cuatro libros, como decía, son mi sinfonía cubana. Yo necesitaba escribir todo eso y ya está hecho.

¿Cuáles son los nuevos proyectos literarios de Karla Suárez?

Tengo una serie de cuentos ya escritos con los que me gustaría empezar a conformar un libro. Además, ahora he empezado otra sinfonía novelística. Ando metida en una nueva novela, pero como soy medio supersticiosa con lo que escribo, no me gusta hablar mucho mientras estoy trabajando. Puedo decirte que es una historia sobre la culpa. Cómo el sentirnos culpables de algo a veces nos puede llevar a hacer cosas que luego lamentamos todavía más. Puedo decirte que no sucede en Cuba, aunque hay algún personaje cubano (el mundo es un pañuelo). Y puedo decirte que estoy desesperada por seguir trabajando para ver qué va a suceder. Yo vivo las historias mientras las escribo.

¿Qué piensas de la obra de las mujeres que escriben actualmente en Cuba?

La obra de las escritoras cubanas es muy interesante y creo que tiene el gran mérito de ser muy variada. En los años noventa ocurrió eso que ha sido estudiado casi como una explosión. A las autoras ya conocidas y a las de la generación de los ochenta se empezaron a unir otras voces jóvenes muy distintas entre sí. Y desde esos años hasta el momento no se ha detenido la producción, al contrario. Hay montones de antologías que testimonian este fenómeno (empezando por la que ya es una referencia, Estatuas de sal, hecha por ti y por Mirta Yáñez), hay publicaciones, hay premios de cuento y novelas que han recaído en mujeres (tanto en Cuba como en el extranjero). Las autoras de mi generación, aquellas que éramos jovencitas en los noventa, ya tienen una obra sólida, pero las generaciones posteriores están ahí. Justo en estos días me estoy leyendo una antología del grupo literario Ariete, son todos muy jóvenes y las autoras que están incluidas en el libro me han parecido de una mirada muy particular.

Portugal, ¿cómo te sientes en un país de diferente lengua a la tuya?

Muy bien, este es el tercer país de lengua diferente a la mía donde he vivido. Ya viví unos años en Italia y otros en Francia. Cuando llegué a Portugal estaba más acostumbrada al portugués de Brasil, que es diferente y lo entendía, el de Portugal sin embargo no, pero eso me resultaba interesante. Tenía un nuevo reto. A mí me gusta aprender. Me encanta llegar a un sitio donde tengo muy pocas referencias y empezar desde cero: aprender el idioma, hacer amigos, descubrir cosas. Descubrir un país me fascina porque en ese proceso uno va dándose cuenta de que sabía cosas pero no era consciente de saberlas y, además, va conociendo muchas cosas nuevas. Y la vida se enriquece. Siempre pienso que cuando ya tengo un buen grupo de amigos y domino más o menos el idioma y me muevo en la ciudad como si estuviera en casa, entonces estoy lista para partir. Así pues, en teoría, estoy lista para partir de Lisboa, pero no quiero hacerlo. Esta es una ciudad que me encanta. Aquí me siento bien y, por el momento, aquí está mi casa. (2019)

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