La Habana se busca a sí misma

Temas pendientes hacia el medio milenio.

Cuando le faltan cinco años para llegar a los quinientos de fundada, la ciudad de La Habana tiene una deuda histórica por dilucidar: definir con exactitud el lugar de su primer asentamiento, aunque tiene también otras tareas de urgencia, reforzadas por un importante reconocimiento.

Como es conocido, la villa desde entonces bautizada como San Cristóbal de La Habana se fundó el 16 de noviembre de 1519, cerca del sitio al que Sebastián de Ocampo llamara Puerto Carenas (la actual bahía habanera). Ese día se celebró allí la primera misa y el primer cabildo; sin embargo, cinco años antes, la ciudad tuvo un primer asentamiento, en la costa sur, hacia la desembocadura del río Mayabeque, en la actual provincia homónima.

En qué lugar preciso de la zona los conquistadores realizaron el asentamiento, no se sabe, aunque Melena del Sur es un fuerte candidato y los arqueólogos se afanan en descubrirlo. Es un enigma cuya resolución está pendiente.

Pero, ahora mismo, hay expectación en la ciudad, a propósito de algo que ha despertado júbilo y asombro: la inclusión de La Habana entre las 14 urbes que optan por titularse como una de las siete ciudades Maravillas del Mundo Moderno, el concurso de votación on line organizado por la fundación suiza New7Wonders, el cual, basado en la diversidad, enfatiza en la geografía regional y la cultura urbana.

Para llegar a la etapa conclusiva, las siete ciudades finalistas debieron atravesar varias fases desde el 2012: la de nominación (1 200 ciudades, de 220 países); de clasificación (más de 300); de preselección (de 77 se redujeron a 28 por un panel de expertos); de semifinal (quedaron 21); y la final (14), abierta para votar desde el 7 de octubre hasta el 7 de diciembre.

Como anotamos antes, desde el anuncio en septiembre, cuando la capital cubana clasificó entre las 21 semifinalistas, las reacciones locales a la noticia se han movido entre el júbilo y el asombro.

Parte del asombro –incluso entre quienes comparten el júbilo– tiene que ver con el sistema de elección que se practica, en tanto Internet es todavía una herramienta minoritaria en la isla; luego, es de esperar que la gran mayoría de las votaciones procedan de fuera del país.

Pero la mayor cuota de sorpresa –rayando en la incredulidad– está relacionada con el profundo deterioro constructivo de La Habana, una ciudad ahora sitiada por la basura que emana de la desidia y las malas costumbres; léase: incultura urbana.

Según hemos leído, New7Wonders tiene el propósito de resaltar la belleza arquitectónica y potenciar el turismo de las ciudades con mayor encanto. Nadie duda que La Habana posee esa cualidad, pero vale la pena repasar esos encantos, ese legado que no todos aprecian, valoran y respetan.

Ciertamente las fortalezas construidas a partir del siglo XVI encabezan la lista: los castillos de La Fuerza, El Morro, San Carlos de La Cabaña, Atarés, La Punta, El Príncipe; y los torreones de La Chorrera (lugar del segundo asentamiento de la ciudad), San Lázaro y Cojímar. Aunque las principales conservan vigor no todas han llegado hasta hoy con la misma fortuna.

Celebridades arquitectónicas son, igualmente, los palacios cercanos al sitio de la fundación definitiva, las iglesias, monasterios, palacetes, levantados durante los primeros siglos. Ese conjunto de edificaciones de la Habana Vieja, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1982, convive con centenares de construcciones de la época en que la ciudad comenzó a crecer hacia el oeste y, para las cuales, el paso del tiempo ha sido implacable.

Hablamos de esa expansión de la urbe que subió por las calzadas de Monte y Reina, durante el siglo XIX, creando nuevos espacios en la geografía urbana hacia El Cerro, La Víbora, el Vedado, mientras, al propio tiempo, se ramificaba por las calles de Belascoaín, Galiano, San Rafael, donde surgían otras construcciones de estilos diversos –neoclásico, art decó, neogótico, art nouveau–, conformando ese eclecticismo que Alejo Carpentier llamara “el estilo de las cosas sin estilo”.

Pero muchas de ellas ahora son un paisaje de ruinas y aparecen como postales folclóricas en las fotos de los turistas, junto a bicitaxis, autos viejos, maracas, tambores y tabacos, un todo incluido detenido en el tiempo.

Riqueza arquitectónica exhiben también los edificios del Vedado, cuando a mediados del siglo pasado esa zona desplazó hacia allí el aleph de la ciudad: el Focsa, el Habana Libre, El Riviera, el Capri, y otros, forman el plano del fondo en esa imagen tan difundida que se desplaza a lo largo del litoral. Una imagen camp, igualmente anclada medio siglo atrás.

La Habana al otro lado del túnel de la bahía es bien diversa. Entre el reparto Camilo Cienfuegos y el límite este de la provincia hay de todo en cuanto a arquitectura: desde la excelencia de los apartamentos “Pastorita”¹ hasta la grisura construida por las microbrigadas en la ciudad-dormitorio de Alamar y el proyecto turístico inconcluso de Guanabo.

Riqueza geográfica tampoco falta en La Habana, una macrociudad extendida en la pluralidad de sus poblaciones: Guanabacoa, Regla, Casablanca, Campo Florido, Cotorro, Santa María del Rosario, Santiago de las Vegas, El Rincón, Minas, Barreras, Bacuranao, Arroyo Naranjo, Managua, Guanabo, Cojímar; territorios que aportan diversidad social y ambiental, pero también deteriorados en su estructura constructiva, e igualmente detenidos en el tiempo, casi todos.

Riqueza ambiental aportan las playas, desde Bacuranao hasta Guanabo en el este, pero con diferentes calidades, en virtud de su status económico-social: Tarará, El Mégano, Santa María y Boca Ciega son entornos limpios, protegidos. Pero las aguas de Guanabo están contaminadas y su duna muy dañada, mientras que Bacuranao, en su escasa extensión, debe soportar el mayor embate popular en el verano. Su puente sobre el río es la imagen viva de la desidia constructiva pues convive una parte derribada con otra construida.

Las playas del oeste, sin la riqueza natural de las del este, con arena y sin ella, son un conjunto variopinto y complicado; entre Miramar y Jaimanitas hay varios universos y describirlos sobrepasa este comentario. Hoteles, moteles, círculos sociales y otras edificaciones integran una Habana poco conocida para quienes viven al otro lado del túnel de Línea y el puente de hierro.

La Habana no es solo una macrociudad diversa por su composición geográfica, sino que es también un constructo, una entidad cuya representación difiere para cada cual, por tanto hay muchas Habanas en el imaginario popular; allí conviven las Habanas de las diferentes épocas. Bueno, eso está bien; tal vez sea hasta maravilloso y le conceda a esta ciudad la gracia de estar en un conjunto de celebridades elegidas on line. Acaso ese capital simbólico aporte el capital financiero suficiente para que la ciudad no se siga derrumbando. (2014).

¹Edificios “Pastorita” se le llamó popularmente a estas edificaciones realizadas en la década de 1960 bajo la tutoría de Pastorita Núñez, quien dirigía la institución de la Vivienda.

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