La Joven literatura cubana: diversificación y globalización

En Cuba emerge una nueva manera de escribir que ya no tiene a la isla como el centro de sus preocupaciones.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Cada vez que he sido jurado en algunos de los muchos concursos literarios que se convocan en Cuba, me he convencido de que se está abriendo paso en el país una joven literatura cuyas excelencias formales y preocupaciones ajenas al sociologismo de los años noventa permiten apreciar una ruptura con las de las  generaciones anteriores.

Los jóvenes escritores de la isla no escapan al fenómeno de la globalización ni de la gran influencia del mundo audiovisual y es por ello que resulta frecuente, especialmente en la narrativa, un desplazamiento de los temas hacia contextos indeterminados o zonas del mundo que, en ocasiones, solo son conocidas por sus autores a través de referencias extraídas de Internet o de las series y películas de las cuales son consumidores fervorosos.

Ya en el prólogo de una antología realizada por el crítico y narrador cubano Alberto Garrandés bajo el título de La ínsula fabulante y publicada por Letras Cubanas en 2008, el investigador advertía que “la solícita indagación social presente en los noventa cedió sitio poco a poco a la imaginación re-centrada en la individualidad y propició el regreso al espacio del sujeto”.

Esa imaginación presente en la obra de autores como Jorge Enrique Lage, por solo citar un ejemplo, se mueve hacia un futurismo muchas veces cargado de ironía, donde los elementos del presente se hiperbolizan hasta el absurdo y donde es posible apreciar una fuerte carga de recursos cinematográficos que hacen del resultado literario un ejercicio de lo que podríamos llamar un “canibalismo cultural”

La interferencia entre los géneros se manifiesta en obras como las de Ahmel Echeverría que conjugan la narrativa, la poesía y el ensayo en un juego lúdico que involucra de un modo muy apremiante al lector.

También es justo señalar el gran florecimiento de la ciencia ficción muchas veces en su modalidad de ficción especulativa, lo cual significa la utilización del elemento fantástico para filosofar sobre un presente que no solo se relaciona con la realidad cubana sino con la situación internacional.

Muchas mujeres aparecen en la lista de los autores más destacados, como pueden ser Legna Rodríguez, Jamila Medina o Elaine Vilar, quienes asumen el enfoque de género no como las de los noventa, en las que era notorio una búsqueda reafirmadora, sino mediante una certeza de empoderamiento que se manifiesta en la ruptura con todo tipo de tabúes y con un absoluto dominio de la palabra, entendida como derecho y no como un reclamo.

Asombra en los jóvenes literatos cubanos la rapidez con que son capaces de adquirir un oficio y hasta un estilo y lo prolífero de su incipiente obra que en muchos casos rebasa la decena de libros aun cuando todavía no lleguen siquiera a los treinta y cinco años.

Y a pesar de la existencia de algunos detractores me parece justo destacar en esta eclosión de la joven literatura cubana el papel que ha desempeñado el Centro de Formación Onelio Jorge Cardoso, dirigido por Eduardo Heras León y en el cual se han entrenado muchos de los nombres que hoy conforman la nómina de lo mejor de la escritura de la isla en el presente milenio.

Otra de las características más notorias de esta llamada Generación 0 es su acercamiento a la ensayística, un género que en el pasado estuvo reservado a escritores mayores, quienes solo con el transcurso de los años podían disponer del arsenal de conocimientos necesarios para emprender un estudio serio de cualquier manifestación o autor al que dedicaran reflexiones atinadas.

La poesía es también un terreno en el que los jóvenes no se quedan detrás. Bastaría citar las ya consolidadas obras de Oscar Cruz, Luis Yussef o Sergio García Zamora que en su diversidad estilística y temática nos dan una dimensión de esas individualidades a las que apunta lo que se escribe hoy en Cuba.

Porque como muchos de ellos mismos han señalado, a la Generación 0 la caracteriza su falta de un sentido colectivo que los agrupe en alguna revista o algún manifiesto donde se enuncien las características comunes que no poseen y que para el investigador constituye un verdadero escollo en el momento de enunciar modos de hacer y temáticas que los identifiquen.

La apelación al mundo virtual y la irrupción de las nuevas tecnologías son también apreciables en los textos donde, como dice Garrandés “los personajes se dedican primero a la construcción de sí mismos y después, o simultáneamente, a la construcción de micromundos con cualidades osmóticas, poblados por ellos y otros como ellos”.

La cuestión de lo humano, añade con acierto, es la cuestión de la palabra y la expresión del yo.

Alienta ver en la mirada de los jóvenes la superación de rezagos de anteriores generaciones con respecto a temas como la discriminación de la mujer y el racismo.

Diversidad y globalización convergen en una literatura que todavía dará mucho que hablar. (2016)

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