La lengua española y el humor cubano

Fernando Carr: páginas de su vida.

Cubarte

Editorialmente, Carr atiende la colección del Premio Nacional de Ciencias Sociales

Entrevistado en un concurrido espacio de promoción literaria [1], el investigador y editor habanero Fernando Carr Parúas habló de los temas que han colmado su quehacer profesional: la labor editorial, la investigación sobre los usos del idioma español y, sobre todo, su relación de amistad y trabajo con José Zacarías Tallet (1893-1989), Premio Nacional de Literatura 1984, quien fuera escritor, periodista, profesor, traductor, uno de los participantes en la Protesta de los Trece, toda una leyenda de la cultura cubana, pues sus aportaciones trascienden su bibliografía, son fuentes energéticas que alimentan obras y pasiones, como las de Fernando Carr.

Cuenta Fernando que su amistad y colaboración con Tallet nacieron y crecieron apenas poco tiempo después que se iniciara en el trabajo de la edición. Aunque su formación universitaria fue en Ciencias Políticas, a él lo “mandaron” al Instituto del Libro y allí comenzó a lidiar con originales, galeras y planas, una labor que no estaba en sus planes, pero le gustó.

Por esa época, alrededor de 1969, igualmente se amistó con el profesor español Francisco Alvero Francés –autor del archieditado Diccionario Cervantes– y tanto de este como de Tallet, Carr recibió invaluables conocimientos, pero hacia ambos también irradió tributos.

La colaboración de Fernando con Tallet primero fue en forma de ayuda del joven hacia el anciano, pero poco a poco, con el paso del tiempo, fue tomando cuerpo y presencia, haciéndose más activa en la “cacería de gazapos”, donde el discípulo asimilaba con inteligencia las enseñanzas del maestro.

La cacería de gazapos (error al hablar o escribir) a través de una columna periodística, la inició Tallet en el periódico El Mundo y después la continuó en la revista Bohemia en 1968, de modo que cuando el editor comienza a frecuentar su casa ya había una buena cantidad de ellas publicadas, suficientes para gestarse un libro que los acogiera y quién mejor que Fernando para editarlo. Ese libro fue Evitemos gazapos y gazapitos (nominación de Carr), el cual, después de un largo periplo en el tiempo y muchas dificultades, vio la luz en dos tomos y una tirada de treinta mil ejemplares en 1985.

Pero Carr no solo fue el editor de ese libro, también fue autor (sin crédito) de 125 gazapos corregidos y agregados para sustituir una cantidad similar que aparecían repetidos, una labor que Tallet se negó a realizar, una prueba de fuego para Fernando, tal vez su diploma de gazapero.

En el siguiente capítulo en la historia de los gazapos, Tallet le propone a Carr su acreditación en la cacería, porque obviamente el maestro había visto su talento de cazador. Mucho había aprendido ya Fernando, no solo en el uso correcto del idioma español, sino también por la visión que aporta el oficio de editor. Por eso, al aceptar la propuesta, le dijo que la sección se podía enriquecer con cubanismos, americanismos, gazapos históricos y gazapos geográficos, asuntos que él estaba dispuesto a cubrir. Tallet estuvo de acuerdo y solicitó una página completa de la revista.

Finalmente, después que la dirección de Bohemia aceptó la proposición, Fernando Carr acompañó en los créditos de la sección al fundador de la misma, desde septiembre de 1987 hasta diciembre de 1989, mes en que dijo adiós el más original de los poetas cubanos. Desde entonces, ocupa esa trinchera, cumple con la encomienda que le dejara su maestro: “cuídeme bien a mis gazapos”.

En más de 20 años como cazador independiente, Fernando ha publicado –en Bohemia y en otros espacios periodísticos– varios miles de gazapos, los cuales ha agrupado en cuatro libros de acuerdo con los temas. En 2010 la editorial Ciencias Sociales publicó El libro primero de los gazapos y próximamente saldrá El libro segundo de los gazapos.

Pero la colaboración de Carr con Tallet abarcó un universo de trabajo que rebasa, con mucho, la cacería de gazapos y puede entreverse en otros libros que calzan la firma del segundo, o del primero, como veremos.

En 1983 salió de la imprenta Curiosidades de la historia, un libro fruto del ingenio, el humor y la erudición de Tallet, y en 2007, Cosas jocosas en poesía y prosa de la vida de José Z. Tallet. En este segundo –bajo la autoría de Carr–, dice José Z., en el capítulo XXIV titulado “Atila, su azote y su fruto”:

“En estos últimos quince años (1984) he tenido casi día a día a mi lado al mismísimo Atila, El azote de Dios, que me ha hecho trabajar más que a un pobre negro esclavo, y a mi edad; y me refiero nada más ni nada menos que a mi filial y cordial amigo Fernando Carr Parúas. Juntos hemos trabajado en varios libros: Evitemos gazapos y gazapitos, Curiosidades de la historia, además de un nuevo libro de gazapos que tenemos en preparación y una amplísima obra diccionaria: el “Diccionario léxico-biográfico Varona”, y como quiera que sea, pues este mismo de Cosas jocosas en poesía y prosa

“Esta parte del libro va a estar dedicada a incluir algunos de los poemas jocosos a que él me tiene acostumbrado, y que están relacionados con el trabajo en común de estos y a unos cuantos de labor conjunta.

“Y como el libro está lleno de locuras, aquí quería incluir un soneto loco que le dediqué a Atila, a El héroe, y que así intitulé, pues creo que es la suya una heroicidad haber logrado de mí, ya tan cansado, que me haya metido en tantos líos y bretes editoriales.

“Pero, realmente, que me alegraría saber que de algo ha servido este trabajo desplegado a mi vetusta edad, así obligado a carabina, como he estado por Carr, en continuas y repetidas visitas de trabajo, las cuales tanto siempre disfruto.

“Sin embargo, el soneto que hice en enero de 1985, a los 91 años, y que titulé, como dije, El héroe, no podrá ser incluido en el libro, pues Carr no lo quiso así. Y tuve que transarme ante este deseo suyo, pues él invocó las bases que yo senté al comenzar el libro, de incluir solo lo que yo admitiera, para atribuirse también él este derecho. Pero sí logré y muy a su pesar, que se dijera en el libro lo que aquí está dicho”.

Lo anotado por Tallet da una idea del valor que tuvo la permanente presencia de Fernando Carr en los últimos 20 años de su fecunda vida.

Si Fernando impulsó (y hasta empujó) a Tallet, este lo introdujo en su sabiduría, su filosofía, su manera de vivir, a través de la poesía y el humor. Esa huella es patente en los libros que Carr ha ido sumando en los últimos años, que además de los nombrados, son Disquisiciones sobre temas editoriales y del idioma (2004) y Diccionario de términos de escritura dudosa (La Habana, 2000, 2003, 2007, 2009 y Tegucigalpa, 2007) [en coautoría con Moralinda del Valle Fonseca].

Actualmente Fernando trabaja en varios proyectos, algunos muy avanzados. Ellos son, el “Diccionario de características de la persona cubana” y el “Diccionario de frases en la literatura cubana” (ambos en coautoría con Moralinda del Valle Fonseca); además, el “Diccionario de gentilicios cubanos”, el “Diccionario temático fraseológico cubano” y el “Diccionario de la refranística cubana”.

Editorialmente, Carr atiende la colección del Premio Nacional de Ciencias Sociales, de la cual se han publicado los volúmenes dedicados a Hortensia Pichardo, José López Sánchez y María del Carmen Barcia; y próximamente, el de Jorge Ibarra.

Fernando Carr –quien arribará en noviembre de 2012 a su séptima década de vida–, recibió, en 1997, la Distinción por la Cultura Nacional y, en 2009, el Premio Nacional de Edición.

Como muestra del talento poético-humorístico de Fernando, incluimos un fragmento del poema que él le dedicara a Tallet por sus 92 años, incluidos en Cosas jocosas…:

Dando vueltas más de un lustro

salió el libro de Gazapos.

¡Qué susto!, señor, ¡qué susto!

Y pensar que unos sopapos

muchos hubo en el ambiente.

¡Qué sapos!, señor, ¡qué sapos!

Y diz que, como serpiente,

se arrastraba su sonrisa.

¡Que miente!, señor, ¡que miente!

“Despacio que voy de prisa”,

Es, fue y será tu-mi lema.

¡Qué misa!, señor, ¡qué misa!

Y al final, a cada dilema

Lo mandamos pa´… la ducha.

¡Qué tema!, señor, ¡qué tema!

Y no lo olvides, escucha:

“No hay mal que dure cien años,

y el premio, no un milenio”.

¡Qué lucha!, señor, ¡qué lucha!

¡Qué daños, señor, ¡qué daños!

¡Qué genio, señor, ¡qué genio!

Notas

[1] Nos referimos a Páginas inéditas, espacio que conduce el periodista y crítico Fernando Rodríguez Sosa en la librería Fayad Jamís, en La Habana.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.