La Rampa: ¿muerte natural o asesinato premeditado?

Cinco cuadras donde palpitó el corazón moderno de La Habana.

Jorge Luis Baños - IPS

No solo desidia y falta de recursos han agredido el espíritu de La Rampa hasta llevarlo a su agonía actual.

Durante diez, quince años, una parte inalienable del espíritu de la época estuvo sintetizado en cinco cuadras, con sus bocacalles adyacentes, de la ciudad de La Habana. Esos años, que corrieron desde mediados de la década de 1950 hasta la agonía del decenio de 1960 fueron posiblemente los más animados, contradictorios, promotores de cambios (políticos, económicos, morales) que se vivieran en Cuba desde la independencia hasta la llegada del Período Especial. Y todo aquel sentimiento de renovación, de búsqueda de lo nuevo, de exploración de la modernidad, tuvo sus mejores y más nítidos reflejos cubanos en el tramo de calle 23, pendiente entre L y la frontera del Malecón: la emblemática Rampa habanera.

Tal fue la profundidad de la relación de este espacio urbano con la vida del país que el arquitecto italiano Paolo Gasparini definió a La Rampa no como un sitio, sino como un “estado de ánimo”, como le gusta recordar al también arquitecto Mario Coyula, estudioso de las esencias pasadas y triste presente de este emblemático paseo capitalino.

Diseñada y construida en lo fundamental entre los años finales de la década de 1940 y la mitad de los años 1960 (en el año 1966 se termina la heladería Coppelia, obra de Mario Girona), la Rampa consiguió en sus años de esplendor convertirse en el corazón palpitante de la ciudad, desplazando de ese sitio al centro anterior, esencialmente comercial y mundano, ubicado en el cruce de Galeano y Neptuno, la famosa esquina del pecado. El éxito de La Rampa, sin embargo, tuvo que ver más con su vocación social, cultural, nocturna, gracias a lo cual se fue llenando de cines, restaurantes, estudios de televisión, clubes de jazz, hoteles, galerías, centros de arte y diseño, cafeterías, cuya enumeración sería casi interminable, además de algunos edificios de apartamentos, como el Retiro Médico, y el que llegaría a ser el más emblemático espacio expositivo habanero, el modernísimo y funcional Pabellón Cuba, inaugurado en 1963 precisamente en ocasión de reunirse en La Habana el VII Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos que pretendió renovar con espíritu de vanguardia las por entonces todavía vanguardistas arquitectura y urbanismo cubanos.

Tan acogedor y propicio resultó el espacio físico de La Rampa y la utilidad pública de sus instalaciones que con notable facilidad el espíritu de la época también recaló en la avenida y sus sitios aledaños. La música cubana de aquellos años gloriosos de la década de 1950 y de principios de la siguiente, tuvo en los espacios del entorno su más notables escenarios: desde el restaurant Monsieur, animado por el imprescindible Bola de Nieve, hasta el Rincón del Filing, sobreviviente aun en los años 1980, donde recalaban César Portillo, José Antonio Méndez y otros renovadores de la canción cubana, pasando por los escenarios más sofisticados del Salón Rojo del Capri, El Parisién del Hotel Nacional y los más diversos clubes, como El Gato Tuerto y La Zorra y el Cuervo, donde bolero, jazz y filing se daban la mano y abrían el abanico de opciones. Las exposiciones de artes plásticas también tuvieron hitos en La Rampa, pues desde los mismos mosaicos empotrados en el granito de sus aceras, obras de maestros cubanos, hasta el apoteósico Salón de Mayo, forman parte de la realidad y la memoria gráfica del país. Los dos cines emblemáticos, el Radiocentro (Yara) y La Rampa, convertido en cine de ensayo, son parte de la memoria fílmica de dos generaciones de cubanos, como lo fueron las pequeñas salas teatrales de la zona. Y hasta la literatura, con obras (como Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante, vecino de La Rampa) y la presencia viva en sus inmediaciones, en sus instalaciones y a través de sus evocaciones de los escritores cubanos de aquellos años, tuvieron su espacio en esa misma Rampa donde, en la recién inaugurada Coppelia, solían reunirse los integrantes del primer Caimán Barbudo.

Sin embargo, no solo de creadores y consumidores de cultura, de eventos históricos, de edificios emblemáticos se pobló La Rampa. Su verdadero destino se lo entregó la juventud de aquellos tiempos, en buena parte proveniente de la muy cercana colina y otras facultades universitarias, pero absolutamente variopinta y ansiosa de libertades. La Rampa fue, por ello, el muestrario de las primeras melenas, las primeras minifaldas, los pantalones de tubo y de campana, las muchachas sin brasiers, los homosexuales desprejuiciados, los primeros fans de los Beatles y los Rollings, incluso de los primeros hippies tropicales, todas aquellas especies que, en una época de mayor rigidez política y supuestamente ética, resultarían fumigados con tanto esmero y encono en nombre de la homogeneidad y la prisa por el nacimiento de un hombre nuevo.

Pero tan fuerte resultó el espíritu encarnado en La Rampa que su aliento incluso sobrevivió a la época del cierre de los clubes nocturnos, a la ofensiva revolucionaria, a las cacerías de brujas de los años finales de 1960 y los años drásticos y aplanadores del decenio de 1970, pletórico de ortodoxias. Fue en época en que la Casa de la Cultura Checa se convirtió en sitio de referencia, al igual que los ciclos cinematográficos de La Rampa. Aquel empuje hasta resucitó en los años 1980, cuando el Festival de Cine se hizo carne de la avenida, con las noches interminables del Hotel Nacional, un tiempo en cual todavía era posible escuchar en el Pico Blanco a César Portillo y hasta a Elena Burke y Omara Portuondo, gastar unas horas en el Coppelia, comprar una ropa diferente en el Centro Experimental de la Moda y sostener el ejercicio tradicional de andar “Rampa arriba, Rampa abajo”, por el simple placer de caminar por el corazón moderno de una ciudad que resistía los embates de una desidia institucional que empezaba a ser alarmante. Quizás el acontecimiento capaz de marcar lo que va siendo el destino trágico de La Rampa, el fin de su esplendor y su providencial glamour cultural, fue el incendio del local del antiguo cabaret Montmartre, reconvertido en el gigantesco restaurant Moscú, convertido desde aquellos días hasta hoy en la ruina dolorosa que encarna físicamente la muestra más alarmante de lo que fue y ya no es.

Porque no solo desidia y falta de recursos han agredido el espíritu de La Rampa hasta llevarlo a su agonía actual. Quizás esos dos elementos se hayan combinado para impedir la resurrección del Montmartre/Moscú, para transformar en pústulas los balcones desconchados del Retiro Médico, para impedir la implosión del edificio Alaska sin que nada nuevo haya crecido en su territorio, para que la vida nocturna haya languidecido y se haya dolarizado (o cuquizado, si es posible llamar así al imperio del CUC)… Porque tal parece que algo mucho más macabro ha rondado sobre el destino de la calle más céntrica de La Habana para que un espacio como el de la tienda Indochina se transforme en control de pases de un ministerio, para que la Casa de la Cultura Checa devenga Centro de Prensa Internacional con escasas funciones culturales, para que las vidrieras de la antigua Ámbar Motors estén casi siempre tapiadas y definitivamente subutilizadas, para que el Centro Experimental de la Moda se convierta en nada, para que el Mandarín haya perdido su encanto y sea un restaurant de mala muerte y peor vida, para que espacios privilegiados se convierten en bancos que se oscurecen a las 3 de la tarde, mientras el Pabellón Cuba muestra unos jardines muchas veces más poblados de desperdicios urbanos que de plantas ornamentales.

Al menos para mí, habanero que paseé La Rampa en mis tiempos de estudiante pre y universitario, es evidente que no solo la economía ha influido para que los bares y cabarets del Habana Libre se hayan convertido en sitios ajenos y sin mayor encanto o para que el Coppelia no conserve nada de sus encantos sociales; para que varios de los clubes nocturnos y restaurantes de la zona hayan perdido su carácter o cerrado sus puertas mientras las amables cafeterías Wakamba y Carabalí ya no se sabe ni qué cosa son; para que, mientras se construye en otras partes de la ciudad, la esquina de 23 y O, y el costado de K entre 23 y 25 sean furnias donde se siembran plátanos y casetas rústicas… Y lo pienso así porque creo que no solo la mala economía le ha robado el espíritu de modernidad, irreverencia, búsqueda de placeres corporales y mentales, de juventud, en fin, que por décadas se deslizó por esta pendiente habanera cuyo fin u origen, es el mar.

¿Se trata de una agonía por muerte natural o parte de un plan de asesinato con premeditación y alevosía? Quizás pensar en la intencionalidad del crimen resulte algo rebuscado. Pero, con o sin intencionalidad, el resultado está siendo el mismo. La Rampa está muriendo, y no es por vejez.

18 comentarios

  1. Redento

    Estimado Padura:

    Me ha conmovido leer en La esquina de Padura “¿La Rampa: muerte natural o asesinato premeditado?”. Es algo tan lamentable el estado real que usted describe que no hay nada más que decir.

    Quiero compartir con usted una experiencia personal de cuanto quisimos hacer resurgir algo de aquella querida Rampa.

    Como funcionario de una importante empresa turística. En un momento solicité por escrito a las autoridades provinciales varios establecimientos (la mayoría de los señalados por usted y otros emblemáticos) con los detalles de que nos proponíamos para reeditar algunos y cambiar su imagen en el caso de otros. Así surgieron nuevamente El Gato Tuerto, Imágenes y La Zorra y el Cuervo.

    No fue posible reconstruir La Gruta, que sería convertido en un nuevo espacio con el nombre de Casa Blanca, con un diseño con temas fílmicos (por estar debajo del cine La Rampa) no lo logramos por no poder abrir una segunda puerta de salida que era una exigencia oficial para el permiso de su reconstrucción.

    Otro de nuestros propósitos fue diseñar las dos caras de la calle 23 desde L hasta Infanta con la obligatoriedad de respetar las normas de diseño de las fachadas y usos de quienes ocupaban los inmuebles allí radicados, buscando hacer de este importante espacio de La Habana un lugar de referencia para nuestra ciudad.

    ¿Que pasó?: factores negativos propios y ajenos nos frustraron este sueño y hoy esa parte de El Vedado muestra una decadencia lamentable.

    Nuevamente lo felicito por tan acertadas palabras de las que usted nos tiene acostumbrado en La esquina de Padura.
    Slds
    Redento Morejón Morejón

    Exdirector General de la Empresa CARISHOW

  2. Pepin

    Comentario sobre artículo de Leonardo Padura sobre la Rampa habanera.

    Muy buen comentario amigo Padura, siempre logra que lea con gusto y placer sus escritos, lo felicito.
    En los primeros años del triunfo de la Revolución trabajaba en el ICP, Instituto Cubano del Petróleo que radicaba en el Edificio Jesús Menéndez, justo entre las calles N y O, mientras leía su crónica evocaba mis años de juventud donde por razones de trabajo y actividades como Miliciano pasaba la mayor parte de mi tiempo, nunca mas hice una guardia de Milicias cuidando la puerta principal del edificio tan distraída, la acera era pequeña para el paso de tantas personas Rampa abajo y Rampa arriba, mis guardias eran como parte de un grupo no menor de tres y en la madrugada se permitía entrar a dormir unas tres horas, tiempo que muchas veces y sobre todo los fines de semana decidíamos no usar. Trabajando allí fue mi primera boda, mayo de 1962 y unos dos meses posteriores ocurrió mi primera bronca matrimonial, eran las 4.30 PM de una tarde, yo había estado la noche anterior de guardia y tenía puesto mi uniforme de Miliciano, veo bajar por la acera a un grupo grande de curiosos detrás de una hermosa joven que vestía su minifalda, una corta minifalda para tan hermosas y bien delineadas piernas, me doy cuenta que hay un fotógrafo que trata a duras penas de poner orden a los curiosos, es Genovevo, un fotorreportero que trabaja en el Estudio Fotográfico de Korda, el me ve y me llama pidiéndome apoyo y poder fotografiar a la joven para un reportaje que se publicará en Bohemia la próxima semana, le doy ayuda y vamos hasta la esquina de 23 y P donde termina el recorrido. Genovevo me presenta a la joven modelo y me explica que el artículo será con relación a la llegada de la minifalda a La Habana, regresamos los tres conversando hasta la esquina de 23 y N, ellos van para el Estudio Korda en la calle 21 frente por frente al Hotel Capri en el mismo edificio donde existe el Club Restaurante Bar Club 21. Esa noche le cuento a mi esposa lo ocurrido en la Rampa sin dar muchos detalles y que saldrá publicado en Bohemia el viernes de la próxima semana. Fin de la cita, a algunos de mis compañeros de trabajo les doy mas detalles pues me vieron cooperando en tener alejados a los admiradores de la modelo y que al terminar el recorrido pude apreciar de cerca la hermosura de aquella modelo y su estilo de caminar.
    Llega el viernes señalado y en horas de la tarde recibo una llamada telefónica de mi esposa, ella me pregunta si he visto la Bohemia, mi repuesta negativa le hace increparme en forma áspera y dura que la compre y me vea en una foto extasiado contemplándola. Preocupado bajo a la calle, compro la revista y efectivamente, está la foto y la broma de Genovevo con un pie escrito por él -Hasta los Milicianos de guardia, dejaron de ver sus objetivos para extasiarse admirando las hermosas piernas y muslos de la bella habanera. Una semana duró el disgusto.
    Hay varios lugares en la Rampa de entonces y de sus entrecalles que formaron parte destacada de lo que fue la Rampa, en la esquina de 23 y M, una Funeraria llamada Caballero, la mas aristocrática que existía en Cuba, ahora una dependencia del ICRT, la cafetería de los bajos por la calle M de Radiocentro entonces el ICRT ahora y punto de reunión de muchos artistas y curiosos, el Restaurante Polinesio que tenía entrada directa por la calle 23 en el Hotel Habana Libre y donde media Habana aprendió a comer el pollo ahumado con humo de mangle rojo, la escalera interior que existió en el cine la Rampa y que podías pasar a la Cafetería que está al fondo y con entrada principal por la calle O, merendar y regresar al cine sin pago adicional y para terminar en la calle P entre 23 e Infanta existió el Club nocturno mas oscuro de La Habana, su nombre el Escondite de Hernando, los camareros se alumbraban con unas pequeñas linternas para poder ver algo y a dos cuadras de la Rampa por la calle L, el Club La Red donde cada noche a lleno completo cantaba La Lupe y cuando se emocionaba lo mismo daba una galleta que una mordida a su guitarrista acompañante, su esposo en la vida real, que trabajo pasaba el portero entonces, Sergio Alvarez para no dejar pasar al interior a mas personas.
    Con saludos de Pepín Fernández.

  3. Orlando Manrufo

    Muy bueno este artículo que me llega doblemente por tener la misma edad del autor e identificarme totalmente con sus referncias los que nacimos en los 50, que nos leímos en una noche el diario del CHE en el 67. No teníamos nada pero éramos felices, quizás por eso, porque al nadie tener nada no hacíamos comparaciones, no había especulación como ahora y ya en la secundaria nuestras salidas de los sábados a ver un estreno en cuaquiera de los circuitos de cine y salidas dominicales donde veiamos otro estreno y despues VITA NOVA o MILAN con unos spaguetis a 1.20 una pizza a 1.20 y después tanto el sábado como el domingo COPPELIA, la cola que nunca me costó hacer, el lugar de encuentro de amigos y conocidos donde mismo estabas 2 o 3 horas en la cola o te interrumpía un devenido vestido de verde pidiendote carnet o, en el peor de los casos, te echaban a perder la noche pues no satisfecho con tu carnet de estudiante te llevaban a unas oficinas detras de coppelia en la calle 21 al lado de VITa NOVA y te tenian detenido hasta por lo menos que ellos calculaban que habias perdido el turno de la cola.

  4. argeo

    ¿Y cómo oponerse a la desidia? ¿Cómo decirle a Silvio que no siga cantando mientras la ciudad se derrumba?

  5. Juan Gabriel

    Muy buen comentario fui estudiantes universitario en esos años y es muy cierto lo planteado La Rampa era el corazon de la Habana

  6. miguel Cruz

    Estoy al nivel máximo del esperpento, cuando puedo leer noticias como esta la cual me toca muy de cerca, ya que como sabes yo fui uno de esos RAMPEROS ARRIBA_RAMPEROS ABAJO.

  7. miguel

    La tremenda Rampa de todos y también nuestra

  8. Dr. Gonzalo García

    Muy bueno el trabajo sobre La Rampa…. Nunca había visitado esta página y siendo Padura uno de nuestros imprescindibles cubanos inteligentes desearía recibirla frecuentemente pero no sé cómo darme de alta, solo sale el vínculo para dar de baja.
    Me atrevo a proponerle un trabajo, si quisiera, sobre un señor que es inspector de guagua en la parada de 23 y ave.26 en Plaza, él me impresionó mucho porque es minusválido pero se da a respetar y exige guagua por guagua a los choferes como si fuera, que para mí lo es, un hiperválido, fue para mí una experiencia maravillosa ver a ese hombre con aspecto de padecer síndrome de Down sin poder hablar por alguna razón pero haciendo con su lenguaje extra verbal lo necesario para que cada chofer parara en el debido lugar y llevara la mayor cantidad de pasajeros encargándose del cobro del pasaje de cada uno y todo. Ojalá estemos llenos de estos hiperválidos desconocidos para muchos por ser sencillos pero utilísimos, a estas personas así les deberíamos reconocer más y mejor.
    Saludos

  9. ES

    Soneto a La Rampa

    Una ciudad es marco y es sustancia
    para seres que, acaso, dinamizan,
    día a día, noche a noche, el ansia
    de sueños que, en la luz, se pulverizan.

    Basta saber del tráfico existente
    entre hombre, atmósfera y vereda,
    al percibir una ilusión que queda
    de otra que se retira displicente.

    Es eso. Pues la vida, hermano,
    requiere inspiración, y el ser humano
    suele desentenderse de utopías
    cuando, en un largo trecho, se congelan,
    se desvirtúan, cansan y cancelan,
    abastecidas de oratorias frías.

  10. Alejandro Durán

    Genial lo de la Rampa!!!!

  11. Vicky

    No tener acceso directo a Internet, me priva de la inmediatez de verte a través de tus, como siempre, “increibles” escritos. ¡Gracias a Dios!!!, lo consigo por la ventura de los buenos amigos que sí tienen acceso y me reenvían cosas tales de las que no quiero perderme. NO importa, aunque con mucho retraso, ya lo tengo ante mí y no puedo por menos que decirte ¡Bárbaro!!!!! No creo que el asesinato de La Rampa responda a un “Plan Macabro”, no es ni siquiera eso, pero lo cierto es que el resultado es el mismo. Si es “decidia” o “Qué me importa a mí”, da igual, lo lamentable es que el escenario no es el mismo que conservamos en la “memoria afectiva” de nuestros años jóvenes. Es una pena!!! Ojalá que quienes pueden ponerle remedio al “crimen nefasto”, que además, sí deben tener acceso a Internet, navenguen por tu Esquina y se den por enterados y no solo eso, sino que hagan algo para evitarlo- Quién sabe, a lo mejor en su ruta no está “NUESTRA ESQUINA” y definitivamente llegue La Rampa, en sus últimos estertortes a ser un paraje sin pena ni gloria.

    Un beso,
    Vicky

  12. Enrique

    Unos cuantos comentarios atrás, llamaron a Padura “uno de nuestros imprescindibles cubanos inteligentes”: me sumo a esta declaración, y leyendo el artículo, me pareció volver atrás en la historia, cuando íbamos Rampa arriba y Rampa abajo, y regresar de nuevo (ventajas de los 55 años)a esta Rampa difícil -o estéril- de caminar. Coincido -además- en que más que el clásico problema de la falta de recursos -medalla de oro histórica de las olimpiadas justificativas- hay trabas a niveles subjetivos…y no solo en la Rampa: hay que caminar Galiano, San Rafael, el Prado, Monte, 10 de Octubre(!!). ¿Una hipótesis? Muchos habaneros están viendo la Habana como ciudad temporal, algo momentáneo, de pasada…y los resultados no se han hecho esperar! ¿Se puede rescatar “el espíritu encarnado en La Rampa”? Creo que sí.

  13. Maria G.Alfonso Aranda

    Pues si que tiene Ud razón,Sr Padura,somos muchos los que abogamos por la revitalización de la ciudad.Este es uno de los ejemplos,pero hay muchos otros en nuestra querida y encantadora ciudad,como el Teatro Martí,el Teatro Musical de la Habana, el Ali Bar, memorable por el Benny, El Colmao de Centro Habana, la tal restauración de la Habana Vieja ha sido caprichosa y no siempre acertada. Muchas gracias,lo que no podemos es perder las esperanzas.Como decía el gran Kafka,si estamos condenados a morir,estamos condenados también a luchar hasta morir.Luchemos!

  14. Mine

    Me parece excelente el escrito sobre la RAMPA de Padura. Para todos los HABANEROS, los que hemos nacidos aquí o los que viven y son hijos adoptivos de nuestra ciudad, o los que simplemente vienen a pasear, LA RAMPA ha sido un lugar de recuerdos y de alegrías. Por favor no dejemos que no las maten, y vamos a tratar de que sus cuadras de nuevo sean lo que fueron, lugar de encuentro de amigos, citas de enamorados, lugar de esparcimientos sano y romántico, encuentro de varias generaciones de cubanos. Sus emblemáticas instalaciones rescatarlas que tengan la prestancia , limpieza y hospitalidad que tuvieron, y que nosotros simples ciudadanos podamos ir con el fruto de nuestro trabajo a disfrutarla , para que no se convierta solo en un lugar feo, sucio y triste, o como dice PADURA algunas de sus instalaciones no se sabe ni que son!!!!! Para que nuestros hijos, y nuestros nietos , y los que estén por venir puedan disfrutarla como la disfrutamos nosotros en su tiempo de esplendor. Yo me apunto en ese empeño. Una vez más, Gracias Padura Mine

  15. Jiuvel Acosta Quintana

    Hola y buenas tardes:

    Recién acabo de leer el comentario de Leonardo Padura sobre la Rampa habanera, y aunque no tuve el privilegio de haber conocido ese ambiente citadino que narró, sí, en algo, he conocido el actual, decadente y deplorable tal cual avizora el escritor, aún y cuando no tengo puntos de comparación, es este mi criterio y el de algunos amigos, lo cual, supongo, es agradable e inquieta menos. Concuerdo plenamente con él y esperemos que en breve tiempo los horizontes cambien y, con ellos, la Rampa habanera y todo el país.

    saludos

  16. René

    Esplendoroso escrito, cuanta verdad hay en él, viví la Rampa en su pleno esplendor y por fotos
    la actual, le ruego no se enfade si comparto esta
    historia tan meritoriamente bien hecha, es un
    documental manuscrito, gracias

  17. Sato

    Jorge Luis Baños, al final de tu escrito, tu mismo respondes tus preguntas…”Un plan de asesinato con premeditación y alevosía”

  18. Alberto

    Muy triste tu comentario, pero nada es ajeno y El Vedado y sobre todo la Rampa fue sitio de diversion y buena compania.
    De modernidad y desarrollo.
    Ahora es reflejo del abandono que desde hace rato tiene nuestra Habana y sus aledanos.
    Esperemos que pronto vengan tiempos mejores y no muy lejos.

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