La salvación del último bosque

Una pelea medioambiental contra los demonios.

Jorge Luis Baños - IPS

El Bosque de la Amistad de Guanabo –que demorará bastante en recuperarse de las depredaciones sufridas– está propuesto como Monumento del Patrimonio Natural

En 2009 se libró en el poblado de Guanabo una pelea contra los demonios por la defensa de un bosque, el único sobreviviente de su tipo en ese Consejo Popular del litoral norte de la provincia Ciudad de La Habana. Ésta es su historia, según el relato de sus protagonistas.

En 1972 se plantaron en el reparto Playa Hermosa, Guanabo, en la manzana comprendida entre las calles 11 y 13 y las avenidas 464 y 466, las posturas de una estructura forestal que llamaban entonces “Bosque de la Amistad”. Al acto de siembra, que devino gesto fraternal de una delegación militar vietnamita de visita en la isla, asistieron además altos oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias del gobierno cubano, los padres de Camilo Cienfuegos, héroe de la revolución que triunfara en 1959, funcionarios del estado y del gobierno, representantes de instituciones estatales y sociales y vecinos de la comunidad. En algo más de una hectárea de tierra se asentaron las simientes de lo que luego sería una tupida floresta conformada por caobas, robles, guásimas, almácigos y algarrobos, entre otras especies de plantas.

Según el historiador Gilberto Aldanás, presidente del consejo de la cultura comunitaria en la localidad, hacia 1993 él descubre la presencia del Bosque de la Amistad, se interesa por sus orígenes y hace el relato de su importancia al museo municipal porque el sitio no era muy conocido entre la población. Ciertamente no hay abundancia de viviendas en su entorno. Uno de los vecinos residentes al pie del mismo es Ulises Cruz, artista, profesor de artes plásticas y miembro del grupo Pro Naturaleza. Ambos, Cruz y Aldanás, fueron actores de relevancia en su salvación.

Ulises refiere, y muestra documentos y fotos al respecto, que si bien los años 2008 y 2009 acusaron las mayores depredaciones, el bosque venía sufriendo talas, hechos vandálicos y conductas agresivas desde un tiempo anterior. Entre 2004 y 2005 la empresa turística Islazul plantó un vivero de plantas ornamentales en el área con la consecuente tala y cercado del perímetro, cercas que posteriormente fueron corridas hacia dentro.

Actualmente ya no hay planta ornamental alguna en el lugar, sino la muestra de la mutilación. Otras depredaciones eran practicadas por personas interesadas en la venta de la madera de caobas y robles, de muy bien precio en el mercado. Igualmente lamentable era la utilización del área como zona de tolerancia en prácticas sexuales y el inconsciente vertimiento de deshechos en el territorio boscoso. Tampoco faltaban cazadores de aves que aniquilaban y espantaban especies que tradicionalmente anidaban o frecuentaban el bosque.

Sin embargo, también surgió una fuerza defensora del sitio. El propio Ulises Cruz ha estado muy activo desde 2004, aglutinando a estudiantes, artistas y ambientalistas para proteger el entorno. Limpiezas y saneamientos comenzaron a practicarse sistemáticamente al tiempo que una progresiva sensibilización hacia el bosque tomó presencia en la comunidad. Así, el afán por el conocimiento de la flora y la fauna allí presentes ocupó espacio entre los alumnos de la cercana escuela “Néstor Aranguren”.

Hacia 2005 esa fuerza comunitaria elaboró una metodología para la preservación y cuidado del bosque junto a una proposición de nombre para el mismo y la entregó al entonces director del museo municipal de Habana del Este, situado en el propio Guanabo, pero nada hizo el funcionario al respecto. Por el contrario, fue un actor negativo en los lamentables hechos ocurridos a partir de 2008.

La trama “demoníaca” que corre a partir de 2008 comprende, esencialmente, dos capítulos en los que intervienen actores muy diversos, pero básicamente hay dos fuerzas en litigio: una que quiere convertir el bosque en un espacio de lucro y otra empeñada en protegerlo, en salvarlo.

En enero de 2008 aparece en escena el protagonista principal de las huestes depredadoras, quien, con una brigada de macheteros reclutados, penetran en el bosque y comienzan a podar a troche y moche, pero la intervención de los vecinos, la delegada del Poder Popular y la presidenta del Consejo Popular, abortan la operación.

Como la depredación fue considerable, las autoridades del servicio de Guardabosques se aprestaron a localizar al responsable del vandalismo para multarlo, mas no fue posible, porque se esfumó. Más tarde se conocería que el individuo estaba apoyado por la delegación municipal de la Agricultura y por el director del museo local.

La intención de estos funcionarios era permitir que el ciudadano llevara adelante un proyecto avícola forestal en el área del bosque. En las semanas siguientes se libraría una batalla con argumentos a favor y en contra de ese proyecto. Pero los criterios –muy sólidos– a favor de la conservación del bosque se impusieron y pareciera que los demonios habían sido derrotados. Sin embargo, apenas se había cerrado un capítulo.

Un año y ocho meses más tarde el vándalo reaparece con nuevos bríos y se abre el capítulo más intenso de la batalla. Esta vez porta un documento del Registro de Tenencia de la Tierra del Ministerio de la Agricultura, en el cual consta que está inscrito como tenedor legal en dicho sitio, en carácter de usufructuario de la Unidad de Producción Agropecuaria cuyas coordenadas coinciden exactamente con toda el área (1,2 hectáreas) del Bosque de la Amistad. Y comienza a podar el bosque con otra brigada, ahora mejor organizada.

Nuevamente se da el alerta en la comunidad y se presentan los ambientalistas, la delegada de la Circunscripción, la presidenta del Consejo, avisan a Guardabosques y se suceden las escaramuzas. El guardabosque detiene las acciones depredadoras y al parecer la brigada se retira hasta que se aclare mejor el asunto, pero al poco tiempo reanudan la poda. La cosa se pone fea. Ahora el combate durará más tiempo, va a adquirir otras proporciones y habrá más actores en la trama.

Un extenso documento firmado por la doctora Julia Matilde Campos, presidenta del Consejo Popular Guanabo y por Bárbara Hurtado González, delegada de ese Consejo en la Circunscripción 136, expone minuciosamente la arbitrariedad cometida por la delegación municipal de la Agricultura al entregar en usufructo el área del bosque al amparo del Decreto 202 de 20 de agosto de 2008, “Reglamento para la Implementación de la Entrega de Tierras Ociosas en Usufructo”, en tanto resulta una violación del espíritu y la letra de esa legislación, así como de la Ley 259 de julio de 2008, la cual, en su artículo 12, “prohíbe la entrega en usufructo de las tierras que deban ser preservadas por su relación con hechos históricos o del Patrimonio Cultural”.

El área del Bosque de la Amistad para nada puede catalogarse como “tierra ociosa”, por el contrario, dado su caudal de flora y fauna es un sitio del patrimonio forestal, de valor ecológico y social, al que se agrega la riqueza histórico-cultural acumulada. Pero sucede que el entonces director del museo municipal, custodio institucional de ese patrimonio “había pactado con el diablo” al emitir una carta negando esos valores, dando luz verde a la posterior entrega del bosque al ciudadano cuyos planes de explotación productiva eran bien ambiciosos y, no es imposible, que involucraran a un reparto actoral influyente y desconocido.

Felizmente, la comunidad trabajó fuerte, ganó la batalla legal y salvó el bosque, cerrando ese capítulo de otorgamiento inadecuado, vergonzosas componendas y actitudes irresponsables. La guerra, como todas, tuvo un costo –para el bosque y para los participantes–, pero también una ganancia más allá del triunfo. Según José Ramón Martínez, ambientalista y especialista en patrimonio natural, la contienda fue un ejercicio de toma de conciencia ciudadana sobre el medio ambiente, las personas maduraron sobre su importancia; quedó la experiencia de cómo conducirse en situaciones similares y la comunidad aprendió a defender su espacio natural, su bosque.

Tanto Martínez como su compañera, la museóloga Evelyn Calderín, estuvieron todo el tiempo en la primera línea del combate, junto a Cruz, Aldanás, la doctora Campos, la delegada Bárbara, el guardabosques Ramiro Fernández, el custodio José Ángel Bárzaga y el coronel Eduardo Rivero. Ellos agradecen el apoyo que tuvieron en instituciones tales como la Asociación de Combatientes de la circunscripción 136; Servicio Forestal, Guardabosques y Patrimonio, todos del nivel provincial.

Actualmente, el Bosque de la Amistad de Guanabo –que demorará bastante en recuperarse de las depredaciones sufridas– está propuesto como Monumento del Patrimonio Natural y el museo municipal está siguiendo el proceso. De ser aceptada esta condición su conservación y protección lo alejarían definitivamente de sucesos como los narrados. Sería un antídoto radical contra los demonios de diversas especies que amenazan el medioambiente.

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